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JUEVES 29 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22835 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Fabián Medina
fabian.medina@laprensa.com.ni

NIÑO HUELE PEGA

Una noche de lluvia, con el tráfico detenido por un choque, se acercó a mi carro un niño huelepega, vociferando y fuera de sí. No tendría más de diez años, creo. Sin razón alguna empezó a darle puntapiés a mi vehículo. Desde mi asiento le reclamé con gestos de manos, pero aquél reaccionó peor aún, alzando su vaso de pega y amenazando con lanzarlo contra el vidrio delantero del carro. Me sorprendió el sentimiento de impotencia que me invadió. ¿Qué hacer? Era un niño amenazándome y yo ¡no podía hacer nada! ¿Bajarme y golpearlo? ¿Reclamarle? ¿Llamar a la Policía? Todas las alternativas me parecieron ridículas, ante aquel niño, que tendría la edad de mi hijo mayor, y que parado frente a mi vehículo no me dejaba avanzar y amenazaba con estrellar su vaso de pega, única arma, contra mi vidrio.



RESPONSABLES

En el camino, una vez logré sortear ileso esa pequeña amenaza, no pude dejar de sentirme culpable. Ese niño no habrá tenido muchas opciones en la vida. No se las dimos. Lo que sucede es que no nos percatamos de nuestra responsabilidad hasta que estos menores, ya delincuentes, aparecen amenazando, o peor aún, asaltando o asesinando. Y sólo cuando somos nosotros o alguien cercano la víctima, nos damos cuenta que estamos pagando el precio de la indolencia con que hemos visto a estos pequeños. Y en ese momento no podemos hacer nada, porque sencillamente no hicimos nada antes para evitarlo.



CLICHÉS

Y peor aún, resulta un cliché decir por ejemplo, que el dinero robado, que los sobresueldos, que los megasalarios, que las parrandas con tarjetas de crédito del Estado, bien podrían haber servido para que niños como aquél no estuviesen ahí a las diez de la noche, empapado, drogado, sintiéndose con el poder de amenazar a quien el quiera, porque su poder nace de su misma debilidad y del sentimiento de culpa que todos debemos cargar por haberlo llevado hasta allí. Pero estos son clichés que ya nadie toma en cuenta.



¿CUÁL CRISIS?

Ahora que se habla de crisis, es justo preguntarse: ¿Es conveniente una salida negociada a la crisis? Efectivamente, hay una crisis porque la Asamblea Nacional está semiparalizada, el Consejo Supremo Electoral es una caricatura y la Corte no termina de completarse. Pero yo no veo la crisis tan grande como la pintan algunos, muy a su conveniencia. Más bien creo que estamos saliendo de la crisis que devino con el pacto, y es justo, pues, que estas instituciones diseñadas a la medida de dos caudillos estén ahora contra las cuerdas. Parece un chiste, que los mismos pactistas de ayer, que destruyeron a moche y trasmoche las instituciones, hablen ahora de “preservar las instituciones”, o sea, sus criaturas.



PUNTO DE VISTA

Don Augusto Rivera, un amigo de Diriomo, me comentaba que a su criterio el pacto está hoy más vivo que nunca, porque para él, el pacto es “un ratito vos y un ratito yo”. Ya le tocó a Alemán, ahora le corresponde a Daniel Ortega, luego regresará a Alemán y así sucesivamente... Yo, al contrario, creo que el pacto se está batiendo en retirada. El ataque salió de donde menos se esperaba y ha sido tan demoledor que, uno de los compinches, rápidamente saltó a la trinchera de enfrente, y desde ahí dispara a su antiguo aliado sólo para evitar su propia muerte.  
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