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JUEVES 29 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22835 / ACTUALIZADA 02:00 am
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De caciques y caudillos

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Ernesto J. Marín

La historia que es la gran maestra universal, nos enseña en pequeños anécdotas el reflejo político y el protagonismo de sus personajes más destacados, veamos: Napoleón en una conversación con sus asistentes manifestó que la mejor forma para no solucionar un problema administrativo es con el nombramiento de una comisión explicaba que va esa comisión va a nombrar a otra y otra, hasta nunca terminar, lo mejor es adjudicarle a todos los poderes a una persona (es decir a él) para tomar la decisión adecuada. Alejandro Magno ya a los 29 años había conquistado medio mundo, en la campaña de Persia entró a una importante ciudad y al llegar a sus puertas vio un gran nudo llamado gordiano por el nombre de la región, preguntando por su significado y le explicaron que quien lo desatara conocería todos sus problemas y la conquistaría rápidamente, entonces tomó su espada y de un solo tajo lo cortó diciendo que sólo con su ejército le bastaba para solucionar cualquier problema.

Nicaragua política y militarmente está constituida por jefes y dirigentes que llamamos caciques, principalmente a los personajes tribales en la época precolombina, y caudillos una vez que alcanzamos la independencia, hay que observar que estos señores además de presidentes fueron militares y dictadores. El General Zelaya introductor del Liberalismo Europeo en Nicaragua, fue un duro militar, que se vanagloriaba de que su caballo había bebido agua en las mayorías de los parques de las capitales de Centroamérica, porque todo problema se arreglaba a bala y metralla entre los hermanos vecinos. Emiliano Chamorro, hijo bastardo de un patricio granadino fue dos veces presidente cuya especialidad fueron los golpes de estado o “lomazos” como se decía antes, fue uno de los dignatarios del vergonzoso tratado Chamorro Byran de los derechos canaleros sobre el Río San Juan. Hasta la década de los 70 y por casi medio siglo fuimos gobernados por los Somoza, que fueron caudillos militares y políticos. En los 80 llegaron al poder una pacotilla de seudo revolucionarios que se apropiaron de todos lo que no se movía en Nicaragua, es decir de las tierras o bienes inmobiliarios hasta dejarla en la más cruel desolación; continuamos con doña Violeta, la ingenuidad echa mujer, muy respetable pero también muy alcahueta con su núcleo más cercano que quedaron exhaustos y mareados al apropiarse de tanto bien público.

Por fin llega un señor que irradiaba una gran luz, sustentándose en la crítica a los gobiernos anteriores a quienes atacó despiadadamente, para resultar que también deja a este bello e irredento país en la más absoluta pobreza, alimentándose él y su grupito de las riquezas que sobrevivieron a tanto saqueo.

Un gobierno mal heredado del místico Zelaya, por cuyo instintos caníbales llegó a zamparse de un solo bocado y de una sola dentellada la economía de la nación, heredándonos deudas, prófugos, ocho bancos saqueados y la República hipotecada por generosos préstamos que jamás se pagarán. Mientras que el cacique mandador de la finca está agazapado en un poder del Estado tratando de asfixiar financieramente al Gobierno de don Enrique, a quien consideramos nuestra última tabla de salvación.

Faltarán cárceles para encerrar y castigar a tantos bandidos. ¡Amén!

El autor es diplomático.  
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