Propuestas para salir de la crisis
La crisis institucional que está perjudicando el desenvolvimiento de las actividades económicas, sociales y políticas del país, se resolvería fácilmente si todos o la mayoría de los diputados liberales cobraran conciencia de que deben actuar como representantes del pueblo y no como secuaces de un individuo que se ampara en la inmunidad para evadir la acción de la justicia. Así los diputados liberales restablecerían su dignidad, recuperarían la confianza de los ciudadanos y consolidarían la mayoría en el Plenario y la Junta Directiva de la Asamblea Nacional.
Lamentable ellos no han querido escuchar la voz de su conciencia ni atender el clamor de la sociedad, y ante esta situación algunos expertos constitucionales independientes han señalado que el camino a seguir para poner fin a la crisis sin alterar el orden constitucional, sería el de que una nueva mayoría parlamentaria se auto convocara en Plenario, reorganizara la Junta Directiva de la Asamblea Nacional y cumpliera el mandato de la Ley de Inmunidad y la orden del Tribunal de Apelaciones de crear de inmediato la comisión especial que debe dictaminar sobre la solicitud de desafuero a Arnoldo Alemán.
Como se sabe, esta sugerencia fue acogida el martes recién pasado por el secretario general del FLN, Daniel Ortega Saavedra, quien advirtió que si la Junta Directiva de la Asamblea Nacional no inicia el procedimiento de desafuero a Alemán el próximo 12 de septiembre, convocará a los diputados de otras tendencias que junto con la bancada sandinista formarían la nueva mayoría, para que se constituyan en sesión Plenaria y aprueben las medidas para resolver la crisis institucional de una vez por todas.
En realidad, esa drástica medida podría ser la solución a la crisis, siempre y cuando el Poder Ejecutivo reconociera de inmediato a la nueva Junta Directiva de la Asamblea Nacional y le entregara la asignación presupuestaria para pagar los sueldos y beneficios de los diputados y financiar los gastos operativos del Poder Legislativo. Luego, la nueva mayoría parlamentaria se podría ampliar hasta el sesenta por ciento requerido constitucionalmente para escoger a los cinco magistrados que hacen falta en la Corte Suprema de Justicia, que en todo caso tendría que resolver cualquier recurso que interpusieran los arnoldistas defenestrados.
Sin embargo, hay quienes dicen que el Plenario de la Asamblea Nacional no puede pasar por encima de la Junta Directiva, acerca de lo cual supuestamente hay jurisprudencia porque la Corte Suprema de Justicia anuló en 1995 decisiones adoptadas por el Plenario sobre puntos que la Directiva había resuelto no someter a discusión. Y señalan que en vez de correr el riesgo de lesionar la institucionalidad es mejor esperar a enero próximo (para el que sólo faltan 4 meses), y que Alemán termine su período en la presidencia de la Asamblea Nacional y salga “suavemente” del escenario nacional
No obstante, quienes auspician la salida de la crisis mediante la auto convocatoria del Plenario, alegan que aquella sentencia de la Corte se refería a algo radicalmente distinto, y que además, el artículo 2 de la Constitución es absolutamente claro al establecer que “El poder político lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, libre, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas pueda arrogarse esa representación”; y a quienes elige el pueblo es a los diputados, que se constituyen en Plenario de la Asamblea Nacional, no a un organismo de carácter meramente administrativo y subordinado al plenario, como es la Junta Directiva.
Por otra parte, otras personas involucradas en el asunto temen que la salida de la auto convocatoria de la nueva mayoría parlamentaria pondría al Gobierno y a la Asamblea Nacional en manos del sandinismo, y que la medicina podría resultar peor que la enfermedad.
En realidad, es comprensible el temor a una alianza con el FSLN que pactó con Arnoldo Alemán precisamente para darle a éste la impunidad y el poder en que ahora está atrincherado. Pero la verdad es que la intransigencia de la mayoría de los diputados liberales no ha dejado alternativa, los votos del FSLN son una realidad ineludible y es un imperativo nacional resolver la crisis institucional lo más pronto que sea posible. 
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