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JUEVES 29 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22835 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Batalla cotidiana

Annabelle Sánchez
promocion@pddh.org

Es la que libran todos nuestros conciudadanos al combatir el ruido y el humo que provocan los autobuses que circulan por nuestras ciudades. Hace poco, hablando con un amigo y compañero de trabajo, comentábamos la difícil situación que enfrentan nuestras familias cuando, ya sea por la mañana o por la noche, pasan los autobuses haciendo uso de la bocina o pito para indicar su paso o solicitar un espacio… No hay quién pueda permanecer sereno con semejante ruido: molesta al enfermo, al anciano, al bebé que intenta dormir, a cualquier persona que intenta descansar o incluso simplemente conversar. No es posible evitar dar un salto cuando pasan los buses, a una velocidad insólita dentro de la ciudad, y haciendo alarde de sus bocinas. Y no son simples bocinas de sonidos producidas por vibración de láminas metálicas, me refiero a bocinas que funcionan con presión de aire que multiplica el ruido.

Lo mismo podemos decir del envenenado humo que emana de los tubos de escape de nuestros medios ordinarios de transporte. Entonces, además de querer exigir una tarifa más elevada por los ¿servicios? que prestan… enferman a nuestra sociedad al tener que inhalar semejante compuesto químico.

Animamos a nuestras autoridades —MTI, ALMA— que reflexionen sobre estos aspectos y coordinen también con Minsa, pues el comportamiento de nuestros conductores mezclado con el mal estado de sus buses ocasiona enfermedades de todo tipo: auditivas, cardíacas, olfativas, nerviosas, pulmonares… ¡Muchas gracias!  
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