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MIéRCOLES 28 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22834 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Total apoyo estadounidense

La visita a Nicaragua del subsecretario de Estado norteamericano para asuntos interamericanos, Otto Reich, despertó diversas expectativas entre la ciudadanía y los observadores políticos nicaragüenses. Hubo quienes creyeron que vendría en un helicóptero tipo “Rambo” para llevarse consigo a algunos de los corruptos más connotados del país. Otros creyeron que vendría con una gran bolsa de dinero para el Gobierno. Todavía otros pensaron que sería una visita de rutina sin pena ni gloria. Lo cierto es que como el más alto oficial del departamento de Estado para América Latina que es, Reich no podía, ni debía de venir en ninguno de esos planes. Sí vino, sin embargo, con un mensaje muy claro de apoyo del presidente George W. Bush al presidente Enrique Bolaños y a su gobierno.

“Traigo —dijo— todo el respaldo del presidente Bush, quien está totalmente comprometido con el apoyo a su Administración; respaldamos su lucha contra la corrupción, y haremos todo lo que nos permita la ley para cooperar con su tarea”. Y agregó: “Vemos la corrupción como el primer obstáculo al desarrollo económico, porque no sólo le roba al pueblo el dinero del pueblo, sino que roba la confianza en sus instituciones; le quita la oportunidad de que otros vengan a invertir en sus países, no sólo en Nicaragua, [sino] en cualquier país en donde exista ese flagelo.”

Como puede apreciarse, el mensaje del diplomático estadounidense no deja ninguna duda en cuanto al grado de apoyo que los Estados Unidos están dispuestos a brindarle a Nicaragua para librarse del flagelo de la corrupción en el Estado. Sólo así puede interpretarse la frase en la que señala que el presidente Bush está “totalmente comprometido con el apoyo” al gobierno de Bolaños. Esa frase debería disipar los temores de algunos funcionarios nicaragüense que en privado han manifestado temor de que Estados Unidos pueda dejar “colgado de la brocha” al presidente Bolaños, en una especie de reedición del fiasco de “Bahía de Cochinos”, cuando la Administración Kennedy en 1961 entusiasmó a un grupo de patriotas cubanos para que liberaran a su país del comunismo y a última hora les retiró el apoyo que necesitaban para poder triunfar. Pero tampoco debe interpretarse esa frase como que Estados Unidos es el que tiene la responsabilidad de resolver los problemas en Nicaragua, sean estos relacionados con la corrupción o con la economía. Al final de cuentas es a nosotros los nicaragüenses a quienes nos compete resolverlos.

Para todos debe estar claro, no obstante, que un componente importante de la política exterior estadounidense actual es ayudar a los países amigos a que se liberen de quienes abusan de los cargos públicos para los cuales fueron electos y que terminaron utilizándolo para robarse el dinero de los contribuyentes y de los cooperantes internacionales. Y hay que tener claro, además, que no lo hacen con un sentido moralista, sino eminentemente práctico. “Vemos la corrupción como el primer obstáculo al desarrollo económico...” dijo Reich. No está de más agregar que esa apreciación no es exclusiva de los Estados Unidos, sino que es compartida por todos los países que utilizan recursos aportados por sus ciudadanos en forma de impuestos para ayudar a países como el nuestro.

Reich está consciente de que ellos tienen la responsabilidad ante sus ciudadanos de cuidar que esos recursos no terminen en la bolsa de funcionarios corruptos, y no sólo porque es algo incorrecto desde un punto de vista ético, sino porque los pueblos que sistemáticamente son saqueados por gobernantes deshonestos, se convierten en fuente de emigración hacia Estados Unidos.

Pero, lo más importante desde el punto de vista de países como el nuestro, es que la corrupción —como bien señalara el diplomático estadounidense— nos quita la oportunidad de que los inversionistas vengan a invertir, negándose así la oportunidad de crear empleos.

Es por eso que la lucha contra la corrupción en Nicaragua no puede fracasar. Eso equivaldría a condenar al país al colapso económico institucional y moral. Es confortable saber que los países amigos de Nicaragua están conscientes de eso. Y en cuanto más rápido se resuelva el problema más rápidamente el país se enrumbará hacia el despegue económico, generando empleo interno y evitando la emigración hacia otros países.  
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