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Reportaje Especial

Arnoldo Alemán
Jaque al Rey
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Fabián Medina
fabian.medina@laprensa.com.ni

Los mariachis cantaron una y otra vez, hasta el cansancio “...no tengo trono ni reina, ni nadie que me comprenda, pero sigo sieeeendo el rey...”, mientras Arnoldo Alemán y sus amigos celebraban con whiskey la primera victoria después de entregar la banda presidencial a su correligionario y antiguo vice, Enrique Bolaños. Ese día, Alemán lograba elegirse presidente de la Asamblea Nacional, desoyendo los consejos de quienes le pedían dejara gobernar en paz al nuevo presidente. La victoria fue efímera. Al poco tiempo, Bolaños comenzó a detonar una serie de escándalos de corrupción que han puesto a varios de sus ex funcionarios en la cárcel, a otros los han obligado a huir, y el mismo Alemán apenas ha evitado hasta ahora sentarse en el banquillo de los acusados gracias a la inmunidad que lo protege como diputado. El rey está en jaque. Éste es un acercamiento a la personalidad de un hombre que durante cinco años gobernó Nicaragua, su partido y negocios como una sola cosa.

EN EL CORAZÓN DE LA hacienda Santa Isabel se levanta una vieja casa de tablones pintados con cal. Deshabitada. Adentro se acomodan varios artilugios inventados a principios del siglo pasado para el despulpado del café. Los hay en desuso, como piezas de museo, y los hay en uso para descascarar las cerezas que cada temporada llegan todavía a esas máquinas que terminaron ocupando todo el espacio disponible de la vieja casona.



La ventana del cuarto que ocupó el patrón da a los patios de secado, donde trabajadores con rastrillos de madera voltean una y otra vez los granos desnudos de café para que el sol los seque. Desde esa ventana, don Agustín Alemán Casco vigilaba con ojo severo la vida de la pequeña hacienda Santa Isabel, la primera que los Alemán establecieron en El Crucero.

Agustín Alemán Casco es el mayor de los nueve hijos de Carlos Alemán, “Tata” Carlos, un granadino descalzo que llegó a buscar suerte en El Crucero allá por el año 1882. Finalmente se estableció en la finca de unos señores de apellido Morales.

Nieto de don Agustín Alemán es Arnoldo Alemán Lacayo, uno de los hombres más polémicos de la Nicaragua actual. Y, se cree, el hombre más rico del país.

El patrimonio de los Alemán tuvo un crecimiento inaudito desde que don Agustín Alemán Casco comprara la finca Santa Isabel, hace casi 100 años.

En enero de 2000, el entonces presidente de Nicaragua, doctor Arnoldo Alemán Lacayo, declaró ante la Contraloría General de la República poseer tres haciendas (Santa Isabel, El Chile y La García), nueve vehículos, dos beneficios de café húmedo y uno seco, cuatro casas para sus hijos, una isla en el Gran Lago, casas de verano en la Laguna de Apoyo y San Juan del Sur; cuatro cuentas de ahorro en bancos nacionales, acciones por 225 mil córdobas (20 mi dólares en ese momento) AJANSA y dos apartamentos en el condado de Dade, Miami, entre otros bienes.

Muchas de esas propiedades fueron, según la declaración de probidad, regalos de amigos y parientes. Así, la isla, un carro Mercedes-Benz 1997, dos camionetas Suburban y un microbús Chevy fueron donados a su persona, consta en la declaración.

Sin embargo, luego se sabría que el doctor Alemán no reportó todos sus bienes y que ninguna de las declaraciones de probidad conocidas extraoficialmente terminan de despejar el gran enigma nacional: ¿Cuánto posee Alemán?

A LAS SEIS Y MEDIA DE la mañana de un miércoles, la carretera que va a El Chile está desolada. Ni un solo vehículo encontramos en los más de siete kilómetros que separan la hacienda de la vía principal, en El Crucero.

La hacienda El Chile es la residencia permanente de Arnoldo Alemán y su familia, y su entrada se localiza a unos doscientos metros de la rústica y semiabandonada Santa Isabel. El ralo tráfico de la carretera asfaltada, estrecha pero nueva, no es consecuencia de la temprana hora ni una casualidad.

En junio de 2002 el Ministerio de Transporte realizó un estudio que llamó “Conteo especial vehicular clasificado, intersección Empalme Los Chocoyos-Hacienda El Chile”. Durante tres días seguidos, inspectores de Transporte contaron uno por uno los vehículos para determinar el uso de los 18 kilómetros de esa carretera que costó al Estado 43 millones de córdobas (poco más de 300 mil dólares) y que, se presume, fue construida exclusivamente para unir las tres fincas que el doctor Alemán tiene en El Crucero.

Según ese estudio, un promedio de 21 vehículos circulan diariamente, lo que la convierte en la carretera asfaltada de menor uso en el país. No sólo eso. Casi todos los vehículos contados en esos tres días pertenecían a la familia Alemán o estaban relacionados a ella, según lo declarara el ministro de Transporte, Pedro Solórzano.

“Si en vez de gastarse 43 millones de córdobas en una carretera que sólo beneficia al ex Presidente se hubieran hecho otros usos, habríamos solucionado el problema de casi 430 kilómetros de caminos”, reclama el ministro Solórzano.

Un solitario policía, al menos visible, custodia desde una caseta la entrada a la hacienda, cuyos límites los establece un cerco de ramas rústicas pintadas de colores alegres.

La casa hacienda es nueva, construida conforme el tradicional estilo de las casa-haciendas en Nicaragua: cuatro corredores y techo elevado. Antes de llegar a los corredores están corrales, pilas, la casa de la servidumbre y el despacho donde se refugia el doctor Alemán cuando decide trabajar en casa.

En el corredor, y a pesar de ser menos de las siete de la mañana, Arnoldo Alemán conversa en unas mecedoras con el diputado liberal René Herrera, Eliseo Núñez (hijo), y otro señor que no logro reconocer.

Alemán aceptó entrevistarse conmigo ese miércoles con la condición de que nada de esta entrevista fuese publicado antes del 11 de julio, el día de la Convención del Partido Liberal Constitucionalista (PLC) que él lidera.

Sucede que desde marzo, Alemán decidió abruptamente no dar más declaraciones, luego de un encontronazo con periodistas durante una conferencia de prensa. Ese fue el último de varios rifirrafes. Es que si con alguien Alemán ha tenido una relación accidentada es con los periodistas.

El voto de silencio sorprendió a Nicaragua, que siempre ha tenido a Alemán por un hombre verborreico, dado a hablar ante cualquiera, de cualquier cosa, en cualquier lugar.

El friíto de El Crucero contrasta brutalmente con el bochorno de la vecina Managua. Gente va y gente viene en El Chile. Policías, guardaespaldas de guayabera y radio portátil en la mano, peones, choferes y servidumbre. ¿Siempre hay tanta gente? Andrea Fernanda, la linda bebé hija de Alemán, se moviliza seguida de niñera y enfermera. Pintura nueva en todas las paredes.

A mi llegada al corredor, el ex Presidente despide a sus acompañantes con un “Va pues, muchachos, así quedamos...” y sólo permanece sentado René Herrera, uno de sus más cercanos correligionarios, y a través de quien gestioné la entrevista.

Sobre una mesita, un papel pegajoso trata infructuosamente de controlar las moscas que revolotean, multiplicadas posiblemente por la entrada del invierno y por la cercanía de un corral, donde una decena de vacas muge lastimeramente, mientras los peones terminan la faena de ordeño.

ARNOLDO ALEMÁN ES UN HOMBRE rotundamente gordo, sobrepasa fácilmente las 300 libras. Pelo negro, corto y ensortijado, ojos pequeños e incisivos. Subraya las palabras con golpeteo de manos, ya sea sobre los brazos de la silla o sobre la mesa que tiene enfrente.

Dicharachero y procaz, a veces sus comentarios rayan en el insulto, cosa que no pocas veces lo ha llevado a enfrentarse con los periodistas. “¿Cuál es el problema? No ando ni con tu hermana, ni con tu esposa”, le respondió al periodista de LA PRENSA, Gustavo Ortega, cuando éste le pidió una explicación sobre la presencia de la entonces funcionaria pública y novia de Alemán, María Fernanda Flores, en una reunión del Grupo Consultivo en Estocolmo, Suecia, en mayo del 99.

Una necrosis en la cabeza del fémur, poliomielitis dicen algunos, lo hace renquear de la pierna izquierda desde niño.

“Arnoldito siempre fue muy vivo y explotó ese problema de la poliomielitis. Su madre lo consentía mucho. Él se dio cuenta de que tenía una ventaja con eso y lo explotó. Eso no le impedía nada, él jugaba béisbol, fútbol... Siempre fue deportista, dicharachero”, relata Jaime Morales Carazo, posiblemente una de las personas que más lo conoce.

Jaime Morales Carazo es amigo de los Alemán desde siempre. Cuenta que su padre fue protector político del padre de Alemán, don Arnoldo Alemán Sandoval. Morales Carazo fue el primer jefe de Arnoldo Alemán Lacayo, “Arnoldito” como todavía le llama, el que le regaló el primer traje de trabajo y su primer reloj de oro. También fue el padrino de bodas en su primer matrimonio.

“Era un muchacho muy inteligente, muy agradable, muy vivo. Lúcido, captaba rápidamente. Totalmente desordenado. Toda su vida. Algo que lo caracteriza es el desorden. Derrochador. Generoso. Espléndido. En esa época se ganaba la simpatía de la gente fácilmente”.

Amigos y adversarios reconocen en Arnoldo Alemán un hombre inteligente.

El diputado liberal René Herrera, que se declaró “fiel a Arnoldo Alemán”, dice que lo conoció en 1993 cuando fue invitado como orador a un foro político donde participaban todos los líderes liberales de Nicaragua.

“Arnoldo me pareció alguien que dominaba esta manera de hacer política nicaragüense. Me resultaba con la viveza del nica, con la gracia de un político que sabe lo que quiere y adónde va. Resaltaba la presencia de él”.

En la Universidad de León, donde estudió Derecho, Alemán era un “cartonero”, como se les llama a los estudiantes que reciben diplomas cada año por sus buenas notas. “Yo fui el mejor alumno en la Facultad de Derecho. Y como se decía en esos años ‘cartonero’. Siempre tuve el primer lugar”, dice orgulloso Alemán.

El doctor Carlos Tünnermann, en ese entonces Rector de la Universidad de León, lo recuerda como un buen estudiante, mas no “como un estudiante brillante”.

“Era buen estudiante porque tenía buena memoria y recitaba de memoria los códigos, pero no era un alumno brillante. No recuerdo haberle dado nunca la Medalla de Oro que se le entregaba a los mejores estudiantes. Cartonero sí. Lo que pasa es que se entregaban diplomas a los tres mejores estudiantes de cada año, y a los que siempre aparecían entre esos tres se les llamaba ‘cartoneros’”
.
Arnoldo Alemán, efectivamente, hace gala de una memoria portentosa. Con facilidad recuerda fechas, vecinos, nombres, lugares y sucesos de épocas en las que incluso ni había nacido.

Jaime Morales reconoce también la memoria como uno de los principales atributos de Alemán, y cree que la heredó de su padre, a quien de niño oía recitar extensos y complejos poemas en la solariega finca de El Crucero.



Del niño al adolescente y de éste al adulto y al político, Jaime Morales Carazo percibió transformaciones drásticas en la personalidad de Alemán. Quedaba el desorden y la memoria; se fue la humildad y se desarrolló la codicia.

“Se lo dije una vez: perdió la humildad. Una de las características que tenía era la humildad y la alegría. Se dejó dominar por la ira. Antes era bravo, pero era llamarada de petate. Sus reacciones de ira últimas son las mismas que vi en el rostro del último Somoza: de aquel poder que no puede ser tocado ni contradicho. Y después, una codicia sin límites. Una geofagia impresionante”.

Famosas fueron las giras presidenciales. Alemán se hizo acompañar siempre de una multitud de familiares y amigos en los viajes oficiales al exterior, los cuales a menudo terminaban en francachelas, donde abundaba el derroche y la visita a lugares exóticos del mundo.

Durante los cinco años de su mandato Arnoldo Alemán gastó 1.8 millones de dólares en dos tarjetas de crédito American Express, pagadas por el Banco Central con fondos de la Presidencia. El registro de gastos de esas dos tarjetas indica que él y sus comitivas visitaron 40 países del mundo en todos los continentes. Así, por ejemplo, se gastaron con esas tarjetas 2,540 dólares en el Cabaret Lido de París la noche del 16 de marzo de 2000. Diez días más tarde Alemán regresó al Lido y se gastó otros 7,418 dólares. Las mismas tarjetas siguen marcando un exótico itinerario: 22,530 dólares en alfombras egipcias, 37,627 en artesanías de la India, 16 mil en artesanías tailandesas...

“Él llevaba una vida como de gitano. Estilo peripatético, rodeado siempre... Siempre mantiene ese estilo”, dibuja Morales Carazo, quien muchas veces lo acompañó a esos periplos, y quien justifica los grandes gastos porque eran comitivas grandes. “Salían cuatro de Nicaragua y en el camino se iban juntando más. Yo miraba comprar cosas personales, pero suponía que lo hacía con su dinero”, explica.

Morales Carazo atribuye ese “estilo gitano” a la propia personalidad de Alemán: necesita estar rodeado y en movimiento.

“Él no es de reflexión, concentración. En el gobierno nunca lo vi sentarse a pensar, actúa bajo impulsos. Eléctrico. No hay una idea que preceda a la acción, piensa después de lo que hace. Muchas veces le da resultado, pero después va pagando consecuencias por no tener estrategias”.



Dice que Alemán es un hombre tenso que toma muchas pastillas. El azúcar, la presión alta, y la gordura le hacen utilizar un equipo para respirar al momento de dormir. Es un hombre hiperactivo. Tiene que estar en movimiento. Esa hiperactividad, dice Morales Carazo, es una excusa para no trabajar. “Nunca redactó una cosa. ¡Nunca! El chagüite se vuelve repetitivo, y es un chagüite rupestre, de lo más recóndito del campo. El grito, el gesto, la palabra, no lo que decís, a nadie le importa. Él llega a desarrollar eso y cree que es una gran técnica”.

Ríe Morales Carazo. El “ex padrino” prefiere llamarse de unos días acá. La amistad con Arnoldo Alemán está rota.

DEL CORREDOR HEMOS pasado al comedor donde terminan de servir un desayuno de leche agria, frito y gallo pinto. Mesa sencilla de madera, sillas para doce personas, un timbre en la cabecera, donde se sienta Alemán. Meseros silenciosos y uniformados sirven la comida.

El desayuno no interrumpe la entrevista. A mí me resulta incómodo, pero Alemán, hombre acostumbrado a trabajar en esas condiciones, resuelve su comida con prontitud y no deja de hablar, mientras nos alienta a probar la leche agria, producida en su finca.

—¿Cuáles diría que son sus pecados?

—Muchos. Si el ser humano es...

Si alguna vez he encontrado un entrevistado escurridizo ése es Arnoldo Alemán. Contesta lo que quiere, y trata en todo momento de imponer el ritmo de la entrevista. Hay que hacerle preguntas específicas para evitar que se vaya por la retórica y el chagüite, según su propia conveniencia.

—¿Cuál es su principal defecto?

—Ser demasiado amigo de mis amigos. Es mi mayor defecto. Ese es. Y el otro mayor es ser espontáneo, y en esta vida hay que ser hipócrita. Hay que ser mentiroso, hay que tener dualidad, tener doble moral, aparentar ser una cosa y ser otra. Y no ser espontáneo, sincero y franco.

En la opinión pública, sin embargo, los pecados que se le achacan son otros. El robo o la codicia en primer lugar, la gula, las mujeres y el alcohol, en el plano más personal. También se dice que golpea a su mujer. Él los bota uno a uno, a veces con ironía para que se entienda lo contrario a lo que literalmente dicen sus palabras.

Sobre el alcohol dice no ser hipócrita en esa materia y toma cuando quiere, con sus amigos, y cuando se siente en ambiente. “Nunca llegué después de las siete de la mañana a trabajar”, alega en su defensa. “Tenele cuidado a aquél que no toma, siempre está tratando de cazarte algún error que tengás. Y la justificación del picado, es que picado no vale”, dice riéndose.

—En eso de mujeres dicen que usted fue terrible.

—No, si yo no tenía tiempo. A mí me echan tanta fama de político, de maquiavélico...

—De mujeriego—, le insisto porque nuevamente se está yendo.

—De mujeriego... Sencillo... El abuso también daña.

—¿Diría que está quieto ahora que se ha casado nuevamente?

—Siempre he estado quieto. Yo me casé con la leche en los labios y la virginidad en mi cuerpo. Y después que me quedé viudo mi médico era un pediatra porque me estaba volviendo niño otra vez —bromea, y suelta una carcajada para celebrarse.

—¿Usted golpea a su mujer?

Recibe la pregunta serio, luego nuevamente suelta la carcajada. Jajajajajá... Y grita llamando:

—¡María Fernandaaaaa... María Fernandaaaa..! Sí, a mi mujer le han dicho eso y se pone a reír. ¡María Fernandaaaa...! Vení amor antes que te siga pegando... ¡Vení para acá!

Aparece María Fernanda, la hermosa esposa del ex presidente, vestida aún en camiseta. Al ver a Germán Miranda, el fotógrafo que me acompaña, se disculpa y promete regresar. Va, dice, a ponerse “presentable”.

Regresa poco después, con un poco de maquillaje en la cara, y un saco sobre la camiseta.

—A ningún hombre le permitiría que me pusiera una mano encima. Absolutamente nunca. Yo soy una mujer educada en los Estados Unidos, soy profesional, y no permitiría que un hombre le pegue a una mujer. En primer lugar es un insulto a mi inteligencia, con mi carrera que tengo de maestra...

—Pero defendeme, amor— interviene Alemán.

—Y segundo, que Arnoldo Alemán es incapaz de ponerme un dedo encima— concluye.

María Fernanda Flores era una maestra en Miami cuando conoció a Arnoldo Alemán, quien para ese tiempo era Presidente de Nicaragua. Se casaron en una ruidosa ceremonia el 23 de octubre de 1999 en la iglesia de El Crucero.

En la declaración de probidad que Arnoldo Alemán presentó ante la Contraloría en enero de 2000, la nueva Primera Dama reportó “cero” patrimonio. ¿Cómo vive esta mujer la cuestionada vida de su marido?

—Desde el 90 que le están diciendo que es ladrón y corrupto. Lo único que le doy gracias a Dios es que mi hija tiene apenas 18 meses y no se da cuenta. Que no entiende ni escucha todas las cosas, las mentiras, las barbaridades que dicen los medios de comunicación. Porque él tiene hijos que son adolescentes, y ése es el daño que no se dan cuenta que hacen. ¿A quién le va a gustar estar oyendo decir que su papá es un corrupto, un ladrón?

“ALEMÁN ESCOGE: la cárcel o el exilio”. La manta, aparecida un día de junio en una esquina de Managua es una redundancia. Desde hace varios años Arnoldo Alemán es el epicentro de los escándalos de corrupción que día a día van estallando en los titulares de los periódicos. Es la novela cotidiana de los nicaragüenses. Y la cárcel se volvió una posibilidad real desde que su segundo, Enrique Bolaños, se volvió primero.



El 21 de marzo de 2002, mientras Arnoldo Alemán vacacionaba con su familia en la lejana Grecia, la juez suplente Gertrudis Arias abrió causa en su contra y mandó a prisión, en primera instancia, a tres de sus funcionarios por la transferencia de 1.3 millones de dólares que su gobierno hizo al estatal Canal 6. El dinero, salido de una forma extraña de las arcas del Estado, aparentemente nunca fue invertido en el canal de televisión y se desvió a las cuentas de dos mexicanos amigos de Alemán, Ricardo Galán, ex embajador de México en Nicaragua, y Alejandro López Toledo.

Detengámonos en López Toledo. Este mexicano era socio de Casco S.A. e igualmente socio de Sinfra S.A. (Servicios de Infraestructura y Comunicación). La primera representaba a TV Azteca en el negocio que se hacía con Canal 6, y la segunda asesoraba al Estado de Nicaragua en el negocio de Canal 6. En otras palabras, el mismo señor estaba a los dos lados de la mesa de negociaciones.

Coincidentemente, al mismo tiempo que el Estado entregaba el dinero a Casco S.A., Sinfra depositaba donaciones por 500 mil dólares a la Fundación Democrática Nicaragüense, fundada por Arnoldo Alemán y Byron Jerez, en Miami, en 1994.

La juez Arias es una mujer de rasgos indígenas, que vive en un barrio pobre de Managua. Viaja en los destartalados buses del transporte público y tiene, como ella misma dice, “un hablar ‘trozado’ ”.

El viernes anterior a su sentencia, y ante la noticia de que Alemán iba para Grecia, lo buscó para hacerlo rendir declaración como testigo en el caso. Fue a la Asamblea. Ahí le dijeron que no estaba y no sabían de él. Alguien le dijo que podría estar en su casa, por lo que la juez finalmente se apostó en el portón de El Chile a esperar. Cuarenta y cinco minutos esperó bajo el sol hasta que Alemán decidió recibirla y rendir la declaración que le exigía la ley. “Me sentí como gato”, diría luego la juez.

El jueves siguiente, la sentencia. Histórica. Ramos de flores atiborraban el escritorio de la juez, elevada al rango de heroína por la muchedumbre que se congregó en los juzgados. La Policía decidió ponerle un guardaespaldas, que debió subirse con ella en los atestados buses en que se moviliza la juez Arias.

“Nunca. Jamás sentí miedo”, dijo la juez Arias en su despacho, cuando le pregunté si en algún momento sintió temor de enfrentar a alguien tan poderoso.

Hasta ahora, Alemán ha evitado el proceso y la cárcel, amparado en la inmunidad de la que goza como diputado. Él es el presidente de la Asamblea Nacional, su partido domina la directiva y tiene mayoría absoluta en el Parlamento. La solicitud de desaforación de Alemán y otros dos diputados espera en una gaveta a que cambie la correlación de fuerzas.

Éste sería el primero de una serie de escándalos de corrupción que ha ido detonando Enrique Bolaños desde el inicio de su mandato, en parte para coger distancia del gran desprestigio político que acumuló su antecesor, y en parte para sacar ventajas políticas y desplazar al ‘alemancismo’ del Partido Liberal Constitucionalista.

El golpe duro vino cuando la Policía Nacional capturó en la calle mediante un aparatoso operativo a Byron Jerez, quien se considera uno de los más íntimos amigos y socios de negocios de Alemán, y se desempeñó como Director General de Ingresos en el gobierno de éste.

“Ya llevamos diez rounds, tenés a Alemán con una ceja partida, una rajadura en la frente, la boca la tiene así (hace una mueca)... Y ahí está parado. Si eso no sirve para demostrar lo que es un líder político, ¿qué es? ¡Es locura lo que están haciendo!”, reclama René Herrera, quien ve en la denominada ‘campaña contra la corrupción’ una estrategia para golpear al caudillo.

SI ALEMÁN TIENE LOS millones que se dice que tiene, no los tiene en El Chile. La hacienda está lejos de ser una mansión aunque tampoco llega a ‘changarro’, como la llama Jaime Morales Carazo.

Aunque no logro verlo, es público que en esa hacienda el doctor Alemán tiene un helipuerto, construido en los últimos meses de su gobierno con los fondos confidenciales que administraba la Presidencia de la República. La obra costó medio millón de córdobas (poco más de 30 mil dólares) y la explicación oficial para hacer una construcción estatal en propiedad privada fue “razones de seguridad”.

Tampoco logro ver la piscina, las canchas de tenis y las porquerizas con cerdos gigantescos que se ha dicho cría.

¿Es Alemán el millonario que se dice es? En 250 millones de dólares ha calculado su fortuna, el ex diputado liberal Leonel Teller, uno de los más ácidos detractores de Alemán. Las aseveraciones de Teller están respaldadas en un legajo de documentos que la Contraloría General de la República no ha tomado muy en serio.

Jaime Morales Carazo cree que se ha exagerado cuando se dice que hasta hace pocos años Arnoldo Alemán era un pobre hombre que debía pedir ayuda para echar a andar su viejo vehículo. Sin embargo, ahora, desde la acera de enfrente, y con el destape cotidiano de negocios y cuentas millonarias a nombre del ex Presidente, Morales cree que Alemán no sólo podría ser el hombre más rico de Nicaragua, sino de toda Centroamérica.

“Por lo que uno ve, y por lo que está saliendo... Hay cifras gigantescas... Si acaso es comprobable todo ese tipo de presunciones con visos de realidad, tiene que ser la persona más rica de Centroamérica. En este tiempo no se puede ocultar ese tipo de cosas. Las puede ocultar en la forma campechana en que vive. Si vos vas a El Chile, es un changarro que él lo mejoró. Nada extraordinario, algunas pinturas de Armando Morales... Es que él es de ese tipo de personas que gozan viendo el chancho, la vaca...”

—De usted se dice que es el hombre más rico de Nicaragua—, le señalo a Alemán.

—Eso es lo que te han hecho creer los medios de comunicación. No lo soy. Los mismos bienes que teníamos tenemos. ¿Millonario? Te invito, te llevo hasta mi cuarto, y recorrés esta casa. Tres cosas hay en la vida que no se pueden esconder: ni una barriga, porque a los nueve meses la mujer lo expulsa; ni un catarro bien pegado porque moquea, ni dinero malhabido porque sale a florecer.

SOBRE EL ESCRITORIO de Byron Jerez la Policía encontró una fotografía que mostraba a Arnoldo Alemán y su círculo de amigos más cercanos en una piscina de la casa de playa de Gabriel Levy. Posiblemente en 1997 ó 1998. Todos en calzoneta y, algunos de trago alzado, sonriendo para el fotógrafo, que debió ser Levy, pues no aparece en la foto. Los que sí se reconocen son Jorge Solís, José Antonio Alvarado, Eddy Gómez, Alejandro Fiallos y Byron Jerez.



Es una foto imposible de lograr ahora. Ninguno podría acompañar a Arnoldo Alemán en una piscina.

Jorge Solís huyó del país luego que una juez dictara prisión contra él, José Antonio Alvarado es un adversario político; Eddy Gómez, su cuñado, es uno de sus más enconados críticos; Alejandro Fiallos, es secretario de Comunicación de Bolaños, y por lo tanto está en la acera de enfrente; Byron Jerez, en la cárcel, y Levy, presumiendo que es el fotógrafo, huyendo también.

Es tiempo de soledad para Alemán.

La fotografía podría ser mucho más grande: José Rizo, actual vicepresidente; el propio Enrique Bolaños; Martín Aguado, el desafortunado Superintendente de Pensiones que huyó antes que se abriera cualquier causa en su contra; Jaime Morales Carazo, su padrino de bodas y principal consejero... La lista es larga.

El tema de los amigos idos resulta incómodo para Alemán, y nuevamente trata de irse por la retórica política.

—Todo el que se separa de una línea partidaria...

Le recuerdo que no sólo eran correligionarios sino amigos muy cercanos.

—Mirá... Son amigos políticos... Con mis amigos nos reunimos cada año a celebrar el bachillerato. Te lo pongo como reto, nunca me has oído hablar mal de José Antonio Alvarado, de Eddy Gómez, de Jaime Morales, y recientemente de José Rizo. Yo abro un paréntesis, dejo dentro del concepto de mi mente que termina la amistad, cierro y marcho hacia la vía institucional del partido y el país.

—¿Qué tan amigo es de Byron Jerez? — le pregunto.

—Yo soy amigo de quienes se me acercan y buscan mi amistad.

Antes de hacer la siguiente pregunta recuerdo que a Byron Jerez le pregunté en una ocasión: ¿Es usted un amigo íntimo del doctor Alemán? “Es algo de lo que me siento orgulloso”, contestó el entonces Director de Ingresos.

—¿Byron Jerez es su amigo íntimo?

—Yo no tengo amigos íntimos. Mis amigos íntimos son únicamente mis hermanos, mi mujer y mis hijos. Íntimos sólo otra gente, ‘tutti fruti’ (homosexuales) son los que tienen esas intimidades. Yo en ese sentido soy bien probado, y me pueden poner la prueba que vos querrás y van a ver las consecuencias. Cuando me casé me dijeron: Presidente, obras... Ahí está, la chiquita (se refiere a su hija de 18 meses).

Cuenta que conoció a Byron Jerez en Miami cuando se lo presentaron José Antonio Alvarado y Carlos García. Y supo que Jerez tiene un hijo que nació con la columna bífida. “Nunca lo he oído a él ni a su esposa Ethel decir ‘por qué Señor me diste esta cruz’. Lo han sabido llevar y ahí está el pobre niño. Y ahora es tal vez quien más sufre la represión de su padre, porque para él su padre es su héroe. Es el que lo chinea, lo limpia... Ese muchachito de 19 ó 20 años, sentado para toda la vida... Una persona que nunca reniega de su suerte debe ser una persona buena”, concluye.

—¿Lo ha ido a visitar a la cárcel?

—Si lo fuera a visitar de inmediato todos los medios de comunicación dirían: ‘Ahí está’. Ni a Salvador (Quintanilla), ni a Ausberto (Narváez), ni al Chele (Mario Medrano), ni a Roberto (Duarte), ni a ninguno para no perjudicarlos. Aquí buscan la cabeza de Arnoldo Alemán a cómo dé lugar. No he hecho nada deshonesto. Donaciones a través de la fundación que el partido tiene he recibido cienes, y no tengo por qué decirles de quiénes he recibido. Sin embargo, van a ver a Arnoldo Alemán el mismo. Ésta es toda la casa. Éste es el comedorcito, una cocinita, una sala, un agregado...

Alemán no ha abandonado la idea de ser Presidente otra vez. Para la próxima campaña dice se lanzará “como mínimo a diputado”.

—O sea que piensa volver a ser presidente—, le hago notar.

—Yo nunca descarto. En política me han enseñado que nunca se dice nunca.

—Hago mi pregunta de otra forma: ¿Usted quiere ser presidente otra vez?

—No, yo no quiero nada. Las cosas se dan por el mismo peso del tiempo y las circunstancias. No soy obcecado.

Explica que si él es líder es porque trabaja con las bases de su partido y que no es un hombre que “señala con el dedo”, como se le acusa con frecuencia. Le recuerdo que recientemente dijo haberse arrepentido de escoger a Enrique Bolaños como su sucesor.

—No, nunca dije eso— desmiente. Lo escogí como Vicepresidente. Lo que dije fue que lo sugerí a la Gran Convención, que son como 400 convencionales.

Luego explica cuál era el cálculo político que lo llevó a escoger a Bolaños:
—El conservatismo nos odia. Como estrategia política creímos que él era el mejor candidato que los conservadores podían tragar llegando hasta el suicidio como llegaron. Y nos inclinamos hacia don Enrique Bolaños.

El tiro salió por la culata. Bolaños decidió hacer de la lucha contra la corrupción su bandera de gobierno y ordenó a la Procuraduría General de Justicia llevar a los tribunales a todos aquéllos que hayan abusado de los bienes de Estado. Los amigos del círculo cercano al ex presidente y el propio Alemán son los protagonistas de los escándalos millonarios que cada día la opinión pública conoce boquiabierta.

—¿Usted teme caer preso?

—Políticamente voy a caer preso como han caído otros... Don Enrique dijo que su propósito es llegar hasta el fondo, hasta Arnoldo Alemán. Todo lo que quieren es destruir un hombre... ¿Por qué? Yo no te voy a decir que soy un Moisés, un bendecido...

POCAS PERSONAS SABEN que a los once años de edad, en 1957, Arnoldo Alemán decidió tomar los votos de Hermano Cristiano, y se fue a hacer el noviciado a Honduras. El tratamiento al que debió someterse por la necrosis que atacó su fémur lo obligó a dejar la vida religiosa.



“Qué casualidad, ahora el superior generalísimo de los Hermanos Cristianos fue mi compañero”, dice, mientras hago un esfuerzo por imaginármelo en vida de celibato y predicando la palabra de Dios. En realidad no me cuesta mucho, pues hay varios personajes con sotana muy parecidos al doctor Alemán.

Para ese tiempo es que llegó a conocer a alguien que sería muy importante en su vida: Daniel Ortega Saavedra, el caudillo del Frente Sandinista.

“Daniel era vecino nuestro del Barrio San Antonio. Vivía pegado a la panadería La Rosa Blanca, de los Mendieta. Nos veníamos (del Colegio La Salle) juntos, un grupo. Daniel venía dos años menor que yo en clases. Aunque él es mayor, venía dos años menor que yo (se ríe). Daniel nace el 11 de noviembre, el mismo día de mi padre del 45, dos meses y unos días mayor que yo. Yo nací el 23 de enero del 46. Nos veníamos juntos y nos separábamos en lo que fue ‘Bicicletas Philips’, él agarraba para San Antonio”.

Daniel Ortega era el jefe del gobierno sandinista cuando Alemán cayó preso en 1980. “Siete meses estuve preso. Trece de mayo, día de la Virgen de Fátima, al doce de diciembre, día de la Virgen de Guadalupe”, recita.

Dice Daniel Ortega que nunca supo que aquel Alemán de la cárcel era el mismo que conoció de chavalo. Alemán recuerda con rencor el reencuentro, cuando él ya era Presidente y el otro líder de la oposición.

“Me lo recordó, cuando ya estaba abajo: ‘¡Ahhh, si vos eras aquel Alemán que vivía frente al Cine Victoria!’ ¿Ahora sí te diste cuenta que yo era ése? No se recordó cuando me tuvo preso, cuando me confiscó. La vida sigue, unos suben y otros bajan...”

De adolescente, Alemán no era el gordo que es ahora. “No, al revés, flaquísimo. Yo perdí mi talla cuando dejé de fumar. ¡Yo fumaba! En 1992, recién muerta mi mujer, mis hijos me dijeron: Ya estamos ‘motos’ de madre no queremos quedar ‘motos’ de padre. El fumado es uno de los vicios más duros”.

En el kilómetro 7 1/2 de la Carretera Sur, en la periferia de Managua, vive Sonia Sánchez, una mujer de 57 años, morena, de porte humilde, que dice sentirse “como en medio de un sandwich”. Ella es hermana de Arnoldo Alemán y esposa de Eddy Gómez, ambos enfrentados políticamente.

“No sé qué hacer, uno es mi esposo y otro mi sangre. La ley de Dios dice que debo permanecer al lado de mi esposo, pero también amo a Arnoldo”, dice esta mujer que comenzó su vida vendiendo en los mercados.

Sonia Sánchez se niega a relatar la historia completa de su vida, y sólo da pistas: hija, fuera de matrimonio, de don Arnoldo Alemán Sandoval y Lidia Bellorín, una jovencita que lavaba y planchaba ajeno. Conoció a sus hermanos hasta los cuarenta años. No la rechazaron.

“El recuerdo que yo tengo de Arnoldo es muy bueno. Fue un hombre que me dijo que su casa era la mía, que el dolor mío era el de él, la alegría mía era la de él, y que se alegraban todos de conocernos. De ellos sólo buenos recuerdos tengo, no puedo decirle que me han hecho desprecio, me dieron un lugar, pues es raro el hermano que acepta a un hermano que no sea hijo de padre y madre”, dice.

Alemán dice que su familia tiene agradecimiento a Sonia “porque esperó a que mi mamá muriera para presentarse ante nosotros a decirnos que era hija de mi padre”.

EL 21 DE JULIO DE 2000, la doctora Gioconda Cajina, siquiatra del Centro de Salud “Sócrates Flores” de Managua, sorprendió a Nicaragua cuando declaró públicamente que el presidente Alemán necesitaba ayuda siquiátrica para los trastornos de personalidad que padecía. Diez días más tarde fue despedida.

Dos años después, la doctora Cajina me recibe en su casa-clínica en la periferia de Managua. Nunca fue reintegrada a su puesto pese a la batalla legal que libró, y aún hoy, mandando Bolaños, sigue insistiendo en que los presidentes deben tener un siquiatra entre sus asesores. “Es que es demasiada la presión, el estrés que sufren, ¿no cree?”

De conversación agradable, la doctora Cajina tiene la habilidad de colarse en la vida de su interlocutor, y en más de una ocasión hace incursiones subrepticias en mi vida privada intentando reconocer a quien la entrevista o, quién sabe, ganar un paciente.
Las declaraciones que le costaron el cargo, las asumió como el deber “de una nicaragüense que se sentía perjudicada por la conducta antisocial que derivaba de la trasformación de personalidad del presidente”.

“Él tiene problemas de obesidad. Es de manejo público que vive consumiendo productos farmacéuticos para evitar engordar. La bebida... Él apareció ebrio en televisión, con esas características de la intoxicación por alcohol. La persona que tiene hábitos alcohólicos cotidianos tiende más al descontrol todavía”.

Sin embargo, la doctora Cajina basa su diagnóstico en la simple observación, en lo que dicen sus allegados, y en lo que informan los medios. “Nunca he estado ni siquiera en una reunión con él. Es raro. Yo voy a distintas actividades y nunca nos hemos encontrado en una reunión pública”, reflexiona.

La experiencia le dice a la doctora Cajina que pocas veces es el paciente quien llega a las clínicas a exponer su mal. “La aproximación diagnóstica se hace generalmente a través de las personas que han sido dañadas. Familiares, amigos, compañeros de trabajo son los que frecuentemente buscan al siquiatra y le cuentan los hechos que pueden llevar a diagnosticar un trastorno de personalidad antisocial, como en este caso”, alega.

Nunca dijo que Alemán estaba loco. Ni siquiera que tuviese un trastorno mental. Pero advierte que entre el trastorno de personalidad y el trastorno mental hay un paso.

“Cuando la gente descubre el trastorno de personalidad, el dañino se va quedando solo. Esa persona se convierte en enfermo mental cuando tiene un poquito de toma de conciencia de que es dañino, apenas se da cuenta que la gente no lo aguanta, y al quedarse solo empiezan los síntomas de la depresión”.

Y sentencia: “Autores norteamericanos dicen que las personas que tienen estos problemas terminan en la cárcel...”

Jaime Morales Carazo se molestó, cuando en julio de 2000 la doctora Cajina soltó su atrevido diagnóstico. “Esta doctora está resentida... ¿Estás loco vos?, le pregunté a Arnoldo, y sólo se puso a reír”, recuerda.



Sin embargo, ahora, en retrospectiva y con una amistad rota de por medio, reconoce que había ciertos síntomas que demostraban que la doctora Cajina no andaba tan despistada como en un principio él creyó. “Había ciertas reacciones de ira, cosas de maldad, ciertas irracionalidades... A la hora de la crisis se ponía como energúmeno, sin ningún razonamiento ni nada... Este jodido se volvió loco, llegué a pensar”.

El doctor Alemán se ríe nuevamente cuando le recuerdo el diagnóstico de la doctora Cajina, y riposta con una frase que usa para descalificar a sus adversarios. “Es un onanismo (masturbación)”, dice.

—¿Tuvo alguna vez tratamiento siquiátrico o sicológico?

—Tengo muchas vías de escape para tener siquiatras y esas cosas, dice carcajeándose.

—¿Cuáles son esas vías de escape?

—Aahhh, amigo... Aprovéchelo usted que todavía tiene los bigotes sin canear—, nuevamente risas.

La doctora Cajina vaticina que en algún momento ella se va a convertir en la mejor aliada del doctor Alemán. “La demencia la va a usar a su favor para evadir la justicia cuando le toque estar en el banquillo de los acusados. Como Pinochet...” Si esa última jugada falla vendrá la cárcel. ¡Jaque mate!

SECRETOS DE CONFESIÓN
Este reportaje es parte del libro “Secretos de Confesión”, del periodista Fabián Medina, donde se incluyen entrevistas a 33 personajes nicaragüenses de los últimos diez años, y que LA PRENSA estará publicando el próximo martes 20 de agosto.

FINCAS DE EL CRUCERO
La finca El Chile, de 125 manzanas, fue comprada por Arnoldo Alemán en 2,500 dólares en 1984. “La compré a precio de guate mojado, como ustedes dicen”, reconoce riéndose. El Chile terminó de unir las fincas Las Garcías, heredada por su madre, doña María Antonieta Lacayo y la finca Santa Isabel comprada por su abuelo, Agustín Alemán, hace cien años.

NINÚN BABOSO
Dice Alemán que la idea de ser Presidente de la Republica empezó a acariciarla desde finales de 1989 cuando tenía una tercia con Agustín Jarquín por quedarse con la Alcaldía de Managua. “Me llegó a visitar Agustín a la oficina de Upanic, que yo era el vicepresidente, a pedirme que le dejara el cargo, porque su esposa Ninoska había añorado que llegara a la Alcaldía porque le iba a suceder igual que a Napoleón Duarte (de El Salvador), que de la Alcaldía había pasado a la Presidencia. Entonces me dije: “No se lo has dicho a ningún baboso”. Jarquín niega este episodio.

METERSE A VAGO
Arnoldo Alemán relata que tomó la decisión de meterse a político cuando su esposa, María Dolores Cardenal, agonizaba de un cáncer que la mató a los 36 años en 1989.
“Entre las bromas que uno se da en esos momentos, me preguntaba qué iba yo a hacer cuando ella muriera. Yo le dije que me iba a meter a vago. Se asustó y me dijo que qué era vago. Le dije que era político, que se fijara que llegaban a las diez de la mañana y a las diez se iban. ‘¿Y que es lo que querés?’ Yo le decía que si su tía ganaba (doña Violeta) le iba a pedir que me nombrara embajador en Italia para que así cuando me casara con una italiana le educara a sus hijos. Se puso a reír y me dijo que no tenía vocación ni espíritu de diplomático, y entonces le dije: Me voy a lanzar para alcalde de Managua. ‘Eso sí vas a ser’, me dijo como vaticinio. Así jugando me metí”.

 

 


La Chinampa: finca mimada del Estado

 

 
 
 
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