EN EL CORAZÓN DE LA hacienda Santa Isabel
se levanta una vieja casa de tablones pintados con cal. Deshabitada.
Adentro se acomodan varios artilugios inventados a principios del
siglo pasado para el despulpado del café. Los hay en desuso,
como piezas de museo, y los hay en uso para descascarar las cerezas
que cada temporada llegan todavía a esas máquinas que
terminaron ocupando todo el espacio disponible de la vieja casona.
La ventana del cuarto que ocupó el patrón da a los patios
de secado, donde trabajadores con rastrillos de madera voltean una
y otra vez los granos desnudos de café para que el sol los
seque. Desde esa ventana, don Agustín Alemán Casco vigilaba
con ojo severo la vida de la pequeña hacienda Santa Isabel,
la primera que los Alemán establecieron en El Crucero.
Agustín Alemán Casco es el mayor de los nueve hijos
de Carlos Alemán, Tata Carlos, un granadino descalzo
que llegó a buscar suerte en El Crucero allá por el
año 1882. Finalmente se estableció en la finca de unos
señores de apellido Morales.
Nieto de don Agustín Alemán es Arnoldo Alemán
Lacayo, uno de los hombres más polémicos de la Nicaragua
actual. Y, se cree, el hombre más rico del país.
El patrimonio de los Alemán tuvo un crecimiento inaudito desde
que don Agustín Alemán Casco comprara la finca Santa
Isabel, hace casi 100 años.
En enero de 2000, el entonces presidente de Nicaragua, doctor Arnoldo
Alemán Lacayo, declaró ante la Contraloría General
de la República poseer tres haciendas (Santa Isabel, El Chile
y La García), nueve vehículos, dos beneficios de café
húmedo y uno seco, cuatro casas para sus hijos, una isla en
el Gran Lago, casas de verano en la Laguna de Apoyo y San Juan del
Sur; cuatro cuentas de ahorro en bancos nacionales, acciones por 225
mil córdobas (20 mi dólares en ese momento) AJANSA y
dos apartamentos en el condado de Dade, Miami, entre otros bienes.
Muchas de esas propiedades fueron, según la declaración
de probidad, regalos de amigos y parientes. Así, la isla, un
carro Mercedes-Benz 1997, dos camionetas Suburban y un microbús
Chevy fueron donados a su persona, consta en la declaración.
Sin embargo, luego se sabría que el doctor Alemán no
reportó todos sus bienes y que ninguna de las declaraciones
de probidad conocidas extraoficialmente terminan de despejar el gran
enigma nacional: ¿Cuánto posee Alemán?
A LAS SEIS Y MEDIA DE la mañana de un
miércoles, la carretera que va a El Chile está desolada.
Ni un solo vehículo encontramos en los más de siete
kilómetros que separan la hacienda de la vía principal,
en El Crucero.
La hacienda El Chile es la residencia permanente de Arnoldo Alemán
y su familia, y su entrada se localiza a unos doscientos metros de
la rústica y semiabandonada Santa Isabel. El ralo tráfico
de la carretera asfaltada, estrecha pero nueva, no es consecuencia
de la temprana hora ni una casualidad.
En junio de 2002 el Ministerio de Transporte realizó un estudio
que llamó Conteo especial vehicular clasificado, intersección
Empalme Los Chocoyos-Hacienda El Chile. Durante tres días
seguidos, inspectores de Transporte contaron uno por uno los vehículos
para determinar el uso de los 18 kilómetros de esa carretera
que costó al Estado 43 millones de córdobas (poco más
de 300 mil dólares) y que, se presume, fue construida exclusivamente
para unir las tres fincas que el doctor Alemán tiene en El
Crucero.
Según ese estudio, un promedio de 21 vehículos circulan
diariamente, lo que la convierte en la carretera asfaltada de menor
uso en el país. No sólo eso. Casi todos los vehículos
contados en esos tres días pertenecían a la familia
Alemán o estaban relacionados a ella, según lo declarara
el ministro de Transporte, Pedro Solórzano.
Si en vez de gastarse 43 millones de córdobas en una
carretera que sólo beneficia al ex Presidente se hubieran hecho
otros usos, habríamos solucionado el problema de casi 430 kilómetros
de caminos, reclama el ministro Solórzano.
Un solitario policía, al menos visible, custodia desde una
caseta la entrada a la hacienda, cuyos límites los establece
un cerco de ramas rústicas pintadas de colores alegres.
La casa hacienda es nueva, construida conforme el tradicional estilo
de las casa-haciendas en Nicaragua: cuatro corredores y techo elevado.
Antes de llegar a los corredores están corrales, pilas, la
casa de la servidumbre y el despacho donde se refugia el doctor Alemán
cuando decide trabajar en casa.
En el corredor, y a pesar de ser menos de las siete de la mañana,
Arnoldo Alemán conversa en unas mecedoras con el diputado liberal
René Herrera, Eliseo Núñez (hijo), y otro señor
que no logro reconocer.
Alemán aceptó entrevistarse conmigo ese miércoles
con la condición de que nada de esta entrevista fuese publicado
antes del 11 de julio, el día de la Convención del Partido
Liberal Constitucionalista (PLC) que él lidera.
Sucede que desde marzo, Alemán decidió abruptamente
no dar más declaraciones, luego de un encontronazo con periodistas
durante una conferencia de prensa. Ese fue el último de varios
rifirrafes. Es que si con alguien Alemán ha tenido una relación
accidentada es con los periodistas.
El voto de silencio sorprendió a Nicaragua, que siempre ha
tenido a Alemán por un hombre verborreico, dado a hablar ante
cualquiera, de cualquier cosa, en cualquier lugar.
El friíto de El Crucero contrasta brutalmente con el bochorno
de la vecina Managua. Gente va y gente viene en El Chile. Policías,
guardaespaldas de guayabera y radio portátil en la mano, peones,
choferes y servidumbre. ¿Siempre hay tanta gente? Andrea Fernanda,
la linda bebé hija de Alemán, se moviliza seguida de
niñera y enfermera. Pintura nueva en todas las paredes.
A mi llegada al corredor, el ex Presidente despide a sus acompañantes
con un Va pues, muchachos, así quedamos... y sólo
permanece sentado René Herrera, uno de sus más cercanos
correligionarios, y a través de quien gestioné la entrevista.
Sobre una mesita, un papel pegajoso trata infructuosamente de controlar
las moscas que revolotean, multiplicadas posiblemente por la entrada
del invierno y por la cercanía de un corral, donde una decena
de vacas muge lastimeramente, mientras los peones terminan la faena
de ordeño.
ARNOLDO ALEMÁN ES UN HOMBRE rotundamente
gordo, sobrepasa fácilmente las 300 libras. Pelo negro, corto
y ensortijado, ojos pequeños e incisivos. Subraya las palabras
con golpeteo de manos, ya sea sobre los brazos de la silla o sobre
la mesa que tiene enfrente.
Dicharachero y procaz, a veces sus comentarios rayan en el insulto,
cosa que no pocas veces lo ha llevado a enfrentarse con los periodistas.
¿Cuál es el problema? No ando ni con tu hermana,
ni con tu esposa, le respondió al periodista de LA PRENSA,
Gustavo Ortega, cuando éste le pidió una explicación
sobre la presencia de la entonces funcionaria pública y novia
de Alemán, María Fernanda Flores, en una reunión
del Grupo Consultivo en Estocolmo, Suecia, en mayo del 99.
Una necrosis en la cabeza del fémur, poliomielitis dicen algunos,
lo hace renquear de la pierna izquierda desde niño.
Arnoldito siempre fue muy vivo y explotó ese problema
de la poliomielitis. Su madre lo consentía mucho. Él
se dio cuenta de que tenía una ventaja con eso y lo explotó.
Eso no le impedía nada, él jugaba béisbol, fútbol...
Siempre fue deportista, dicharachero, relata Jaime Morales Carazo,
posiblemente una de las personas que más lo conoce.
Jaime Morales Carazo es amigo de los Alemán desde siempre.
Cuenta que su padre fue protector político del padre de Alemán,
don Arnoldo Alemán Sandoval. Morales Carazo fue el primer jefe
de Arnoldo Alemán Lacayo, Arnoldito como todavía
le llama, el que le regaló el primer traje de trabajo y su
primer reloj de oro. También fue el padrino de bodas en su
primer matrimonio.
Era un muchacho muy inteligente, muy agradable, muy vivo. Lúcido,
captaba rápidamente. Totalmente desordenado. Toda su vida.
Algo que lo caracteriza es el desorden. Derrochador. Generoso. Espléndido.
En esa época se ganaba la simpatía de la gente fácilmente.
Amigos y adversarios reconocen en Arnoldo Alemán un hombre
inteligente.
El diputado liberal René Herrera, que se declaró fiel
a Arnoldo Alemán, dice que lo conoció en 1993
cuando fue invitado como orador a un foro político donde participaban
todos los líderes liberales de Nicaragua.
Arnoldo me pareció alguien que dominaba esta manera de
hacer política nicaragüense. Me resultaba con la viveza
del nica, con la gracia de un político que sabe lo que quiere
y adónde va. Resaltaba la presencia de él.
En la Universidad de León, donde estudió Derecho, Alemán
era un cartonero, como se les llama a los estudiantes
que reciben diplomas cada año por sus buenas notas. Yo
fui el mejor alumno en la Facultad de Derecho. Y como se decía
en esos años cartonero. Siempre tuve el primer
lugar, dice orgulloso Alemán.
El doctor Carlos Tünnermann, en ese entonces Rector de la Universidad
de León, lo recuerda como un buen estudiante, mas no como
un estudiante brillante.
Era buen estudiante porque tenía buena memoria y recitaba
de memoria los códigos, pero no era un alumno brillante. No
recuerdo haberle dado nunca la Medalla de Oro que se le entregaba
a los mejores estudiantes. Cartonero sí. Lo que pasa es que
se entregaban diplomas a los tres mejores estudiantes de cada año,
y a los que siempre aparecían entre esos tres se les llamaba
cartoneros
.
Arnoldo Alemán, efectivamente, hace gala de una memoria portentosa.
Con facilidad recuerda fechas, vecinos, nombres, lugares y sucesos
de épocas en las que incluso ni había nacido.
Jaime Morales reconoce también la memoria como uno de los principales
atributos de Alemán, y cree que la heredó de su padre,
a quien de niño oía recitar extensos y complejos poemas
en la solariega finca de El Crucero.

Del niño al adolescente y de éste al adulto y al político,
Jaime Morales Carazo percibió transformaciones drásticas
en la personalidad de Alemán. Quedaba el desorden y la memoria;
se fue la humildad y se desarrolló la codicia.
Se lo dije una vez: perdió la humildad. Una de las características
que tenía era la humildad y la alegría. Se dejó
dominar por la ira. Antes era bravo, pero era llamarada de petate.
Sus reacciones de ira últimas son las mismas que vi en el rostro
del último Somoza: de aquel poder que no puede ser tocado ni
contradicho. Y después, una codicia sin límites. Una
geofagia impresionante.
Famosas fueron las giras presidenciales. Alemán se hizo acompañar
siempre de una multitud de familiares y amigos en los viajes oficiales
al exterior, los cuales a menudo terminaban en francachelas, donde
abundaba el derroche y la visita a lugares exóticos del mundo.
Durante los cinco años de su mandato Arnoldo Alemán
gastó 1.8 millones de dólares en dos tarjetas de crédito
American Express, pagadas por el Banco Central con fondos de la Presidencia.
El registro de gastos de esas dos tarjetas indica que él y
sus comitivas visitaron 40 países del mundo en todos los continentes.
Así, por ejemplo, se gastaron con esas tarjetas 2,540 dólares
en el Cabaret Lido de París la noche del 16 de marzo de 2000.
Diez días más tarde Alemán regresó al
Lido y se gastó otros 7,418 dólares. Las mismas tarjetas
siguen marcando un exótico itinerario: 22,530 dólares
en alfombras egipcias, 37,627 en artesanías de la India, 16
mil en artesanías tailandesas...
Él llevaba una vida como de gitano. Estilo peripatético,
rodeado siempre... Siempre mantiene ese estilo, dibuja Morales
Carazo, quien muchas veces lo acompañó a esos periplos,
y quien justifica los grandes gastos porque eran comitivas grandes.
Salían cuatro de Nicaragua y en el camino se iban juntando
más. Yo miraba comprar cosas personales, pero suponía
que lo hacía con su dinero, explica.
Morales Carazo atribuye ese estilo gitano a la propia
personalidad de Alemán: necesita estar rodeado y en movimiento.
Él no es de reflexión, concentración. En
el gobierno nunca lo vi sentarse a pensar, actúa bajo impulsos.
Eléctrico. No hay una idea que preceda a la acción,
piensa después de lo que hace. Muchas veces le da resultado,
pero después va pagando consecuencias por no tener estrategias.

Dice que Alemán es un hombre tenso que toma muchas pastillas.
El azúcar, la presión alta, y la gordura le hacen utilizar
un equipo para respirar al momento de dormir. Es un hombre hiperactivo.
Tiene que estar en movimiento. Esa hiperactividad, dice Morales Carazo,
es una excusa para no trabajar. Nunca redactó una cosa.
¡Nunca! El chagüite se vuelve repetitivo, y es un chagüite
rupestre, de lo más recóndito del campo. El grito, el
gesto, la palabra, no lo que decís, a nadie le importa. Él
llega a desarrollar eso y cree que es una gran técnica.
Ríe Morales Carazo. El ex padrino prefiere llamarse
de unos días acá. La amistad con Arnoldo Alemán
está rota.
DEL CORREDOR HEMOS pasado al comedor donde terminan
de servir un desayuno de leche agria, frito y gallo pinto. Mesa sencilla
de madera, sillas para doce personas, un timbre en la cabecera, donde
se sienta Alemán. Meseros silenciosos y uniformados sirven
la comida.
El desayuno no interrumpe la entrevista. A mí me resulta incómodo,
pero Alemán, hombre acostumbrado a trabajar en esas condiciones,
resuelve su comida con prontitud y no deja de hablar, mientras nos
alienta a probar la leche agria, producida en su finca.
¿Cuáles diría que son sus pecados?
Muchos. Si el ser humano es...
Si alguna vez he encontrado un entrevistado escurridizo ése
es Arnoldo Alemán. Contesta lo que quiere, y trata en todo
momento de imponer el ritmo de la entrevista. Hay que hacerle preguntas
específicas para evitar que se vaya por la retórica
y el chagüite, según su propia conveniencia.
¿Cuál es su principal defecto?
Ser demasiado amigo de mis amigos. Es mi mayor defecto. Ese
es. Y el otro mayor es ser espontáneo, y en esta vida hay que
ser hipócrita. Hay que ser mentiroso, hay que tener dualidad,
tener doble moral, aparentar ser una cosa y ser otra. Y no ser espontáneo,
sincero y franco.
En la opinión pública, sin embargo, los pecados que
se le achacan son otros. El robo o la codicia en primer lugar, la
gula, las mujeres y el alcohol, en el plano más personal. También
se dice que golpea a su mujer. Él los bota uno a uno, a veces
con ironía para que se entienda lo contrario a lo que literalmente
dicen sus palabras.
Sobre el alcohol dice no ser hipócrita en esa materia y toma
cuando quiere, con sus amigos, y cuando se siente en ambiente. Nunca
llegué después de las siete de la mañana a trabajar,
alega en su defensa. Tenele cuidado a aquél que no toma,
siempre está tratando de cazarte algún error que tengás.
Y la justificación del picado, es que picado no vale,
dice riéndose.
En eso de mujeres dicen que usted fue terrible.
No, si yo no tenía tiempo. A mí me echan tanta
fama de político, de maquiavélico...
De mujeriego, le insisto porque nuevamente se está
yendo.
De mujeriego... Sencillo... El abuso también daña.
¿Diría que está quieto ahora que se ha
casado nuevamente?
Siempre he estado quieto. Yo me casé con la leche en
los labios y la virginidad en mi cuerpo. Y después que me quedé
viudo mi médico era un pediatra porque me estaba volviendo
niño otra vez bromea, y suelta una carcajada para celebrarse.
¿Usted golpea a su mujer?
Recibe la pregunta serio, luego nuevamente suelta la carcajada. Jajajajajá...
Y grita llamando:
¡María Fernandaaaaa... María Fernandaaaa..!
Sí, a mi mujer le han dicho eso y se pone a reír. ¡María
Fernandaaaa...! Vení amor antes que te siga pegando... ¡Vení
para acá!
Aparece María Fernanda, la hermosa esposa del ex presidente,
vestida aún en camiseta. Al ver a Germán Miranda, el
fotógrafo que me acompaña, se disculpa y promete regresar.
Va, dice, a ponerse presentable.
Regresa poco después, con un poco de maquillaje en la cara,
y un saco sobre la camiseta.
A ningún hombre le permitiría que me pusiera una
mano encima. Absolutamente nunca. Yo soy una mujer educada en los
Estados Unidos, soy profesional, y no permitiría que un hombre
le pegue a una mujer. En primer lugar es un insulto a mi inteligencia,
con mi carrera que tengo de maestra...
Pero defendeme, amor interviene Alemán.
Y segundo, que Arnoldo Alemán es incapaz de ponerme un
dedo encima concluye.
María Fernanda Flores era una maestra en Miami cuando conoció
a Arnoldo Alemán, quien para ese tiempo era Presidente de Nicaragua.
Se casaron en una ruidosa ceremonia el 23 de octubre de 1999 en la
iglesia de El Crucero.
En la declaración de probidad que Arnoldo Alemán presentó
ante la Contraloría en enero de 2000, la nueva Primera Dama
reportó cero patrimonio. ¿Cómo vive
esta mujer la cuestionada vida de su marido?
Desde el 90 que le están diciendo que es ladrón
y corrupto. Lo único que le doy gracias a Dios es que mi hija
tiene apenas 18 meses y no se da cuenta. Que no entiende ni escucha
todas las cosas, las mentiras, las barbaridades que dicen los medios
de comunicación. Porque él tiene hijos que son adolescentes,
y ése es el daño que no se dan cuenta que hacen. ¿A
quién le va a gustar estar oyendo decir que su papá
es un corrupto, un ladrón?
ALEMÁN ESCOGE: la cárcel
o el exilio. La manta, aparecida un día de junio en una
esquina de Managua es una redundancia. Desde hace varios años
Arnoldo Alemán es el epicentro de los escándalos de
corrupción que día a día van estallando en los
titulares de los periódicos. Es la novela cotidiana de los
nicaragüenses. Y la cárcel se volvió una posibilidad
real desde que su segundo, Enrique Bolaños, se volvió
primero.

El 21 de marzo de 2002, mientras Arnoldo Alemán vacacionaba
con su familia en la lejana Grecia, la juez suplente Gertrudis Arias
abrió causa en su contra y mandó a prisión, en
primera instancia, a tres de sus funcionarios por la transferencia
de 1.3 millones de dólares que su gobierno hizo al estatal
Canal 6. El dinero, salido de una forma extraña de las arcas
del Estado, aparentemente nunca fue invertido en el canal de televisión
y se desvió a las cuentas de dos mexicanos amigos de Alemán,
Ricardo Galán, ex embajador de México en Nicaragua,
y Alejandro López Toledo.
Detengámonos en López Toledo. Este mexicano era socio
de Casco S.A. e igualmente socio de Sinfra S.A. (Servicios de Infraestructura
y Comunicación). La primera representaba a TV Azteca en el
negocio que se hacía con Canal 6, y la segunda asesoraba al
Estado de Nicaragua en el negocio de Canal 6. En otras palabras, el
mismo señor estaba a los dos lados de la mesa de negociaciones.
Coincidentemente, al mismo tiempo que el Estado entregaba el dinero
a Casco S.A., Sinfra depositaba donaciones por 500 mil dólares
a la Fundación Democrática Nicaragüense, fundada
por Arnoldo Alemán y Byron Jerez, en Miami, en 1994.
La juez Arias es una mujer de rasgos indígenas, que vive en
un barrio pobre de Managua. Viaja en los destartalados buses del transporte
público y tiene, como ella misma dice, un hablar trozado
.
El viernes anterior a su sentencia, y ante la noticia de que Alemán
iba para Grecia, lo buscó para hacerlo rendir declaración
como testigo en el caso. Fue a la Asamblea. Ahí le dijeron
que no estaba y no sabían de él. Alguien le dijo que
podría estar en su casa, por lo que la juez finalmente se apostó
en el portón de El Chile a esperar. Cuarenta y cinco minutos
esperó bajo el sol hasta que Alemán decidió recibirla
y rendir la declaración que le exigía la ley. Me
sentí como gato, diría luego la juez.
El jueves siguiente, la sentencia. Histórica. Ramos de flores
atiborraban el escritorio de la juez, elevada al rango de heroína
por la muchedumbre que se congregó en los juzgados. La Policía
decidió ponerle un guardaespaldas, que debió subirse
con ella en los atestados buses en que se moviliza la juez Arias.
Nunca. Jamás sentí miedo, dijo la juez Arias
en su despacho, cuando le pregunté si en algún momento
sintió temor de enfrentar a alguien tan poderoso.
Hasta ahora, Alemán ha evitado el proceso y la cárcel,
amparado en la inmunidad de la que goza como diputado. Él es
el presidente de la Asamblea Nacional, su partido domina la directiva
y tiene mayoría absoluta en el Parlamento. La solicitud de
desaforación de Alemán y otros dos diputados espera
en una gaveta a que cambie la correlación de fuerzas.
Éste sería el primero de una serie de escándalos
de corrupción que ha ido detonando Enrique Bolaños desde
el inicio de su mandato, en parte para coger distancia del gran desprestigio
político que acumuló su antecesor, y en parte para sacar
ventajas políticas y desplazar al alemancismo del
Partido Liberal Constitucionalista.
El golpe duro vino cuando la Policía Nacional capturó
en la calle mediante un aparatoso operativo a Byron Jerez, quien se
considera uno de los más íntimos amigos y socios de
negocios de Alemán, y se desempeñó como Director
General de Ingresos en el gobierno de éste.
Ya llevamos diez rounds, tenés a Alemán con una
ceja partida, una rajadura en la frente, la boca la tiene así
(hace una mueca)... Y ahí está parado. Si eso no sirve
para demostrar lo que es un líder político, ¿qué
es? ¡Es locura lo que están haciendo!, reclama
René Herrera, quien ve en la denominada campaña
contra la corrupción una estrategia para golpear al caudillo.
SI ALEMÁN TIENE LOS millones que se dice
que tiene, no los tiene en El Chile. La hacienda está lejos
de ser una mansión aunque tampoco llega a changarro,
como la llama Jaime Morales Carazo.
Aunque no logro verlo, es público que en esa hacienda el doctor
Alemán tiene un helipuerto, construido en los últimos
meses de su gobierno con los fondos confidenciales que administraba
la Presidencia de la República. La obra costó medio
millón de córdobas (poco más de 30 mil dólares)
y la explicación oficial para hacer una construcción
estatal en propiedad privada fue razones de seguridad.
Tampoco logro ver la piscina, las canchas de tenis y las porquerizas
con cerdos gigantescos que se ha dicho cría.
¿Es Alemán el millonario que se dice es? En 250 millones
de dólares ha calculado su fortuna, el ex diputado liberal
Leonel Teller, uno de los más ácidos detractores de
Alemán. Las aseveraciones de Teller están respaldadas
en un legajo de documentos que la Contraloría General de la
República no ha tomado muy en serio.
Jaime Morales Carazo cree que se ha exagerado cuando se dice que hasta
hace pocos años Arnoldo Alemán era un pobre hombre que
debía pedir ayuda para echar a andar su viejo vehículo.
Sin embargo, ahora, desde la acera de enfrente, y con el destape cotidiano
de negocios y cuentas millonarias a nombre del ex Presidente, Morales
cree que Alemán no sólo podría ser el hombre
más rico de Nicaragua, sino de toda Centroamérica.
Por lo que uno ve, y por lo que está saliendo... Hay
cifras gigantescas... Si acaso es comprobable todo ese tipo de presunciones
con visos de realidad, tiene que ser la persona más rica de
Centroamérica. En este tiempo no se puede ocultar ese tipo
de cosas. Las puede ocultar en la forma campechana en que vive. Si
vos vas a El Chile, es un changarro que él lo mejoró.
Nada extraordinario, algunas pinturas de Armando Morales... Es que
él es de ese tipo de personas que gozan viendo el chancho,
la vaca...
De usted se dice que es el hombre más rico de Nicaragua,
le señalo a Alemán.
Eso es lo que te han hecho creer los medios de comunicación.
No lo soy. Los mismos bienes que teníamos tenemos. ¿Millonario?
Te invito, te llevo hasta mi cuarto, y recorrés esta casa.
Tres cosas hay en la vida que no se pueden esconder: ni una barriga,
porque a los nueve meses la mujer lo expulsa; ni un catarro bien pegado
porque moquea, ni dinero malhabido porque sale a florecer.
SOBRE EL ESCRITORIO de Byron Jerez la Policía
encontró una fotografía que mostraba a Arnoldo Alemán
y su círculo de amigos más cercanos en una piscina de
la casa de playa de Gabriel Levy. Posiblemente en 1997 ó 1998.
Todos en calzoneta y, algunos de trago alzado, sonriendo para el fotógrafo,
que debió ser Levy, pues no aparece en la foto. Los que sí
se reconocen son Jorge Solís, José Antonio Alvarado,
Eddy Gómez, Alejandro Fiallos y Byron Jerez.

Es una foto imposible de lograr ahora. Ninguno podría acompañar
a Arnoldo Alemán en una piscina.
Jorge Solís huyó del país luego que una juez
dictara prisión contra él, José Antonio Alvarado
es un adversario político; Eddy Gómez, su cuñado,
es uno de sus más enconados críticos; Alejandro Fiallos,
es secretario de Comunicación de Bolaños, y por lo tanto
está en la acera de enfrente; Byron Jerez, en la cárcel,
y Levy, presumiendo que es el fotógrafo, huyendo también.
Es tiempo de soledad para Alemán.
La fotografía podría ser mucho más grande: José
Rizo, actual vicepresidente; el propio Enrique Bolaños; Martín
Aguado, el desafortunado Superintendente de Pensiones que huyó
antes que se abriera cualquier causa en su contra; Jaime Morales Carazo,
su padrino de bodas y principal consejero... La lista es larga.
El tema de los amigos idos resulta incómodo para Alemán,
y nuevamente trata de irse por la retórica política.
Todo el que se separa de una línea partidaria...
Le recuerdo que no sólo eran correligionarios sino amigos muy
cercanos.
Mirá... Son amigos políticos... Con mis amigos
nos reunimos cada año a celebrar el bachillerato. Te lo pongo
como reto, nunca me has oído hablar mal de José Antonio
Alvarado, de Eddy Gómez, de Jaime Morales, y recientemente
de José Rizo. Yo abro un paréntesis, dejo dentro del
concepto de mi mente que termina la amistad, cierro y marcho hacia
la vía institucional del partido y el país.
¿Qué tan amigo es de Byron Jerez? le pregunto.
Yo soy amigo de quienes se me acercan y buscan mi amistad.
Antes de hacer la siguiente pregunta recuerdo que a Byron Jerez le
pregunté en una ocasión: ¿Es usted un amigo íntimo
del doctor Alemán? Es algo de lo que me siento orgulloso,
contestó el entonces Director de Ingresos.
¿Byron Jerez es su amigo íntimo?
Yo no tengo amigos íntimos. Mis amigos íntimos
son únicamente mis hermanos, mi mujer y mis hijos. Íntimos
sólo otra gente, tutti fruti (homosexuales) son
los que tienen esas intimidades. Yo en ese sentido soy bien probado,
y me pueden poner la prueba que vos querrás y van a ver las
consecuencias. Cuando me casé me dijeron: Presidente, obras...
Ahí está, la chiquita (se refiere a su hija de 18 meses).
Cuenta que conoció a Byron Jerez en Miami cuando se lo presentaron
José Antonio Alvarado y Carlos García. Y supo que Jerez
tiene un hijo que nació con la columna bífida. Nunca
lo he oído a él ni a su esposa Ethel decir por
qué Señor me diste esta cruz. Lo han sabido llevar
y ahí está el pobre niño. Y ahora es tal vez
quien más sufre la represión de su padre, porque para
él su padre es su héroe. Es el que lo chinea, lo limpia...
Ese muchachito de 19 ó 20 años, sentado para toda la
vida... Una persona que nunca reniega de su suerte debe ser una persona
buena, concluye.
¿Lo ha ido a visitar a la cárcel?
Si lo fuera a visitar de inmediato todos los medios de comunicación
dirían: Ahí está. Ni a Salvador (Quintanilla),
ni a Ausberto (Narváez), ni al Chele (Mario Medrano), ni a
Roberto (Duarte), ni a ninguno para no perjudicarlos. Aquí
buscan la cabeza de Arnoldo Alemán a cómo dé
lugar. No he hecho nada deshonesto. Donaciones a través de
la fundación que el partido tiene he recibido cienes, y no
tengo por qué decirles de quiénes he recibido. Sin embargo,
van a ver a Arnoldo Alemán el mismo. Ésta es toda la
casa. Éste es el comedorcito, una cocinita, una sala, un agregado...
Alemán no ha abandonado la idea de ser Presidente otra vez.
Para la próxima campaña dice se lanzará como
mínimo a diputado.
O sea que piensa volver a ser presidente, le hago notar.
Yo nunca descarto. En política me han enseñado
que nunca se dice nunca.
Hago mi pregunta de otra forma: ¿Usted quiere ser presidente
otra vez?
No, yo no quiero nada. Las cosas se dan por el mismo peso del
tiempo y las circunstancias. No soy obcecado.
Explica que si él es líder es porque trabaja con las
bases de su partido y que no es un hombre que señala
con el dedo, como se le acusa con frecuencia. Le recuerdo que
recientemente dijo haberse arrepentido de escoger a Enrique Bolaños
como su sucesor.
No, nunca dije eso desmiente. Lo escogí como Vicepresidente.
Lo que dije fue que lo sugerí a la Gran Convención,
que son como 400 convencionales.
Luego explica cuál era el cálculo político que
lo llevó a escoger a Bolaños:
El conservatismo nos odia. Como estrategia política creímos
que él era el mejor candidato que los conservadores podían
tragar llegando hasta el suicidio como llegaron. Y nos inclinamos
hacia don Enrique Bolaños.
El tiro salió por la culata. Bolaños decidió
hacer de la lucha contra la corrupción su bandera de gobierno
y ordenó a la Procuraduría General de Justicia llevar
a los tribunales a todos aquéllos que hayan abusado de los
bienes de Estado. Los amigos del círculo cercano al ex presidente
y el propio Alemán son los protagonistas de los escándalos
millonarios que cada día la opinión pública conoce
boquiabierta.
¿Usted teme caer preso?
Políticamente voy a caer preso como han caído
otros... Don Enrique dijo que su propósito es llegar hasta
el fondo, hasta Arnoldo Alemán. Todo lo que quieren es destruir
un hombre... ¿Por qué? Yo no te voy a decir que soy
un Moisés, un bendecido...
POCAS PERSONAS SABEN que a los once años
de edad, en 1957, Arnoldo Alemán decidió tomar los votos
de Hermano Cristiano, y se fue a hacer el noviciado a Honduras. El
tratamiento al que debió someterse por la necrosis que atacó
su fémur lo obligó a dejar la vida religiosa.

Qué casualidad, ahora el superior generalísimo
de los Hermanos Cristianos fue mi compañero, dice, mientras
hago un esfuerzo por imaginármelo en vida de celibato y predicando
la palabra de Dios. En realidad no me cuesta mucho, pues hay varios
personajes con sotana muy parecidos al doctor Alemán.
Para ese tiempo es que llegó a conocer a alguien que sería
muy importante en su vida: Daniel Ortega Saavedra, el caudillo del
Frente Sandinista.
Daniel era vecino nuestro del Barrio San Antonio. Vivía
pegado a la panadería La Rosa Blanca, de los Mendieta. Nos
veníamos (del Colegio La Salle) juntos, un grupo. Daniel venía
dos años menor que yo en clases. Aunque él es mayor,
venía dos años menor que yo (se ríe). Daniel
nace el 11 de noviembre, el mismo día de mi padre del 45, dos
meses y unos días mayor que yo. Yo nací el 23 de enero
del 46. Nos veníamos juntos y nos separábamos en lo
que fue Bicicletas Philips, él agarraba para San
Antonio.
Daniel Ortega era el jefe del gobierno sandinista cuando Alemán
cayó preso en 1980. Siete meses estuve preso. Trece de
mayo, día de la Virgen de Fátima, al doce de diciembre,
día de la Virgen de Guadalupe, recita.
Dice Daniel Ortega que nunca supo que aquel Alemán de la cárcel
era el mismo que conoció de chavalo. Alemán recuerda
con rencor el reencuentro, cuando él ya era Presidente y el
otro líder de la oposición.
Me lo recordó, cuando ya estaba abajo: ¡Ahhh,
si vos eras aquel Alemán que vivía frente al Cine Victoria!
¿Ahora sí te diste cuenta que yo era ése? No
se recordó cuando me tuvo preso, cuando me confiscó.
La vida sigue, unos suben y otros bajan...
De adolescente, Alemán no era el gordo que es ahora. No,
al revés, flaquísimo. Yo perdí mi talla cuando
dejé de fumar. ¡Yo fumaba! En 1992, recién muerta
mi mujer, mis hijos me dijeron: Ya estamos motos de madre
no queremos quedar motos de padre. El fumado es uno de
los vicios más duros.
En el kilómetro 7 1/2 de la Carretera Sur, en la periferia
de Managua, vive Sonia Sánchez, una mujer de 57 años,
morena, de porte humilde, que dice sentirse como en medio de
un sandwich. Ella es hermana de Arnoldo Alemán y esposa
de Eddy Gómez, ambos enfrentados políticamente.
No sé qué hacer, uno es mi esposo y otro mi sangre.
La ley de Dios dice que debo permanecer al lado de mi esposo, pero
también amo a Arnoldo, dice esta mujer que comenzó
su vida vendiendo en los mercados.
Sonia Sánchez se niega a relatar la historia completa de su
vida, y sólo da pistas: hija, fuera de matrimonio, de don Arnoldo
Alemán Sandoval y Lidia Bellorín, una jovencita que
lavaba y planchaba ajeno. Conoció a sus hermanos hasta los
cuarenta años. No la rechazaron.
El recuerdo que yo tengo de Arnoldo es muy bueno. Fue un hombre
que me dijo que su casa era la mía, que el dolor mío
era el de él, la alegría mía era la de él,
y que se alegraban todos de conocernos. De ellos sólo buenos
recuerdos tengo, no puedo decirle que me han hecho desprecio, me dieron
un lugar, pues es raro el hermano que acepta a un hermano que no sea
hijo de padre y madre, dice.
Alemán dice que su familia tiene agradecimiento a Sonia porque
esperó a que mi mamá muriera para presentarse ante nosotros
a decirnos que era hija de mi padre.
EL 21 DE JULIO DE 2000, la doctora Gioconda Cajina,
siquiatra del Centro de Salud Sócrates Flores de
Managua, sorprendió a Nicaragua cuando declaró públicamente
que el presidente Alemán necesitaba ayuda siquiátrica
para los trastornos de personalidad que padecía. Diez días
más tarde fue despedida.
Dos años después, la doctora Cajina me recibe en su
casa-clínica en la periferia de Managua. Nunca fue reintegrada
a su puesto pese a la batalla legal que libró, y aún
hoy, mandando Bolaños, sigue insistiendo en que los presidentes
deben tener un siquiatra entre sus asesores. Es que es demasiada
la presión, el estrés que sufren, ¿no cree?
De conversación agradable, la doctora Cajina tiene la habilidad
de colarse en la vida de su interlocutor, y en más de una ocasión
hace incursiones subrepticias en mi vida privada intentando reconocer
a quien la entrevista o, quién sabe, ganar un paciente.
Las declaraciones que le costaron el cargo, las asumió como
el deber de una nicaragüense que se sentía perjudicada
por la conducta antisocial que derivaba de la trasformación
de personalidad del presidente.
Él tiene problemas de obesidad. Es de manejo público
que vive consumiendo productos farmacéuticos para evitar engordar.
La bebida... Él apareció ebrio en televisión,
con esas características de la intoxicación por alcohol.
La persona que tiene hábitos alcohólicos cotidianos
tiende más al descontrol todavía.
Sin embargo, la doctora Cajina basa su diagnóstico en la simple
observación, en lo que dicen sus allegados, y en lo que informan
los medios. Nunca he estado ni siquiera en una reunión
con él. Es raro. Yo voy a distintas actividades y nunca nos
hemos encontrado en una reunión pública, reflexiona.
La experiencia le dice a la doctora Cajina que pocas veces es el paciente
quien llega a las clínicas a exponer su mal. La aproximación
diagnóstica se hace generalmente a través de las personas
que han sido dañadas. Familiares, amigos, compañeros
de trabajo son los que frecuentemente buscan al siquiatra y le cuentan
los hechos que pueden llevar a diagnosticar un trastorno de personalidad
antisocial, como en este caso, alega.
Nunca dijo que Alemán estaba loco. Ni siquiera que tuviese
un trastorno mental. Pero advierte que entre el trastorno de personalidad
y el trastorno mental hay un paso.
Cuando la gente descubre el trastorno de personalidad, el dañino
se va quedando solo. Esa persona se convierte en enfermo mental cuando
tiene un poquito de toma de conciencia de que es dañino, apenas
se da cuenta que la gente no lo aguanta, y al quedarse solo empiezan
los síntomas de la depresión.
Y sentencia: Autores norteamericanos dicen que las personas
que tienen estos problemas terminan en la cárcel...
Jaime Morales Carazo se molestó, cuando en julio de 2000 la
doctora Cajina soltó su atrevido diagnóstico. Esta
doctora está resentida... ¿Estás loco vos?, le
pregunté a Arnoldo, y sólo se puso a reír,
recuerda.

Sin embargo, ahora, en retrospectiva y con una amistad rota de por
medio, reconoce que había ciertos síntomas que demostraban
que la doctora Cajina no andaba tan despistada como en un principio
él creyó. Había ciertas reacciones de ira,
cosas de maldad, ciertas irracionalidades... A la hora de la crisis
se ponía como energúmeno, sin ningún razonamiento
ni nada... Este jodido se volvió loco, llegué a pensar.
El doctor Alemán se ríe nuevamente cuando le recuerdo
el diagnóstico de la doctora Cajina, y riposta con una frase
que usa para descalificar a sus adversarios. Es un onanismo
(masturbación), dice.
¿Tuvo alguna vez tratamiento siquiátrico o sicológico?
Tengo muchas vías de escape para tener siquiatras y esas
cosas, dice carcajeándose.
¿Cuáles son esas vías de escape?
Aahhh, amigo... Aprovéchelo usted que todavía
tiene los bigotes sin canear, nuevamente risas.
La doctora Cajina vaticina que en algún momento ella se va
a convertir en la mejor aliada del doctor Alemán. La
demencia la va a usar a su favor para evadir la justicia cuando le
toque estar en el banquillo de los acusados. Como Pinochet...
Si esa última jugada falla vendrá la cárcel.
¡Jaque mate!