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Elaboración de sombreros de pita, sustento familiar
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 | Los atractivos y codiciados sombreros fabricados con “pita”, en la ciudad de Camoapa, Municipio de Boaco, no sólo representan el orgullo de los artesanos, sino también una tradición que conservan desde generaciones pasadas y contribuye a la economía familiar |
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La artesanía de pita, como los sombreros que elaboran la mayoría de los artesanos, es la principal actividad económica del municipio de Camoapa. |
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Auxiliadora Martínez CORRESPONSAL/CAMOAPA departamentos@laprensa.com.ni
Trenzar sombreros de pita (palma), es arte que doña Mónica García Duarte de cien años de edad, aprendió de su mamá Luz García, desde que tenía 12 años, labor que a pesar de los años, aún realiza con destreza y dedicación.
Desde que amanece doña Mónica García, se dispone a darle forma con sus manos laboriosas a un corte de palma o pita compuesto de 12 cogollos, que después de trenzar pacientemente se convierte en un bonito y fino sombrero.
La artesana Santos Solórzano García, de 66 años, es otra de las mujeres que obtienen el sustento familiar del arte de sus manos, afirma que se dedica a la industria de los sombreros de pita, desde que era muchacha, sin embargo, lamenta que a la juventud de hoy no le guste este oficio, quien al igual que doña Mónica lo aprendió de su mamá.
SOMBREROS FINOS Y BARATOS
Reconoce que trenzar, es algo aburrido, produce dolor de espalda y acorta la vista, sin embargo, es un trabajo que realiza para sobrevivir y ayudar a su familia. “Con mi mamá aprendí a trenzar y con la venta de sombreros nos vestíamos, calzábamos y comíamos, pero ahora con los 40 ó 50 córdobas que es el precio de un sombrero rústico para varón, no se compra casi nada”, sostiene.
Solórzano García, dice que manda los sombreros a las fiestas patronales y en otras ocasiones los vende a intermediarios que le pagan entre 35 y 40 córdobas, quienes después los revenden a un precio mayor. “Los sombreros trenzados tienen más demanda que los calados y entre más fino mejor”, asegura.
FIBRA DE LA NATURALEZA
Las pioneras de la artesanía camoapense trabajan la fibra vegetal, que nace de forma silvestre la cual es procesada por los habitantes de la zona de Yalwas y Masigüe, comunidades ubicadas a unos treinta kilómetros de Camoapa, cuya materia prima es vendida en el mercado municipal a un precio que oscila entre 6 y 10 córdobas el corte o manojo.
René Salazar Flores, miembro de la pequeña empresa familiar de artesanos “Artesanía Palmata”, integrada por 22 personas que coordina su esposa Elsa Guevara Arróliga, manifestó que para evitar que se pierda esta especie se ha promovido en el municipio el establecimiento de las parcelas experimentales de validación en la zona de Río Negro, Yalwas y Masagüe, con el apoyo del organismo Cultivos en Laderas de América Latina.
Además de la elaboración manual de los atractivos sombreros, los integrantes de “Palmata”, constituida como colectivo desde 1981, tienen especialidad en la elaboración de diferentes artículos como: bolsos, paneras, alfombras, tortilleras, alhajeros y todo tipo de recuerdos para ocasiones, los precios varían desde 10 córdobas que cuesta un joyero hasta sombreros de 600 córdobas.
HERENCIA FAMILIAR
Doña Magdalena Arróliga Soza, de 76 años, reconocida artesana de Camoapa y fundadora de Palmata, inició el arte de los sombreros a los 7 años y hace dos años dejó de trabajar por motivo de enfermedad ya que una embolia cerebral, la dejó postrada en una silla de ruedas, perdió el habla y la movilidad en una parte del cuero.
Sin embargo, a pesar de su condición física, no es un impedimento para preservar la tradición de elaboración de sombreros de pita a sus hijos, nietos, sobrinos, nueras, yernos y hermanos.
Durante sus años de gloria doña Magdalena Arróliga se hizo famosa por sus artesanías e iniciativa y merecedora de numerosos reconocimientos de igual manera ocupó varios lugares en exhibiciones y eventos especiales. 
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