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MARTES 27 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22833 / ACTUALIZADA 02:30 am
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Hugo F. Castillo
blue_foxni@yahoo.com

Me parece ante todo, que es la hora de crear grandes fuerzas sociales, que permitan a la sociedad regir los destinos de nuestro país; ante el fracaso del Estado y de la llamada iniciativa privada de crear un proyecto nacional. No podemos seguir llorando ante la leche derramada tenemos que ocuparnos de organizar una alternativa nacional y popular que se haga cargo; crear un programa económico de mediano plazo y un plan de emergencia socioeconómico frente a la crisis actual, tenemos que producir ese gran viraje.

Se nos ha hablado de reducir el aparato del Estado y han terminado incautando nuestros ahorros y depósitos, autorizando la existencia de bancos que más temprano que tarde demostraron la fragilidad del sistema y la gran capacidad para estafar, autorizan universidades y centros de educación que no cumplen ni con programas, docentes de calidad, y hacen cotidianamente una estafa pedagógica no sólo para el usuario de estos servicios sino para la sociedad en general, a la que entregan un producto débilmente formado que no da respuestas a las exigencias de nuestra sociedad, nos han hablado de apertura y no se puede exportar, no existe mercado interno ni externo, y dolarizan nuestra economía sin dólares, privatizaron las empresas estatales, en función de obras de desarrollo y posibles salidas al estancamiento económico, y la pobreza ha crecido a niveles indecibles, el hambre campea señorialmente por todo lo largo y ancho de nuestra geografía. Los organismos internacionales y llamados “inversionistas”, como enormes perros siderales, se relamen el hocico ante la perspectiva de venir y murruñar nuestras osamentas.

Nada podremos hacer si no desmontamos antes, las bases de un proyecto antinacional y antisocial que se ha instaurado en Nicaragua. Muchos hablan de que existe una gran incertidumbre, yo me pregunto ¿Cuál incertidumbre? Cuando tenemos la certeza de una Nicaragua saqueada, desintegrada y a la deriva. Una sociedad enferma por una persistente campaña de desaculturación, autodenigración nacional. ¿Qué incertidumbre? Simplemente estamos en banca rota.

Es tan grande la magnitud del fracaso, que no se le puede echar la culpa a nadie en particular, todas las clases políticas y “empresariales”, así como las élites religiosas, son culpables de que seamos un remedo de nación sin Estado. Estado-Nación, dos factores sin los cuales cualquier sociedad es nada. ¿Quién le dice esto al país y al mundo?

Si no hay un gobierno capaz de convocar, se impone la autoconvocatoria de los intelectuales, los trabajadores del campo y de la ciudad, los consejos de profesionales, los colegios, las universidades que se acrediten por la calidad de sus productos hasta ahora aportados.

El punto de partida no está en discutir propuestas que le limpien el rostro al gobierno, este gobierno no será parte de la solución, es parte del problema. Hacer un programa, establecer medidas, equipos, consensuar entre todos los sectores de la vida nacional —de lo poco que nos queda— establecer un núcleo básico a partir del cual ampliar la convocatoria a los demás sectores organizados o por organizarse, ningún nicaragüense de bien deberá de ser marginado. Esto debe de darse ya, antes de que nos gane la anarquía o peor aún antes de que echen más raíces los corruptos y que esta obra de terror que estamos viviendo nos convierta en una estrella real y verdadera de otra bandera.

El autor es sociólogo-consultor, independiente.  
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