¿Asamblea Nacional contra el desarrollo del país?
Cornelio Hopmann cornelio@eready.org.ni
Ningún país del mundo se puede desarrollar, sin ahorrar e invertir lo ahorrado en forma productiva. Este ahorro es necesario no solamente por el lado del sector público sino también por el sector privado. Las estadísticas del Banco Central muestran claramente, que el sector público desde varios años ha hecho lo suyo, no así el sector privado, donde de cada dólar disponible 80 centavos y más van al consumo mientras sólo 20 hasta menos va a la inversión. Urge entonces una política económica coherente, que estimule la inversión privada nacional; salvo que desde ya los nicaragüenses prefieran dejar su economía al 100 por ciento en manos extranjeras. Atacar en estas circunstancias a las empresas nacionales formalmente establecidas equivale a atentar contra el desarrollo de la nación.
Veamos en contraste cómo la exitosa Chile por medio de la legislación fiscal desde el año 1990 estimuló la inversión productiva. Desde aquel momento, las empresas pagan un impuesto único del 15 por ciento sobre su renta efectiva, es decir, la mitad de los que pagarán en Nicaragua. Por el otro lado, los ingresos personales se gravan en forma progresiva con tasas desde 0 por ciento al 45por ciento con uno de los niveles más bajo de América Latina en evasión de impuestos.
Como en Nicaragua al parecer siempre se hacen las cosas al revés, la abrumante mayoría de la Asamblea Nacional legisló por un lado una exención poca efectiva de la Canasta Básica y por el otro incrementó en supuesta compensación el IR de las empresas nacionales del 25 por ciento al 30 por ciento.
En casi todos los países desarrollados el IR empresarial es más bajo que el IR personal, puesto que las empresas reinviertan sus ganancias como no las pueden consumir como las personas. En Nicaragua no obstante se castiga a la persona emprendedora, que invierta en el capital social de una empresa, y se premia al rentista, que sin riesgo por las garantías del estado deposita su plata en un banco. El primero no solamente se arriesga a perder todo al exponerse a la competencia del mercado sino se le cobrará además a su empresa el 30 por ciento sobre las eventuales ganancias. El segundo podrá quedarse tranquilamente en casa, consumiendo sin impuesto ninguno las rentas de su depósito a plazo.
Entonces se debería no sólo aprender de Chile en cuanto a las tasas del IR, sino extender, como ellos los hicieron, los beneficios de la ley de turismo a cualquier inversión productiva, y compensar esta extensión eliminando la excepción contraproducente del IR personal sobre las mal llamadas inversiones financieras.
Mostraremos así que Nicaragua ya no será el país donde el corcho se hunde y el plomo flota.
El autor es consultor en Informática. 
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