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MARTES 27 DE AGOSTO DEL 2002 / EDICION No. 22833 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El triunfalismo de los corruptos

El FSLN realizará hoy una manifestación pública supuestamente para respaldar la petición nacional de desaforar al ex presidente Arnoldo Alemán, a fin de que pueda ser juzgado por las acusaciones gubernamentales de corrupción.

La movilización sandinista es parte de la conmemoración de la llamada “jornada heroica de Pancasán”, un combate contra la Guardia Nacional somocista que ocurrió en agosto de 1967 en el que murieron varios guerrilleros, con cuyo aniversario el FSLN —cuando estaba en el poder en los años ochenta— pretendió sustituir la celebración nacional de las Fiestas Patrias de septiembre. En realidad, la lucha contra la corrupción es secundaria para los dirigentes del FSLN. Como ellos mismos lo han dicho, su interés principal es denunciar la “situación económica crítica, con una inversión paralizada, con una actividad económica decreciendo, un desempleo aumentando y con condiciones económico-sociales cada vez más difíciles para la población”, que según declaraciones del diputado sandinista Bayardo Arce publicadas en LA PRENSA del domingo pasado, es culpa del Gobierno actual.

Sin embargo, si bien es cierto que Nicaragua sufre una de las peores situaciones de pobreza que hay en Hispanoamérica —causada o al menos agravada por los regímenes dictatoriales y corruptos que hubo en el pasado, incluyendo al sandinista— lo que ha ocurrido desde que comenzó la lucha gubernamental contra la corrupción, a principios de este año, es que el país ha captado unos trescientos millones de dólares en nuevas inversiones, que han significado muchos empleos productivos. Y si en el sector público ha habido despidos es porque se eliminaron los cargos y empleos fantasmas que inventó el gobierno anterior.

Si los dirigentes del FSLN estuvieran sinceramente interesados en respaldar la lucha contra la corrupción, concentrarían sus fuerzas en este objetivo y no las dispersarían en mil propósitos distintos. Pero es obvio que sólo les interesa sacar provecho de la bancarrota política y moral en que ha caído su principal adversario electoral, el liberalismo, debido a la corrupción, de la cual el mismo FSLN es culpable, y no sólo porque cuando estuvo en el poder perpetró una de las operaciones de corrupción más espectaculares de toda la historia nicaragüense, como fue la piñata sandinista, sino también porque el pacto de Daniel Ortega con Arnoldo Alemán fue lo que colocó a éste en la situación de impunidad en que se encuentra ahora.

El FSLN aparenta apoyar la lucha contra la corrupción y dice tener dispuestos sus 38 votos parlamentarios para desaforar a Alemán, pero al mismo tiempo usa la influencia política que tiene en el Poder Judicial para enredar el proceso contra los corruptos, y prácticamente sentar en el banquillo de los acusados a todos sus adversarios liberales, inclusive al Vicepresidente de la República, a fin de “demostrar” que el sandinismo es la única alternativa que le queda al pueblo para tener un buen gobierno.

Eso es lo que explica el triunfalismo de los arnoldistas, quienes parecen estar seguros de que los sandinistas no van a dar todos sus votos para desaforar a Alemán. Y por eso se burlan de la estrategia que ha seguido el Presidente Bolaños en su lucha contra la corrupción, pues, según lo dicho por el secretario arnoldista de la Asamblea Nacional, René Herrera, en un artículo publicado en LA PRENSA el sábado anterior: “Los sandinistas no son tontos ni son locos. Y nosotros tampoco lo somos”.

Pero los corruptos no deberían cantar victoria antes de tiempo. No todos los diputados liberales son corruptos ni incondicionales absolutos de Alemán, y pueden todavía reivindicar su propia dignidad, responder a los intereses del pueblo que dicen representar y hacer algo positivo para salvar a su propio partido. Además, la presión popular e internacional para que se juzgue y condene a los corruptos es tan poderosa, que hasta podría doblegar los compromisos políticos que pudieran tener las personas encargadas de administrar la justicia en este caso.

Y si a pesar de todo los corruptos lograran quedar impunes, el derrotado no sería el Presidente Bolaños, como dicen los arnoldistas, sino el pueblo que es la verdadera víctima del inmenso latrocinio del gobierno anterior. En todo caso, Bolaños ya ganó moralmente esta histórica batalla contra la corrupción.  
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