Construir para destruir
Juan Martínez Rojas
Como autóctono chinandegano, siento un coraje cuando se presenta en nuestro departamento Daniel Ortega, trae a mi mente el triste recuerdo de dos calamidades: una del pasado y la otra del presente.
Del pasado: En julio de 1979 Chinandega fue el nervio y motor de la economía nacional porque dispuso de 200 mil manzanas de algodón (hoy ociosas); 12 desmotadoras; 2 ingenios azucareros; que gracias a sus inversionistas están recuperando su capacidad productiva.
Vivíamos dentro de un ordenamiento que nos garantizó las 24 horas del día libre de circulación sin temor a ser asaltados, robados o asesinados.
No supimos de códigos de la niñez, como el actual, que no es otra cosa que licencia para robar y matar en manos de adolescentes, hijos de padres irresponsables y en ocasiones encubridores.
El ingeniero Bolaños, debe amarrarse los pantalones, de lo contrario en su presente mandato, él también fracasará.
Del presente: El Club de Obreros de Chinandega que nada tiene que ver con la Ley 85, aún permanece en poder del sandinista José Francisco Grádiz, quien lo alquila al propietario de la Clínica Médica particular “La Consulta”, recibiendo mensualmente mucho dinero. ¿Este dinero pasa al partido sandinista? O ¿es negocio redondo de don Francisco? En todo caso es un acto corrupto que exige inmediata devolución del club a sus dueños; además que lesiona la imagen del partido y deshonra a la persona de don Daniel. 
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