De roquero a tenor
Emilio Zambrana revista@laprensa.com.ni
Es hijo del líder del FSLN, Daniel Ortega Saavedra y de la poeta Rosario Murillo, quien fungiera en la década de los años 80 como Secretaria General de la Asociación Sandinista de Trabajadores de la Cultura, ASTC. Se trata de Laureano Facundo Ortega Murillo, de 19 años, tenor en ciernes que trata de establecerse como un artista alejado de asuntos partidarios, pese a sus vínculos de sangre.
Ortega Murillo no siente que llevar ambos apellidos de dos personas que ostentaron el poder a raíz del derrocamiento de la dictadura de Anastasio Somoza, sea un estigma en su ejercicio artístico, por los aspectos negativos que aún critican sectores de la sociedad nicaragüense en la conducción de dicha revolución y las decisiones que tomó Ortega cuando perdió el poder en 1990. “La personas me valoran por mi esfuerzo y mi trabajo artístico”, dice sin ambages, tras asegurar que la valoración que hacen algunos especialistas en música se vea influenciada por el hecho de ser hijo del todavía poderoso dirigente sandinista.
Entrevistado por LA PRENSA, el novel tenor en proceso de formación, sostiene que el arte no tiene colores políticos ni partidarios y que siente pena porque ahora la cultura en Nicaragua “está más acorralada que nunca porque muy pocas personas e instituciones le prestan la atención que requiere”.
LA PRENSA:¿Cómo se registra tu primer contacto con la música lírica?
Laureano Ortega Murillo:Bueno, realmente yo no tengo un contacto directo ni una búsqueda por experimentar ese tipo de música. Es, por esas ironías de la vida, que a través de la música rock, yo me inicio en este género musical.
LP: De rockero a tenor, ¿cómo experimentas esa metamorfosis? ¿Te gustaba ese tipo de música?
L.O.M.: Realmente es un cambio brusco. No es que me gustara esa música, pero mi profesor comenzó a llevarme obras de canto barroco y por allí comenzó el asunto. Pero al inicio mi hermano Juan Carlos y yo teníamos un grupo de rock llamado “Ciclo de Luna”, en el que yo tocaba la batería. Pero también recibía clases de música en mi casa, de allí que poco a poco me fuera interesando en la música lírica hasta que un día empecé a tomar clases para afinar mi voz con el profesor Alberto San José, quien al escucharme por primera vez me dijo que tenía potencial.
LP: ¿Qué edad tenías cuando incursionaste en la música? L.O.M.: Cifraba los 16 años de edad y estudiaba el quinto año de bachillerato.
LP: El pasado 19 de julio, interpretaste el “Ave María” y “Amiga Mía” cuando se celebraba el 23 aniversario del triunfo de la revolución sandinista. Estabas frente a un amplio auditorio. Una plaza abarrotada de gente. ¿Tu actuación podría interpretarse como una participación política debido a tus vínculos? L.O.M.: Realmente no. Yo creo que el arte trasciende cualquier interpretación partidista. Lo importante es el arte, la cultura, la música. Al comienzo de mi participación sentí nervios con una mezcla de asombro de estar frente a una multitud que escuchó y aplaudió mi arte. Eso me gustó... la gente estaba atenta a mi canto y no a mi apellido. Por ejemplo, al cantar el “Ave María”, que es un canto de esperanza, la gente se emocionó. Eso yo lo pude ver y sentir. Nadie me puede decir que estaban obligados a escucharme y que les gustara mi participación.
LP: Pero, más de alguna persona pudo pensar que estabas parcializando tu arte. L.O.M.: Yo sentí que la gente valoró mi participación, porque yo no canté para un partido político, sino para las personas que en la plaza se congregaron... canté para todos los nicaragüenses. Mi canto no está parcializado. Mi canto es universal como las piezas de los artistas que interpreto.
LP: ¿No te molesta o no te incomodaría que más de alguna persona al referirse a vos lo hiciesen como “hijo de” y no como “Laureano el tenor”? L.O.M.: Fijate que no, porque en primer lugar, las personas me valoran por mi esfuerzo y mi trabajo. No he escuchado a nadie referirse en esos términos, incluso, en los lugares donde me he presentado junto con el Grupo Lírico de Nicaragua, luego del evento cultural, me van a felicitar a mí y a mis compañeros, incluyendo personas que no sabían de mi familia. Yo estoy convencido que nada tiene que ver lo uno con lo otro si uno es bueno y se esmera por triunfar. No me preocupa que piensen que soy hijo de fulano... que me valoren por mi voz, porque yo sé que tengo talento.
LP: ¿Cuáles son los artistas y piezas musicales que elegís a la hora de tus interpretaciones? L.O.M.: Me gusta Ernesto Leucona y su “María de la O”; “La Donna innmovile” de Rigoletto; “Lamento de Federico”, de Cilea, que es una pieza musical muy emotiva, y también música de Verdi, Puchinni y Mozart. En fin, canciones napolitanas que en este género todas son bellas.
LP: Además de la batería, ¿qué otros instrumentos ejecutás? L.O.M.: Un poco de piano y guitarra.
LP: ¿Cuáles son tus propios mecanismos que imponés para formarte como tenor? L.O.M.:Primero que todo es la disciplina con las clases. Luego el respeto que debo tener con el sentir del autor de la obra, aunque podés hacer ciertos cambios. Hay que sacrificarse para buscar la excelencia.
LP: ¿Qué pasa con tu vida privada: fiestas? L.O.M.: Eso entra en el factor de los sacrificios que tenés que hacer. No podés fumar ni trasnochar. Después de una noche de fiesta es imposible que pueda afinar mi voz para brindar lo mejor de mí en una actividad. Por eso es importante para mí, que esto te tiene que gustar... sentir amor por la música. Si te gusta, lo vas a hacer bien, si lo hacés con seriedad.
Toda la semana tengo clases de vocalización con vocales y consonantes, haciendo combinaciones y 3 días a la semana hago repertorio con las piezas. Y si trasnocho, después pago las consecuencias.
LP: Y tus padres, es decir, Daniel y Rosario, ¿qué te han dicho del quehacer artístico que elegiste? L.O.M.: Ellos lo que me dijeron es que no descuidara mis actividades rutinarias.
LP:¿Cuáles son tus proyectos? L.O.M.: Me gustaría incursionar en el mercado de la música lírica a nivel internacional, hacer presentaciones en teatros europeos... en teatros importantes del mundo artístico. Pero a nivel nacional, a corto plazo es difícil llegarle al público. Primero por la poca tradición y luego por los costos de las presentaciones. 
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