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LUNES 29 DE ABRIL DEL 2002 / EDICION No. 22713 / ACTUALIZADA 1:00 am
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¿Requiere usted privacidad financiera?

Richard Rahn*

WASHINGTON (AIPE).— Si usted no ha hecho nada malo, no es narcotraficante, delincuente ni terrorista, ¿por qué le va a importar quién ve sus cuentas bancarias, sus transacciones de tarjetas de crédito y sus declaraciones de impuestos? Ése es el argumento que nos presentan quienes quieren eliminar toda privacidad financiera. Suena bien, hasta que usted se pone a pensar en las consecuencias.

Quienes pretenden acabar con nuestra privacidad financiera no son miembros de algún grupo radical sino que pertenecen más bien al establishment internacional y pretenden establecer una organización impositiva mundial, la Fuerza Operante de Acción Financiera (FATF, por sus siglas en inglés).

Ésta y otras organizaciones proponen que se intercambie entre los gobiernos toda la información financiera de personas y empresas, acabando con la privacidad. Además, quieren “armonizar” los impuestos, obligando a los países que tienen tasas impositivas bajas a igualarlas a los países de altos impuestos.

Es cierto que eso le dificultaría la vida a gente mala, a mafiosos, narcotraficantes y lavadores de dinero, pero si examinamos las consecuencias de acabar con la privacidad financiera y con la competencia en impuestos viviremos entonces en un mundo mucho menos seguro, mucho menos próspero y mucho menos libre.

Es evidente que si se elimina la privacidad financiera, ciudadanos que obedecen las leyes, al igual que las empresas de todas partes, estarán en peligro que su información confidencial llegue a manos de regímenes corruptos y hasta de terroristas que utilizarán esa información para asaltar, extorsionar, secuestrar y asesinar.

Esa misma información puede también ser mal utilizada con propósitos políticos, comerciales, impositivos, etc. La mayoría de los habitantes del planeta viven bajo regímenes que no respetan los derechos fundamentales ni la libertad individual, disparándose de esa manera el riesgo para gente inocente.

Debemos tomar también en cuenta que compartir la información confidencial con otros países reduciría la inversión privada extranjera en Estados Unidos y que la competencia impositiva es necesaria para lograr cierta disciplina fiscal por parte de los gobiernos y para evitar que con impuestos confiscatorios se paralice el crecimiento económico. Por eso, cualquier restricción a la competencia impositiva debe ser rechazada de plano. Además, un grupo extranjero no tiene el derecho a decirle a un país soberano cuáles deben ser sus políticas de confidencialidad financiera ni sus políticas impositivas.

En Estados Unidos mismo tenemos experiencias negativas respecto a la recolección de grandes cantidades de información sobre gente, en su gran mayoría, inocente de todo delito. Las autoridades norteamericanas habían hecho un informe sobre las actividades del terrorista Mohamed Atta, pero dicho reporte estaba enterrado bajo millones de informes referentes a gente inocente, por lo que no se encontró sino meses después del 11 de septiembre.

La historia del siglo XX nos comprueba que muchas más personas han resultado víctimas de gobiernos maléficos que de manos de delincuentes y criminales individuales. Sin el derecho a la privacidad, cualquiera puede convertirse en víctima de ladrones y extorsionistas, como también de gobiernos déspotas o de burócratas corrompidos en países democráticos.

Poner a todo el mundo en peligro es un precio demasiado alto para apresar a unos pocos criminales o terroristas. Benjamín Franklin nos advirtió que “aquellos dispuestos a entregar libertades esenciales para obtener un poco de seguridad temporal no se merecen estar seguros ni tampoco ser libres”.

* El autor es presidente de Novecom Financial y académico asociado del Cato Institute.
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