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LUNES 29 DE ABRIL DEL 2002 / EDICION No. 22713 / ACTUALIZADA 1:00 am
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El síntoma de Francia

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Douglas Carcache
douglas.carcache@laprensa.com.ni

BARCELONA.- La Unión Europea (UE) tendrá que decidir pronto si es conveniente expulsar a los inmigrantes indocumentados o regular su inserción en la economía, para terminar con la percepción de inseguridad que crece entre los habitantes de sus 15 naciones asociadas.

El síntoma de una crisis política, originada por el ingreso constante de inmigrantes indocumentados, es palpable tras la primera ronda de las elecciones presidenciales de Francia, donde un candidato de la extrema derecha, Jean Marie Le Pen, sacó de la competencia al socialista y primer ministro Lionel Jospin.

Lo peligroso es que si Le Pen gana la presidencia el próximo mes, puede sacar a Francia de la Unión Europea y provocar un terremoto en la región, porque la república francesa tiene una economía fuerte y de sus aportes dependen los estados más pobres.

Le Pen ganó más del 17 por ciento de los votos con un discurso racista, insistiendo en que la inseguridad es consecuencia de la inmigración, que para él los franceses serán primero, que sacará a los indocumentados y abolirá la ley de reunificación de las familias.

Aprovechó el malestar de ciudadanos que han conseguido mucho bienestar y temen perderlo si aumenta la llegada de extranjeros. En Francia hay más de tres millones de inmigrantes y el sistema de estadísticas de la UE, Eurostat, detectó a finales del año pasado que el 91 por ciento de los europeos piden “preservar la paz y la seguridad”.

Algo parecido sucedió en Amsterdam, hace pocas semanas, cuando el político Pim Fortuyn hizo campaña contra la inmigración, repitiendo que “Holanda está llena”, y así consiguió un tercio de los escaños del ayuntamiento.

En España, los socialdemócratas están preocupados con el surgimiento de Le Pen y proponen darle más bienestar a la población, que haya más riqueza colectiva. “Todos los partidos, tanto de izquierda como de derecha, deben reflexionar sobre los problemas de inseguridad e inmigración”, dijo el alcalde de Barcelona, Joan Clos, en su primera reacción pública.

Según una encuesta de la empresa Opina, divulgada aquí la semana pasada, el 26 por ciento de los habitantes de la región española de Cataluña creen que el problema que más les afecta es la inmigración.

Le pregunté a Clos qué debe hacer el gobierno español con los indocumentados y sugirió una amnistía. “Si están aquí (los inmigrantes) es porque hay demanda; lo que hay es trabajo, legal o ilegal”, afirmó. “Si no hubiese trabajo, la gente no vendría; y no sería correcto que los echemos y luego traer a otros, porque la patronal pide más inmigración”.

La Unión Europea trata este año de tener una legislación única para el tratamiento de la inmigración, pero ahora debe tener el cuidado de que, ante todo, transmita confianza a la población autóctona sobre el bienestar futuro.  
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