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LUNES 29 DE ABRIL DEL 2002 / EDICION No. 22713 / ACTUALIZADA 1:00 am
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Psicología y corrupción

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Ximena Barreto Chamorro*

“Mire doñita aquí donde me ve … yo pobre pero honrada; el poder corrompe; sí roba, pero también hace obras, con tal que haga algo”...

Guiándome por la voz popular, el decir de la gente en la calle, me propuse encontrar el sitio emotivo y racional donde se nutre y se alimenta, la conducta y la actitud corrupta. Esta ruta explorada que a la vez es reflexión y deseo de cambio para todos nosotros, la escribo con sentido de esperanza.

La personalidad extrovertida de los nicaragüenses nos hace comunicar con facilidad nuestras emociones, nuestros valores, expresar qué premiamos y qué castigamos en nuestro diario vivir; como por ejemplo la honradez, valor que se mantuvo en el habla popular por años, señal de opción por la paz interior.

Por muchos años este hablar, ha sido para miles, consistente con su forma de pensar y con lo que hacen. No habiendo ruido entre sus valores y sus acciones; su estructura interna dirigida por principios claros, su energía canalizada bajo esa guía, como modelo de vida.

Paralelamente, hay otros grupos, minoritarios, que rompen esta consistencia y empiezan a gozar de los pequeños premios —permisos que reciben. Y surge en ellos la contradicción. Chocan sus principios y sus acciones “no debo aceptar los rialitos, pero en fin a nadie le hago daño” y surge también la necesidad de justificarse ... y es entonces que se empiezan a oír cosas como ... “sí roba, pero hace”... el ruido de la inconsistencia entre pensamientos, palabras y acciones.

La disonancia cognoscitiva empieza a funcionar. El ruido de la contradicción lo empiezo a oír a distancia, me deja de molestar, porque el premio que recibo es mayor, o por mi “impotencia” ante la realidad... y justifico y justifico, hasta que mi discurso se vuelve coherente con mi pensamiento, y ya dejo de justificar pues ya estoy creyendo, ya mi pensamiento nuevo (y corrupto) es parte de mí y está alineado con mi palabra y con mis acciones. Se terminó la disonancia... soy una persona feliz y corrupta ... pero coherente, ya no siento el ruido.

El pensamiento sigue su curso ... “de todos modos, a los tontos ni Dios los quiere, yo no soy tonto simplemente veo oportunidades donde otros no las ven y las aprovecho”...

Mientras tanto el otro grupo sigue pensando, el poder enamora y corrompe, y a la larga castiga. Y pone en línea su pensamiento, su palabra y su acción y lucha, habla y actúa. Y es modelo, da testimonio, mantiene abierto el camino. Es coherente y no es corrupto.

La lucha está ahí en lo más interno de nosotros, todos oímos el ruido y sentimos la incomodidad de la contradicción, todos tenemos la opción de apagar el ruido, de justificar la molestia, de aceptar los premios que son halagadores, las recompensas inmediatas que son atractivas, y volvernos corruptos.

O por el contrario, como es el caso de miles que han optado por la paz interna, y orgullosamente concluyen: “mire doñita, yo aquí donde me ve, pobre pero honrada”.

¿En qué grupo quiero poner yo mi voluntad, mi pensamiento y mi acción?

* La autora es psicóloga, consultora y catedrática.
ximena@ibw.com.ni  
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