Terremoto destruyó Mateare hace 47 años
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 | El silbato del tren anunció a los mateareños que debían dormir esa noche que nunca olvidarían |
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ésta es la portada de LA PRENSA del tres de mayo de 1955, que anunciaba como primera noticia el sismo de Mateare. |
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Moisés Martínez moises.martinez@laprensa.com.ni
Era abril de 1955. Mateare era entonces un pueblo sin barrios e iluminado sólo por la luz de las velas, cuando fue asolado por lo que sus habitantes llaman “El terremotito”.
Hoy, a casi 50 años de este fenómeno que paralizó los corazones de los mateareños la noche de un 29 de abril de 1955, algunos de sus habitantes recuerdan confusos este hecho, que a menudo —debido al inexorable maltrato que tienen los años con la memoria humana— confunden con un aluvión que azotó al pueblo unos meses después.
Esa noche, doña Alicia Zamora dormía plácidamente. El silbato del tren de las siete de la noche había decretado que era la hora de dormir en el pueblo.
La señora Zamora, en ese entonces de 15 años y “solterita”, como ella misma dice, dormía tranquila y en calma, en una época cuando ni la radio o la televisión eran los personajes predominantes de las noches nicaragüenses.
“Recuerdo que estaba acostada tranquila, cuando de pronto sentimos el gran levantón y un ruidaje enorme. Nos salimos asustados, y miro que el temblor había botado la pared de mi casa y la de la casa de al lado. Ya era tarde, casi la medianoche. Ese temblor le botó la casa a varias gentes de aquí”, nos relató.
“Creo que nos agarró a todos dormidos. Como no había radio ni ‘tele’, uno se acostaba temprano, cuando se oía el silbato del tren de las siete de la noche. Me acuerdo que el terremotito también removió las tejas de la iglesia que mi papá había ayudado a poner al padre Chema”, narró.
HECHO NOTICIOSO
Don Alejandro Bolaños, también habitante de generaciones en Mateare, nos relató que esa noche él se encontraba en Managua por asuntos de trabajo.
“Cuando supe, me vine en carrera porque mi señora y mi hijo de dos años estaban aquí. A mí me botó toda la pared de la casa, así que tuve que irme a vivir enfrente. Por suerte, nadie se murió con el terremotito, sólo fue un gran susto y varias casas que se cayeron”, narró el señor Bolaños.
En esa época, el redactor y fotógrafo de LA PRENSA, Agustín Fuentes, fue a Mateare para informar sobre los daños y afectados por el terremoto, y sobre ese punto, Bolaños relató una historia interesante.
“Hombré, me acuerdo que aquí vino un periodista de LA PRENSA para ver lo que pasó y le tomó fotos a mi mujer con unos niños, entre ellos mi hijo de dos años, en la que se mira una casa botada y esa foto salió publicada”, comentó Bolaños.
En efecto, en una pared de este periódico cuelga la portada de LA PRENSA del tres de mayo de 1955, en la cual se puede apreciar una difusa foto de Fuentes de una señora con varios niños adentro de una casa destruida por el sismo.
EL ALUVION
Muchas cosas sucedieron en Mateare después del “terremotito”. Tiempo después, un aluvión se desató en el pueblo, destruyendo muchas casas y provocando una grieta que lo dividió en dos, la cual todavía se mantiene.
Algunos ancianos que LA PRENSA consultó sobre el “terremotito” recordaban más el aluvión que el sismo en sí. Tal vez por el hecho de que el aluvión trajo una pequeña bonanza económica al pueblo, debido a la cantidad de leña que produjo y que los mateareños aprovecharon para vender.
Pero siempre en sus mentes, esparcido por sus rincones, se encuentra el recuerdo del “terremotito”. Y en algo en lo que todos los consultados concuerdan, es que este fenómeno se dio en un tiempo en que Mateare era más tranquilo, todos sus habitantes se conocían y el tren decía a qué hora había que dormir. 
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