Para vivir más, el cuerpo humano tendría que cambiar
 | Para resistir el desgaste de la longevidad, el ser humano debería ser una criatura de cuerpo rechoncho, cuello fornido y piernas que se doblaran hacia atrás en lugar de hacia delante, sostienen algunos cientificos |
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EFE
WASHINGTON.- Para vivir cien años o más de media, el cuerpo humano debería ser más pequeño, modificar sus articulaciones, ojos y orejas, y desarrollar en sus células sustancias especializadas en la caza y captura de toxinas.
Las más avanzadas teorías científicas reconocen que el cuerpo es una hermosa “máquina viviente”, pero no ha sido diseñada para durar siempre y tiene grabada a fuego, tanto por dentro como por fuera, su fecha de caducidad.
John Wilmoth, un experto en demografía en la Universidad de California (EE.UU.), sostiene que se puede superar la barrera de los 120 años —de la cual sólo se conoce una persona que la haya franqueado— y que cada decenio que pasa se vive un año más.
En cambio, Jay Olshansky y otros científicos de la Universidad estadounidense de Illinois, sostienen que para resistir el desgaste de esa longevidad, el ser humano debería ser una criatura de cuerpo rechoncho, cuello fornido y piernas que se doblaran hacia atrás en lugar de hacia adelante.
Ni los ojos ni los oídos, ni la caja torácica o la columna vertebral, ni siquiera los vasos sanguíneos que tenemos, están adaptados para soportar una vida tan larga, afirmó Olshansky en un artículo publicado en la revista Scientific American.
ESTRÉS ES CLAVE EN EL ENVEJECIMIENTO
Simon Melov, un bioquímico del Instituto Buck de Investigaciones del Envejecimiento, en California, ha comprobado que el cuerpo humano tiene también complicados problemas a escala molecular.
“Hay pruebas claras que indican que el estrés oxidante dentro de las células desempeña un papel clave en el envejecimiento”, señaló a EFE el investigador.
El proceso de conversión del oxígeno en energía, que tiene lugar en la mitocondria celular, deja un residuo tóxico, los radicales libres, que si no se elimina, contribuye a la destrucción de todo el sistema, opina Melov.
En sus investigaciones, el científico se ha dedicado al desarrollo de sustancias para desintoxicar las células, una especie de “rastreadores” que detecten las toxinas y los radicales libres y los engullan para hacerlos desaparecer.
La teoría de los “radicales libres” es una de las que explican el mecanismo del envejecimiento a escala molecular. Otra teoría sostiene que, a medida que envejecemos, el sistema inmunológico falla y deja de reconocer las células del cuerpo humano como propias, lo que desencadena un ataque suicida que es claramente perceptible en las articulaciones.
“SECRETO DE LA VIDA” NO HA SIDO DESCUBIERTO
Hay científicos que sostienen, en otra de las teorías manejadas, que las veces que respiramos o late el corazón están contadas de antemano, y mantienen la antigua idea de que existe un número “finito” de “sustancias vitales” que, una vez consumidas, dan paso al envejecimiento y la muerte.
Para la bioquímica, la clave del envejecimiento parece estar en los telómeros, las terminaciones de los cromosomas, cuyo acortamiento dispara la orden de muerte en las células.
Los científicos creen que si logran intervenir sobre este proceso, quizás puedan alargar el ciclo vital de las células y prolongar la vida de las personas.
Shirechiyo Izumi, de Japón, vivió 120 años y 237 días hasta su fallecimiento en 1986, lo que lo convierte en la persona más longeva de la que se tiene constancia.
Las investigaciones sobre las costumbres o los hábitos alimentarios de las personas centenarias no han descubierto, hasta ahora, dónde radica el “secreto de la vida”. 
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