Nada personal
Inmigrantes asidos a la fe
Douglas Carcache douglas.carcache@laprensa.com.ni
ROMA.- El papa Juan Pablo II pidió a los inmigrantes latinoamericanos que refuercen su fe, mientras en Europa crece la posibilidad de que más de tres millones de personas sean repatriadas por estar indocumentadas.
En un mensaje a los latinoamericanos residentes en Roma, el Santo Padre dijo el sábado que “el cansancio y el desánimo de quien se siente oprimido, débil e indefenso, encuentran alivio en el encuentro de fe con el Señor”.
Las 15 naciones de la Unión Europea (UE) decidieron empezar a expulsar a los inmigrantes sin residencia, de diferentes continentes, debido a que cada año entran a la zona unas 500 mil personas en busca de trabajo y una vida más segura.
Durante el año 2000, los gobiernos de la UE ordenaron sacar a más de 367 mil inmigrantes, pero los informes de Bruselas, sede del Poder Ejecutivo de la Unión, señalan que las 15 naciones necesitan 1.4 millones de trabajadores extranjeros para mantener su nivel productivo.
Hasta el 2000 sólo se habían inscrito unos 800 mil inmigrantes, poco más de la mitad de los que necesita esta región europea, más ahora que la UE está empeñada en ser más competitiva en todo el mundo.
Aunque parece contradictorio, mientras los gobiernos europeos cierran las puertas a los inmigrantes, los empresarios se quejan de que falta fuerza laboral y el empleo indocumentado crece.
En España los sindicatos afirman que unos 300 mil indocumentados están laborando, recibiendo pagos inferiores, lo que atribuyen a una estrategia solapada para bajar los costos de producción en una nación que necesita competir más dentro del mercado europeo.
España es uno de los países con menos ingreso de inmigrantes, comparado con el resto de la UE, ya que Alemania, Italia y el Reino Unido son los que recibieron el 70 por ciento de los que entraron durante el 2000, según informes de la unión.
Los 15 gobiernos de la UE se pondrán de acuerdo después de julio para hacer una legislación común frente a un problema que temen se les vaya de las manos, sobre todo porque han crecido las redes de traficantes que cobran hasta seis mil dólares por meter a una persona en estos países.
El Vaticano ha hecho gestiones ante gobiernos y organismos internacionales a favor de los emigrantes, señalando que es un derecho elemental del ser humano tener un trabajo y poder moverse con libertad para ganarse el sustento, pero mientras las condiciones económicas sean desfavorables para ellos, sólo pueden poner su fe en las palabras de Jesucristo: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré”, como les recomendó el Papa hace dos días. 
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