Cómo lograr mejores salarios
Jorge Salaverry jorgesal@cablenet.com.ni
La semana antepasada vi por televisión una entrevista que le hicieron a una persona que trabaja en el Centro Humboldt. El joven había llegado al Canal 2 para anunciar que al día siguiente se inauguraría en el Instituto de Historia de Nicaragua, de la UCA, una exhibición de fotografías con el tema de la industria maquiladora. Decidí asistir, porque siendo un aficionado del arte fotográfico, asisto a las exhibiciones cada vez que puedo.
Esta vez no pude estar presente en la inauguración, como me hubiese gustado, pero la visité posteriormente. Creo que había unas 16 fotografías, si mal no recuerdo, y algunas me parecieron muy buenas, pero, a decir verdad, no vi en ellas la explotación de los trabajadores que el joven entrevistado insinuó que veríamos. Lo que aprecié, en todo caso, fue a trabajadoras en su mayoría, ganándose la vida dignamente con el producto de su esfuerzo. Pero los mensajes impresos al pie de las fotos me confirmaron lo que sospechaba: que la exhibición fue montada con el propósito de crear una mala imagen de la industria maquiladora. Y si esa era la intención, al menos conmigo no lo lograron.
Así, por ejemplo, uno de los mensajes decía: “La subcontratación maquilera como subsistema de la maquila formal comparte la misma lógica: obtener altos niveles de rentabilidad y capital por la vía de la sobreexplotación de la fuerza de trabajo”. El mensaje es claro: la maquila es explotación. En otro se leía: “Los trabajadores del sector informal de la maquila son subcontratados para realizar costura a mano. El 90 por ciento de estas subcontrataciones son mujeres”. Y en otro: “Los hijos (as) de las trabajadoras de la maquila en el hogar a menudo ayudan a su madre a terminar el pedido”. Estos mensajes, aunque pretendiendo ser subliminales, no dejan también de ser claros: las mujeres y los niños son explotados por la maquila.
Pero yo me pregunto: ¿es cierto eso? Y la respuesta que me doy es: no. Es cierto que los dueños de las empresas maquiladoras ganan dinero, y de seguro que bastante, pero eso no significa que estén explotando a los trabajadores con el salario que pagan. Lo que en realidad sucede es que la oferta de mano de obra en Nicaragua es tan grande, y la demanda tan poca, que el precio de la misma tiene que ser relativamente bajo. Los empleadores saben bien que pueden obtener trabajadores con el salario que ellos pagan. Ningún empleador, en ninguna parte del mundo, paga más allá de lo que tiene que pagar para conseguir mano de obra. Y eso no es explotación; es simple lógica y economía básica.
La explotación se da en los lugares donde el único patrono es el Estado y en donde la gente está impedida de emigrar; como en Cuba, por ejemplo. León Trotsky decía que en los países donde el único patrono es el Estado, el viejo principio, “el que no trabaje no comerá” es reemplazado por el de “el que no obedezca no comerá”. Pero en países libres, como en Nicaragua, cabe siempre la posibilidad de emigrar en busca de trabajos mejor remunerados. Y de hecho muchos compatriotas emigran a otros países donde saben que pueden ganar mejor. ¿Y por qué es así? ¿Será que los empleadores de esos países son más “justos” que los de aquí y que por eso pagan mejor? De ninguna manera. La razón es que siendo países más productivos, han llegado a alcanzar un estándar de vida superior al nuestro, y habiendo una escasez relativa de mano de obra para ciertos trabajos, los empleadores tienen que pagar más de lo que se paga aquí, incluso por el mismo tipo de trabajo.
Para el Centro Humboldt, y para muchas otras ONG que tienen sus fuentes de ingreso en el exterior, es muy fácil ponerse en el plano de redentores y hacerse pasar como defensores de los trabajadores, aunque son incapaces de presentar una alternativa razonable y viable a lo que ellos consideran explotación. Los bajos salarios en la industria maquiladora y en cualquier otra industria o actividad sólo tienden a subir en la medida en que se incrementa la demanda de mano de obra. Para eso se requiere que se establezcan más maquiladoras y más empresas nacionales y extranjeras. Cuando éstas sean muchas y tengan que competir por la mano de obra, no les quedará más que pagar salarios más altos. El resto es puro cuento.
El autor es miembro del Consejo Editorial de la Prensa y catedrático de la Universidad Thomas More. 
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