Agradecimiento
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Entregó todo a Dios de la forma más delicada y tierna. Su fe le ayudó a soportar con amor la voluntad del Señor y fue capaz de recibir a la hermana muerte cantando y alabando al Señor.
Con una apacible mirada recogió a todos en su seno, un dulce rostro que recibía a todos los que le acercaron.
Unos oídos atentos dispuestos a escuchar penas y alegrías. Un corazón manso y un alma clara y limpia donde cualquiera podía reposar. Una vida sencilla sin ninguna complicación.
Silenciosamente generosa con su prójimo.
Si Dios la apartó de nuestro lado, es que podemos prescindir de su presencia física, pero nunca de sus sabios consejos, enseñanzas y sobre todo de su vida ejemplar.
¡Gracias, Dios mío! Por habérnosla permitido todo este tiempo.
Sus familiares con mucho gozo agradecemos a nuestro Padre Celestial, por darnos como madre, hermana, amiga, tía, abuelita, a su hija: Cándida Rosa.
Ella fue nuestro mejor regalo.
Lo mejor que nos pudo suceder.
Agradecemos a familiares, amigos, hermanas de la Orden Franciscana Seglar por el cariño, respeto y consideración que le demostraron durante su vida activa, durante su enfermedad, en el tránsito y aún después en su recuerdo.
¡Qué dulce es acoger a la hermana muerte, cuando se ha vivido para amar a Dios!
Gracias, gracias.
Nunca lo olvidaremos.
Recibimos con amor su ofrenda.
Que el Señor al contemplar su noble, abnegada y ejemplar misión en este mundo, le obsequie la vida eterna y la paz del amor divino.
Paz y Bien
Familia Altamirano Escobar 
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