Perfil de Khannouchi
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En la capital británica Khalid Khannouchi exhibe su magistral obra reflejada através de un cronómetro electrónico. |
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José Antonio Diego EFE
MADRID.- Khalid Khannouchi, cuarto de los ocho hijos de Mohamed, un entrenador de fútbol en la ciudad marroquí de Meknes, se ha convertido, con su segundo récord mundial de maratón (2.05:38) en la expresión más acabada del maratonista en estado puro, del especialista en carreras sobre asfalto.
El maratón, la carismática prueba de 42.195 metros, acostumbra a ser un refugio muy bien remunerado para atletas de fondo cuyo periplo en las pistas comienza a extinguirse, como el español Abel Antón (doble campeón mundial), la británica Paula Radcliffe, debutante victoriosa en Londres, o el propio Haile Gebreselassie.
Para Khannouchi, por el contrario, el maratón lo ha sido todo. Cuando en 1993 consiguió el título mundial universitario de 5.000 metros en Buffalo (EEUU), tomó dos decisiones que habrían de cambiar su trayectoria deportiva: se quedó en los Estados Unidos y se olvidó de la pista, dada la escasa trascendencia que tuvo su victoria.
A principios de la década de los 90 había solicitado, sin éxito, ayuda a la Federación Marroquí para entrenarse. En 1993 alquiló un apartamento con tres amigos en Brooklyn y se puso a lavar platos para ganarse la vida, al tiempo que se entrenaba en su tiempo libre.
Su estatura de 1,65 metros y sus 54 kilos de peso, un tipo demasiado ligero para pruebas de fuerza, encaminaron sus pasos hacia el fondo largo.
Durante una carrera de 5 kilómetros en Hartford (Connecticut) coincidió con Sandra Inoa, una atleta dominicana a la que había conocido en la localidad madrileña de Pinto y con la que se casó en 1996. Ella, ciudadana norteamericana, lo llevó a conseguir la nacionalidad estadounidense el 2 de mayo de 2000. Una lesión, sin embargo, truncó su sueño de representar ese año a su nuevo país en los Juegos de Sydney.
“Quería ser americano. Cuando llegué aquí mucha gente me abrió su corazón, me dio el cariño que necesitaba y me sentí una gran persona”, explicó entonces.
Khannouchi, nacido el 22 de diciembre de 1971 en Meknes, ya era un corredor de asfalto con excelente cartel en distancias menores cuando logró el mejor registro de un debutante en maratón en Chicago’97, su primera victoria en la distancia (2.07:10).
Dos años después, el 24 de octubre de 1999, Khannouchi batió su primer récord mundial de maratón, también en Chicago, con un registro de 2.05:42 que mejoraba en 23 segundos la anterior plusmarca del brasileño Ronaldo da Costa. Al año siguiente revalidó su triunfo en Chicago con 2.07:01.
Contratado para el maratón de Londres 2000, Khannouchi terminó tercero, pero regresó a casa con una contractura muscular que le impidió competir, tres semanas después en Pittsburg, en las pruebas de selección olímpica para Sydney.
FASE DECISIVA
En 2001, una lesión de espalda interrumpió su preparación para los Mundiales de Edmonton, su primera competición como estadounidense. Mediada la carrera en la ciudad canadiense, Khannouchi hubo de abandonar, víctima del calor, la presión psicológica y la falta de preparación.
Este mismo año, Khannouchi, un hombre muy religioso que suele orar brevemente después de sus victorias, demostró que estaba recuperado al ganar el 10 de marzo el medio maratón de Kyoto (Japón) con 1.02:16, una marca muy cercana al parcial que acreditó hoy en la primera mitad de Londres (1.02:47).
El etíope Haile Gebreselassie, emperador del fondo en pista, y el keniano Paul Tergat, cinco veces campeón mundial de cross, recibieron hoy en Londres una lección que no olvidarán: el maratón es un mundo aparte, con sus reglas y exigencias específicas.
Khannouchi, un perfecto desconocido en la competición de pista, es el rey indiscutible. 
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