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DOMINGO 14 DE ABRIL DEL 2002 / EDICION No. 22698 / ACTUALIZADA 02:00 am
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Las historias más tristes del Mayoreo

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.Miseria campea entre jóvenes desesperados que buscan una salida falsa en un mundo cruel: las drogas
.Como en una tragedia griega, muchos de ellos saben que tienen problemas y necesitan ayuda, pero no saben dónde buscarla

Estos tres jóvenes dejaron sus hogares para vivir a la intemperie entre los contenedores de basura del Mercado El Mayoreo, en Managua, donde cocinan pellejos de pollo y otros desechos para tratar de alimentarse.

 

Mario Sánchez P.
mario.sanchez@laprensa.com.ni

Eran aproximadamente las siete de la noche. Entre la oscurana, al lado de un boquete de la parte este del muro del Mercado El Mayoreo, se observa la débil llama de un pequeño fogón sobre el que hay un tarro, negro por la lumbre, donde dos jóvenes vagabundos cocinan algo, mientras otro de sólo 15 años duerme sobre los restos de un deshecho colchón.

Ellos estaban asando pellejos de pollo que sacaban de una sucia bolsa plástica. Les echaron sal y los pusieron en el fogón que estaba a orillas de la basura y de aguas sucias que corrían por la calle.

En ese mercado merodea un grupo de menores y jóvenes vagabundos que día a día van sumiéndose en el mundo de la delincuencia, dedicándose a cometer robos con intimidación o a arrebatar bolsos o cadenas.

Los jóvenes iban muy sucios, hediondos, con las manos negras de tanta tierra que ya forma parte de su piel. Cuando consideraron que los pellejos estaban listos para comer, se los repartieron en trozos y, desesperados, comenzaron a comerlos con tortilla.

Uno de ellos era Víctor David Cerna Huete, “El Imbañable”. Él llegó a Managua hace dos años, procedente del Barrio San Martín, de Camoapa. Según los vecinos, es muy tímido, es el único que no roba y el más sucio de todos porque no le gusta bañarse.

¿LIBERTAD?

Sentimos temor de acercarnos a ellos, pero el menor, quizás buscando amistad, preguntó: “¿Por qué nos hacen fotografías?”, y luego pidió dinero para comprar pan o tortillas.

Bromeando se identificaron como miembros de “El Club de Los Pedreros”, porque se drogan con crack, o “Los Come Tripas”, en alusión a la carne y pellejos que encuentran entre la basura.

“Esto es la libertad”, dijeron dos de ellos, pero Michael David Hernández Pineda, de 19 años, “El Burro”, procedente de Las Jagüitas, no estuvo de acuerdo y expresó: “Esto no es vida. Yo voy a regresar a la casa”.

CRIMEN MÁXIMO

El adolescente de 15 años que duerme sobre el colchón es “Chayán”. Padece de calenturas, dolores en el cuerpo y gripe, y declaró que fuma crack desde hace un año. “Cuando uno agarra la droga, si se mete en lleno, ya no la puede dejar”, afirmó.

“El Burro” llegó hace dos meses de Las Jagüitas. “Me vine por el vicio. Yo fumaba sólo marihuana, después puros bañados, y así le fui entrando a la marihuana y la piedra”, manifestó.

Quien los sumerge cada vez más en ese mundo es una mujer que a diario llega a venderles las piedras del crack o los utiliza como muleros para abastecer a otros consumidores.

¡AYÚDENME, POR FAVOR!

Juan Pablo Téllez Mendoza, de 19 años, hasta la semana pasada vivía con su padre y sus hermanos en el Barrio Las Torres de Managua.

“Yo quiero dejar la droga, pero no puedo. Necesito que alguien me ayude, pero no sé a quién recurrir o adónde ir”, expresó.

Explicó que su papá vendió la casa donde vivían para pagar por su atención médica porque enfermó de azúcar y le iban a cortar un pie.

“Como yo no le puedo ayudar y le hago a la droga, huí de la casa para no darle más preocupaciones y problemas a mi papá, y porque le robaría las cosas de valor de la casa para cambiarlas por droga. Yo quiero dejar la droga, pero no puedo solo”, reveló.  
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