Sergio García Quintero: “Todavía me quedan huevos en el salbeque”
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 | Con esta frase, el doctor Sergio García Quintero envió un mensaje al presidente de la Asamblea Nacional, Arnoldo Alemán, contra quien promueve una cruzada por la corrupción registrada durante su administración cuando
fue presidente de la República. García augura que esa lucha, iniciada hace ya algunos años, tendrá un final feliz porque cumplirá con las expectativas populares |
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Sergio García Quintero. |
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Roberto Orozco B. roberto.orozco@laprensa.com.ni
El doctor Sergio García Quintero en una ocasión se “fintió” con el general Anastasio Somoza García, luego que éste le lanzó una bofetada tras una fuerte discusión por una huelga estudiantil en 1954, cuando cursaba su quinto año de Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) de León.
Eso le demostró a sus compañeros que García Quintero era un hombre de temple férreo, fuerte, de carácter decidido que, sin duda, saben que lo ha caracterizado durante estos últimos años, ahora frente a la lucha contra la corrupción y la acusación contra el ex presidente de la República, el diputado Arnoldo Alemán.
A éste, García Quintero le risposta ahora que aún mantiene “otros tipos de huevos”, en alusión al comentario que Alemán hizo cuando era el primer magistrado de la nación, como un intento de menosprecio a su extracción social.
Cuéntenos, ¿cómo ocurrió ese pasaje de la “finta” que le hizo a Somoza García?
Fue durante la huelga estudiantil de 1954, que fue muy fuerte, paralizó la universidad un mes y amenazó con extenderse a toda la enseñanza secundaria de León y del país.
Eso motivó a que una delegación de estudiantes fuéramos invitados, por no decir reclutados, por el entonces jefe de Estado, general Somoza García, con quien tuvimos una discusión bastante fuerte, que terminó en un total fracaso, amenazándonos con que si la huelga no se abortaba iba a cerrar definitivamente la universidad.
Cuando yo le manifesté que con eso él rompería su propio récord, eso lo enfureció y me preguntó: “¿Cuál récord?”, le digo: “El de ser usted el gobernante de América Latina que ha cerrado más universidades”. Me tiró una bofetada que no logró darme porque yo había sido un muchacho de barrio y lo primero que había aprendido en los barrios era a defenderme. Hubo una finta, un gesto, y le logré apartar la mano a tiempo, no logró darme en la cara como había sido su intención, pero la reunión fracasó y luego la huelga también por los eternos timoratos y cobardes.
¿Hubo alguna consecuencia política? Lo pregunto porque usted llega a ser juez dentro del gobierno de Somoza, señalado también como un sistema corrupto.
Me gradué en Costa Rica. Dichosamente al final de un verdadero calvario, la universidad de este país me permitió sacar los exámenes de grado sin sacar una sola asignatura. Luego saqué mi título en Nicaragua.
El magistrado presidente de la Corte Suprema, que era el doctor Romero Rojas, parece que era muy amigo del decano de la Escuela de Derecho en Costa Rica y, además, era amigo de mis padres, me llamó y me propuso el Juzgado de Juigalpa, luego de la destitución del juez de esa localidad.
De Juigalpa, adonde llegué en 1958, en el 59 soy trasladado a Acoyapa y luego se vence el período de los dos años.
¿Qué experiencia adquirió dentro de su carrera judicial y cómo es que pasa luego a ser litigante?
Mi aspiración era ser trasladado a Juez de Distrito de Managua, pero cuando se venció mi período como Juez de Distrito de Acoyapa, me hicieron ver que todavía era relativamente joven para Managua.
La Corte me advirtió que si me quedaba en Managua me iba a quedar como en el círculo de espera, entonces me tiré al ejercicio de mi profesión, eso fue lo que me permitió, en el ínterin, ser el abogado del doctor Edgard Santos Fernández y de mi compañero de Derecho, Guillermo Gómez Brenes, abogado y poeta corinteño, en el caso de Olama y Mollejones, en el que me traté muy de cerca con Pedro Joaquín (Chamorro Cardenal) y con doña Margarita y doña Violeta en ese tiempo, porque yo les serví como correo cuando Pedro estuvo detenido, para llevarles las cartas y las razones que uno lograba sacar.
Usted defendió alguna vez a Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. ¿Cómo se defiende a un abogado?
A Pedro Joaquín lo defendí en el juicio que le planteó Fernando Agüero Rocha, unos años después, cuando éste lo acusó por los delitos de injurias y calumnias. Cuando Pedro Joaquín me visitó en mi oficina, ya con el agua al cuello, porque Agüero había embargado a LA PRENSA en 2 millones de córdobas.
Le hice ver al doctor Chamorro lo difícil que era asumir un caso en el cual él fuera mi defendido. En primer lugar porque es muy difícil defender a un abogado, porque éste siempre está queriendo llevar una opinión contraria o discutiendo la estrategia que uno está armando, y no admito nunca intervención de mis clientes. Dos, no sólo es abogado, sino un hombre muy inteligente y eso agrava el problema, y, por otro lado, le dije: “Usted tiene una enorme arrogancia, impone siempre su voluntad”.
Eso es lo que hizo siempre difícil para el doctor Argüello Hurtado, para Panchito Frixione, Danilo Aguirre, y para todos los abogados que normalmente lo defendían en todos los casos, el poder imponer una estrategia, se lo dije con toda tranquilidad. Y yo necesito de mi cliente, como condición elemental, disciplina. Me dijo: “Estoy dispuesto y voy a someterme a su disciplina”.
¿Cómo llega a hacerse amigo del doctor Alemán?
La amistad comenzó con mis padres, quienes fueron maestros, y el papá de (Arnoldo) Alemán llega al Ministerio de Educación Pública, aunque ya él se conocía con mis padres.
Él hizo una excelente labor como ministro, fue de los ministros que prestigió el gobierno en ese entonces, y como se habían establecido unos convenios con UNICEF para ayudar a los niños pobres de las escuelas primarias para alimentarlos con leche y queso suizo, eso involucró a mis padres en ese trabajo que estaba haciendo el ministro Alemán Sandoval, y nos aproximó más todavía.
Después el doctor Alemán Lacayo, ya siendo presidente, se refirió a eso como que la familia de él nos había matado el hambre. Yo pienso que algún vaso de leche de los de las escuelas nos tomamos nosotros también, mi madre era directora de escuela.
El doctor Alemán (Lacayo) no hace mucho se refirió a eso en una forma peyorativa, burlesca y grosera, al decir que ellos nos habían matado el hambre y que habíamos comido en la manos de ellos durante mucho tiempo, así como dijo que quería verme después que yo terminara con mi período de diputado del Parlacen, pero lógicamente lo dijo de otra manera: “Yo quisiera ver a Sergio García cuando se le termine la gallinita de los huevos de oro”. OK, ahora estoy sin el cargo y continúo tan tranquilo como estaba antes, y si es cierto que he perdido los huevos de oro en el concepto que él tenía, quedarán de otra clase de huevos en el salbeque, ¿verdad?”
¿Cómo es que se rompe con esa amistad, si es que hubo una amistad cercana?
Fijate que en realidad no hubo un rompimiento dramático que se operara por una causa determinada. El doctor Alemán en el comienzo creía mucho en mi consejo, tanto que con frecuencia me invitaba a desayunar con él a su casa solo.
Esa era parte de la estrategia, porque hablábamos de casi todas las personas que estaban cercanas a él y de los procedimientos que se estaban haciendo, no solamente desde el punto de vista jurídico, de repente llegué a sentirme honrado al recibir un trato como de hermano mayor, yo me permitía regañarlo. Una de las cuestiones en las que yo toda la vida traté de encausarlo era que aborreciera a los serviles. El servil, el oficioso, es un tipo pernicioso, mucho más que un enemigo.
Pero él tenía el virus de la dictadura por su enorme ego, y cada vez fue menor el espacio para mis consejos, los que en un momento no llegaron a serle útiles, sino muy molestos.
Ahora, como lo de la Alcaldía era parte de lo de la Directiva Nacional del partido (PLC), en donde éramos iguales, allí sí por los intereses del partido yo muchas veces choqué con él, y por los procedimiento que él estaba haciendo, un autócrata completo, cerrado.
¿Qué motivó el choque entre ambos?
Las prácticas de corrupción que yo se las señalaba, y cuándo no las atendía, las hacía públicas, pero llega a su clímax cuando él ya preparándose para su candidatura presidencial renuncia a la Alcaldía de Managua, y le aconsejo que tiene que renunciar también a la concejalía.
Él no quería, se opuso tenazmente y con violencia a la renuncia de la concejalía, porque su estrategia era hacer lo que está haciendo ahora, quería seguir manejando la Alcaldía desde su concejalía.
Eso terminó con una discusión violenta dentro de la Directiva ampliada que era de más de 30 personas, donde él hizo aseveraciones violentas contra mí, diciendo que yo estaba socavando su autoridad y la del partido, y nos gritamos, me invitaron desde entonces a que yo renunciara al partido, no él, sino allegados.
Ante esto, ¿cómo considera usted al doctor Alemán?
Alemán es uno de los abogados que más me ha desilusionado en cuanto a su carácter profesional, porque de repente lo veo actuar con una torpeza e ignorancia tan manifiestas que da escalofrío, como pretender ahora que la Asamblea Nacional se erija en un tribunal de alzada de la juez Arias para analizar del pedimento de desaforación, si existen o no elementos claros sobre el cuerpo del delito y la delincuencia. Ese es un enorme disparate.
Siendo usted un liberal y anterior opositor del gobierno sandinista, ¿cómo explica su llegada a la Convergencia y su posterior apoyo al FSLN en la campaña pasada?
Yo antes había andado también por la tercera vía. No había una sola organización política donde me invitaran a la que yo no asistiera; tal vez por la ansiedad de encontrar satisfacción a la búsqueda, digamos, porque la justicia y la ley resplandecieran.
He tenido muchas desilusiones respecto de mi partido, aunque no ha sido culpa del partido, sino de quienes lo han manejado. Soy liberal y continuaré siendo liberal. Estoy en la Convergencia porque se me ha respetado totalmente mi liberalismo, y no soy sandinista, como no soy conservador y no tengo nada en contra de mi partido. Estoy colaborando en un proyecto porque he creído que la desilusión que el partido en su manejo ha causado, no debe ser óbice como para que los liberales estemos trabajando por tener una tienda aparte, un alero, que es lo que ha permitido la Convergencia.
¿Usted cree que Ortega pueda mantener al lado del FSLN a la Convergencia, por lo del pacto con Alemán?
Considero que el Frente Sandinista está dando muestra de apertura, día a día, a veces con mucha dificultad, pero pensamos que se puede como Convergencia montar un proyecto formidable, en el cual, sin perder la identidad ideológica de cada uno de los miembros, pueden encontrarse los denominadores comunes indispensables para que impere la justicia, el orden, la ley en un marco jurídico aceptable. Es hasta entonces que económicamente va a ser nuestro país asequible o de interés para el inversionista extranjero.
¿O sea que usted no cree que Ortega busque un pacto para beneficio de su partido al aprovechar la posición débil actual de Alemán?
Te aclaro, porque el propio Ortega no lo ha aclarado debidamente. Esa reunión (la de Ortega y Alemán esta semana) fue la Convergencia la que la empujó, porque tiene que haber una actitud clara ante nuestro pueblo en el sentido de que nadie del Frente está escondiéndose (detrás de la inmunidad).
Ya Alemán estaba anunciando que existían armas jurídicas en contra de importantes sandinistas que se iban a lanzar, y mencionaban a Bayardo Arce Castaño como para involucrarlo en delitos propios cometidos en el Interbank. Bayardo fue el primero que se levantó y dijo: “Yo pongo a la orden mi inmunidad”, y todos los diputados. No hay un gesto teatral, hay una actitud bien clara al respecto.
¿Usted cree que realmente el Poder Judicial vaya a poner en el banquillo a Alemán, a propósito de la cruzada anticorrupción que usted mantiene junto con otras personalidades?
Cuando yo comencé hace más de diez años, a mí todo el mundo me decía: “Parecés loco, nadie te hace caso, ¿no te ds cuenta que perdés oportunidades?”; lógicamente que perdí todas las oportunidades, porque a mí, Alemán, no es cierto que yo me volteo contra él porque no me dio, sino a la inversa, no me dio nada dentro del gobierno del montón de cosas que él acostumbraba ofrecerme cotidianamente porque yo me había opuesto a muchas de las cosas que estaba haciendo y que eran incorrectas.
Ahora vos ves que todo el pueblo está en esta lucha, y si se ha logrado ese avance en estos diez años vos podés tener certeza de que se va a culminar felizmente.
¿Quién cree que va a ser al final el gran juez de Arnoldo Alemán?
El gran juez, sin lugar a dudas, es la opinión pública, ya lo está procesando y está haciendo análisis, y en este resultado final de lo que yo llamo el doble juicio, uno el de los folios e infolios que se arman en los tribunales, y el otro, el gran juicio de la opinión pública, juega un papel trascendental y heroico como el del periodismo, que siendo una de las profesiones más vulnerables por la pobreza en que se manejan todos los periodistas en Nicaragua, ha logrado salir avante de las amenazas y especialmente de las presiones. 
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