Hacia la beatificación
¿Profecía o realidad?
Claudia Chinchilla Portillo
¿podemos confiar nuestro futuro a una profecía? Depende de la profecía, dirán algunos, para otros los eventos ocurren sin cuestionar su razón o su origen. Para todos aquellos que piensen que todo lo escrito o dicho en nombre de Dios realmente sucederá, les daré en qué pensar con este pequeño comentario.
Realmente lo que sea dicho en nombre de Dios para el bien de la humanidad se cumplirá. No hay duda.
Es por esta razón, y no existe otro motivo, por el cual Madre Paula L. Hidalgo López, oriunda de la ciudad de León, Nicaragua, de la Congregación Pureza de María, se ha dado a la tarea de seguir el camino que una vez se le encomendó. Sin preguntas y mucho menos respuestas, sin cuestionar la razón o los motivos, sin siquiera pensar si era posible, esta mujer enérgica, audaz y con una gran capacidad de trabajo tiene a su cargo, en la ciudad de León, una cantidad creciente de ancianos, hombres, mujeres, niños y niñas con riesgo social.
Hace algunos años, Madre Paula, con ese cúmulo de vivencias que ha tenido en su vida, varios años luchando por los más necesitados, sabiendo que el trabajo ya no era suficiente y que necesitaba cubrir las verdaderas necesidades de estas personas, decidió convertir la casa de su madre en un pequeño centro de ayuda. Empezó esta obra titánica, no en estructura y mucho menos en facilidades, pero sí en amor, ese amor inmenso que Sor María Romero logró ver en ella. Hace ya algún tiempo, Madre Paula llegó a San José, Costa Rica, desde Nicaragua, en un bus lleno de personas deseosas por ver y saludar a Sor María Romero, ya que sabían el delicado estado de salud en que se encontraba. Aquella noche llegaron a la casa Sor María Romero y Madre Paula se anunció y solicitó verla. La respuesta fue negativa. Por la delicada salud de Sor María Romero y por lo tarde de la visita, Madre Paula insistió en su solicitud de verla, tenía razones de peso y el derecho de estar allí. Una vez logrado el objetivo de su visita y satisfecha por la oportunidad de verla, Madre Paula le preguntó a Sor María Romero:
— ¿Por qué realizar tu obra en Costa Rica cuando en Nicaragua también te necesitamos?
Sor María la observó y contestó:
— Porque es a ti a quien le corresponde hacer la obra en Nicaragua como yo la hice aquí, sólo que tu obra será más grande que la mía.
Madre Paula hace este trabajo para satisfacer a Dios, ya que Él sabe que ella está dando su mejor esfuerzo para que estas personas se sientan amadas; y, con esto, logra que se sientan seguras y se adapten mejor a la sociedad porque están aprendiendo a aceptar las cosas como deben ser.
Madre Paula hace su trabajo sin quejarse, en silencio, humildemente, en esta obra que inicia con grandes tropiezos, pero que ya da sus primeros pasos, y, también, recompensas en la alegría que cada una de estas personas puedan sentir en un leve instante por la fe que se desarrolla en su alma, por la esperanza que hay en sus corazones de que sus vidas serán mejores, por la confianza depositada en una sola persona que les da un lugar cálido donde descansar y saciar su sed.
Madre Paula no está interesada en averiguar o asegurar sobre la profecía que ha despertado nuestro interés. Su humildad no le permite pensar en recibir reconocimiento, ella desea que éste sea para Dios, Madre Paula sólo tiene un objetivo: ayuda a quien la necesita, y está luchando por conseguirlo.
Con la misma fe que en sus obras de amor expresa Madre Paula, y sin límites para darse, he encontrado a muchas personas de la Congregación de las Hermanas Salesianas Hijas de María Auxiliadora, laicos, instituciones gubernamentales y compañías que continúan luchando y apoyando la obra de Sor María Romero, con la firme convicción de que “si amas, te das. Si te das a los demás te vuelves rico de los demás. De este modo el amor engrandece infinitamente a quien ama, puesto que quien acepta desprenderse de sí mismo descubre a los demás y se une la humanidad entera”.
Sor Madre Paula hace su trabajo sin quejarse, en silencio, humildemente. Esta obra que ya inicia con grandes tropiezos, pero que ya da sus primeros pasos, da también sus recompensas en la alegría que cada una de estas personas puedan sentir en un leve instante, por la fe que se desarrolla en su alma, por la esperanza que hay en sus corazones de que sus vidas serán mejores. Por la confianza depositada en una sola persona que les da un lugar cálido donde descansar y saciar su sed.
Sor Madre Paula no está interesada en averiguar o asegurar sobre la profecía que en su entorno ha despertado nuestro interés. Su humildad no le permite pensar en recibir reconocimiento, ella desea que éste sea para Dios, sólo tiene un pensamiento y es ayudar a quien la necesite. Y está luchando por conseguirlo.
Somos nosotros quienes queremos creer que existe, y que se cumplirá como lo dijo Sor María Romero. 
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