Mi punto de vista
El cuidado de EE.UU.
Freddy Potoy freddy.potoy@laprensa.com.ni
El terrorismo y sus actores definitivamente deben ser castigados fuertemente. Hasta el momento Estados Unidos ha tenido la tolerancia, prudencia e inteligencia de no apresurarse y mandar a bombardear un pueblo inocente.
El jefe de Estado del país más poderoso de la tierra, George W. Bush, está agotando todas las vías necesarias para evitar cubrir con misiles el cielo de un pueblo inocente por culpa de un gobierno que protege a un criminal considerado como el sospechoso número uno de la tragedia en el World Trade Center.
Esta brutalidad ocurrida en Estados Unidos nos deja varios mensajes, entre ellos, que la misma humanidad parece estar avanzando a un proceso de autodestrucción más acelerado. Durante décadas enteras se ha temido a las armas nucleares porque podrían acabar con el mundo, sin embargo, no ha ocurrido.
Pero ahora el mundo fue sacudido por un atentado que refleja que el hombre lleno de odio y venganza, está retomando métodos “primarios o artesanales” (secuestro de aviones) y no sofisticados o científicos (armas nucleares, bacteriológicas, etc.) para destruirse.
Y lo menos que el mundo desea ver en cuestión de días después de una tragedia, es otra tragedia que nos recuerde la Guerra del Golfo, donde finalmente Estados Unidos no logró quitarse de encima a Saddam Husseim. Sería terrible ver nuevamente en las cadenas de televisión cómo los aviones de la Fuerza Aérea de Estados Unidos bañan de fuego al pueblo de Afganistán y no capturan al señalado de cometer los atentados en Norteamérica.
Estados Unidos debe buscar al sospechoso número uno, Ossama Bin Laden, a como dé lugar, pero sin sacrificar a quienes no tienen que ver en el asunto.
Insisto, los criminales deben pagar por lo que hicieron en Estados Unidos, pero si la sed de venganza del monstruo herido se materializa, entonces para qué seguir hablando de los derechos humanos, del derecho a la vida y de otros tantos derechos propios del ser humano.
El triunfo de Estados Unidos y del mundo radica en hacer prevalecer la justicia y no acribillarla; es necesario contener los perversos deseos de autodestrucción de la humanidad y no darle espacio a la irracionalidad.
La forma altamente precisa en que ha manejado las investigaciones el gobierno de Estados Unidos, nos da una esperanza de que las cosas serán conducidas por Bush adecuadamente. El lenguaje de Estados Unidos ha sido muy cuidadoso, la experiencia de Colin Powell como secretario de Estado ha sido importante y cada vez que comparece ante el mundo refleja seguridad de que el asunto va por buen camino.
Esperemos que el desenlace de lo que muchos han llamado una “película de terror”, termine en algo más positivo para la humanidad, es decir que Estados Unidos encuentre al o los culpables y que no haya miles de muertos inocentes de un crimen que no cometieron. Ya no más guerra, ni muertos, ni reabrir heridas de horror del pasado. Eso no contribuye a nada. 
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