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MIéRCOLES 19 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22489 / ACTUALIZADA 1:30 am

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Sentimiento de seguridad en Estados Unidos

Marco A. Valle*
mavm@tmx.com.ni

El condenable acto terrorista que segó la vida de miles de vidas inocentes y, que estremeció a la población norteamericana y el mundo la semana pasada, fracturó el alto nivel del sentimiento de seguridad ciudadana que hasta ese día se vivía en Estados Unidos. La historia se partió en antes y después del 11 de septiembre del 2001.

El sentimiento de seguridad ciudadana es la visión que toda persona tiene de desenvolverse cotidianamente libre de amenazas a su vida, como a su integridad física, psíquica, jurídica, cultural, moral, lo mismo que a sus bienes. Es un producto cultural, donde interviene tanto el pasado, como el ahora y el futuro de cada uno y, dependiendo de los resultados de esa mezcla dinámica, así cada persona percibirá el grado de seguridad de su vida.

En esa dirección, la vida cotidiana en Estados Unidos sufrió una cortada lacerante en su corazón. Los lugares comunes donde la gente transcurre buena parte de sus horas fueron, de un momento a otro, inundados de desconfianza e inseguridad, y no nos referimos sólo a New York, Washington, o Pennsylvania, sino a la actividad diaria en todo el territorio norteamericano.

Para empezar, los aviones y su trayectoria se empiezan a ver con ojos nuevos, con ojos de sospecha y desconfianza y no de alegría o ansias de subirse en ellos, lo mismo que aeropuertos, torres y edificios altos, centro de la ciudad, metro, complejos industriales, oficinas y cuarteles de seguridad y militares y, aquéllos que encarnan símbolos de la nacionalidad. No se quedan atrás lugares como parques de juegos, estadios de béisbol, teatros y cines, discotecas y centros comerciales. Igualmente, las escuelas que han sido testigos de actos de violencia, vuelven a reconvertirse en sitios de preocupación familiar, ya sea por relación indirecta con el hecho terrorista, o porque se teme que alguien pretenda hacer algo dañino en ellas. En fin, el sentimiento de seguridad ciudadana se desplomó.

De igual manera, ha sido estremecido el sentimiento de seguridad en los barrios residenciales, cuya tendencia natural lleva al ser humano a centrar su preocupación en su casa y en los suyos. Es decir, la gente se siente amenazada en su vida e integridad física, lo que lleva a un período de angustia e inestabilidad psíquica en los mayores que sin querer lo trasladan a los menores, y más tomando en cuenta el poder de los medios de comunicación que pasan todo el día hablando de lo mismo. Este fenómeno se agrava en los casos en que existen vecinos de origen de los países sospechosos de terrorismo, asunto que debilita —y en ciertos casos termina— los lazos de amistad y confianza vecinal y comunitaria.

Así las cosas, el gobierno del presidente Bush tiene un reto fundamental: reposicionar el sentimiento de seguridad de los norteamericanos a su nivel anterior, o mejor aún a un nivel más alto. Concretamente, volver el país a la normalidad. No hay términos medios. Tiene una ventaja sólida, su pasado de seguridad, el orgullo nacional, la coalición internacional y la certeza de triunfo hoy y en el futuro.

La clave es evitar que se repitan estos actos terroristas.  
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