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MIéRCOLES 19 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22489 / ACTUALIZADA 1:30 am

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El voto informado

La decisión de votar por uno u otro candidato está influenciada por razones de diversa índole, como la lealtad partidaria, el afecto personal, la identificación con el programa de gobierno propuesto, la frustración con el gobierno de turno, la tradición o la costumbre, la identificación ideológica, etcétera. Algunas de estas razones son meramente emotivas y otras son racionales en distintos grados.

El objetivo principal de todos los partidos es alcanzar el poder político. En las democracias, el método para alcanzar el poder está condicionado a obtener de previo el favor de los electores. De ahí que los partidos y los candidatos traten de muchas maneras de ganar la simpatía de los ciudadanos que, con su voto, deciden cuáles de todos los participantes llegarán al poder. Como se sabe, al conjunto de esos esfuerzos persuasivos se le llama propaganda electoral.

Ahora, cuando estamos a escasos 46 días de los comicios del 4 de noviembre la propaganda electoral es omnipresente. Esa propaganda toma forma de rótulos de carretera, mantas, spots televisivos, mensajes radiales y periodísticos, visitas de los candidatos a barrios, ciudades y pueblos, etcétera, y toda ella con un único fin: obtener el favor de los votantes. ¿A qué fórmula presidencial favorecerá la ciudadanía? Es muy difícil predecirlo, ya que todas las encuestas son consistentes en sugerir un resultado bastante apretado entre el PLC y el Frente Sandinista.

Por otro lado, como lo hemos señalado anteriormente y debemos reiterarlo, la función de un medio periodístico independiente no es tomar partido por ningún candidato, ni podemos pronosticar quiénes serán los triunfadores. Lo que sí constituye una función indispensable de un medio de comunicación profesional y responsable, como LA PRENSA, es informar veraz y oportunamente a la ciudadanía, y proporcionarle todos los elementos de juicio necesarios para ayudarle a tomar una decisión informada el día de las elecciones.

Tal es el caso, por ejemplo, de los reportajes históricos sobre los acontecimientos de Nicaragua en la década de los ochenta, que estamos publicando desde hace varias semanas, todos ellos basados en documentos y testimonios responsables, incluyendo documentación desclasificada del gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. El contenido de esos reportajes tiene sin dudas un gran valor histórico y permite conocer diversos episodios de la convulsiva década de los ochenta, que debido a la censura de prensa que había durante el régimen sandinista, no podían ser conocidos en aquella época. Pero, además, proveen elementos de juicio para decidir más informadamente por quién votar.

Como siempre ocurre en estos casos, algunos lectores han recibido la publicación de esos reportajes históricos con beneplácito; pero otros no. Estos últimos alegan que la información contenida en los documentos sobre los cuales se basan los reportajes, perjudica al FSLN en este período de elecciones y que no deberíamos publicarlos. Pero no es culpa de LA PRENSA que la divulgación y el conocimiento de esa información documentada perjudique a cualquier partido o candidato. Los documentos tienen valor informativo, documental, y deben ser conocidos por el público. Precisamente por eso también hay quienes sugieren —por cierto que mayoritariamente— que LA PRENSA compile los reportajes históricos y los publique en forma separada, para conservarlos adecuadamente.

Por otro lado, es indispensable que en las temporadas electorales los medios independientes y profesionales proporcionen información veraz y documentada sobre hechos políticos e históricos, así como sobre los antecedentes y las hojas de servicio público de los candidatos. La propaganda de los partidos políticos se basa en puras promesas y no ofrece información relevante para decidir por quién votar. La propaganda no sirve para nada a los electores, o les sirve muy poco. Los reportajes de LA PRENSA, por el contrario, sirven para conocer hechos históricos.

El FSLN estuvo diez años y medio en el poder y ahora es un partido legalmente constituido que, por lo tanto, tiene derecho de volver a gobernar si la mayoría de los electores así lo decide. Lo que nadie puede pretender es que los electores desconozcan el pasado, y LA PRENSA, por su parte, no puede renunciar al deber de poner ese pasado, de manera veraz y objetiva, en conocimiento del público, y particularmente de quienes van a votar en las elecciones.  
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