Contra toda forma de terrorismo
Carlos Powell powama@ibw.com.ni
Respecto a su editorial titulado “Contra toda forma de terrorismo” (lunes 17 de septiembre), estamos todos contra la atrocidad de los atentados que se produjeron el 11 de septiembre en Estados Unidos, como debemos estar en contra de todos los crímenes que se cometen en todas partes del mundo contra poblaciones civiles indefensas, cualquiera sea el autor, instigador, organizador o financista de tales actos.
En este sentido, las siguientes informaciones están ausentes de su editorial, y son de mucha importancia:
1) Estados Unidos es la única potencia que no ha firmado el Tratado internacional por la abolición y destrucción de las minas antipersonales.
2) La mayoría de estos artefactos de terror son de fabricación estadounidense.
Estados Unidos es el mayor productor mundial de armas y artefactos explosivos de uso bélico del planeta. Esta industria prospera de manera directamente proporcional al aumento de conflictos armados en el mundo.
Desde la guerra de Secesión, Estados Unidos no ha tenido ningún conflicto armado en su propio territorio, ya que el ataque a Pearl Harbor, si queremos ser precisos —pues el momento actual lo requiere— se produjo en colonias norteamericanas (Filipinas y Hawai).
El ataque japonés data de 1941 y Hawai fue anexado en 1959. Esta anexión es una de las más vergonzosas de todas, ya que se realizó por medio de la expropiación de territorios hawaianos por parte de colonos que posteriormente instauraron una república ilegítima que fue reconocida inmediatamente por Estados Unidos.
Puedo ofrecerle un artículo con el historial (no exhaustivo pero elocuente) de las actividades estrictamente ilícitas realizadas por Estados Unidos, muchas de las cuales son clasificables en la categoría de terrorismo de Estado, por el hecho de haber sido realizadas sin dar la cara (instigadas por sus servicios de inteligencia y con miles de víctimas civiles) o en flagrante violación de los tratados internacionales vigentes y firmados por ese país.
Muchas acciones bélicas fueron llevadas a cabo sin pasar por los debidos procesos deliberativos consensuales exigidos a los firmantes de la Carta de las Naciones Unidas. 
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