Dejemos la palabra a la guitarra
Ofilio Picón ofilio1_@hotmail.com
A propósito del disco “Mi Güegüense” de Eduardo Araica. Para quienes hemos seguido la trayectoria vital de Eduardo Araica y hemos disfrutado los múltiples acentos y temperamentos, que han coexistido y coexisten, en el sendero estrecho que discurre entre sus manos maestras y la inercia expectante de las cuerdas; no deja de ser sorprendente y emotivo este trabajo suyo y nuestro: “Mi Güegüense” que es una especie de regreso a la semilla.
Un copioso bagaje, construido sobre los escenarios más dispares de Nicaragua y el mundo, frente a los más diversos públicos, ha dotado a Eduardo de los recursos técnicos, la estatura humana y la dimensión artística necesaria, para invitarnos a este viaje maravilloso, que no por casualidad, arranca con el mágico sincretismo del Güegüense y concluye con la más dulce declaración de amor a nuestra Nicaragua, Nicaragüita.
En esta era de globalización, en que corremos el riesgo inminente de ver desdibujarse sobre el horizonte los rasgos definitorios de nuestra identidad nacional, interpreto la obra del maestro Araica, como una lúcida reflexión que lo hace volver la mirada e hincar el pie profundamente sobre esta tierra nuestra, redescubriéndose, reconociéndose y reafirmándose en la plenitud orgullosa de su ser nicaragüense.
Al margen de las notables colaboraciones de Eduardo Araica con Norma Helena Gadea, interpretando lo mejor del cancionero hispanoamericano, con Katya Cardenal en sus más recientes grabaciones, con el grupo Stacato explorando las modernas sonoridades del jazz y la rumba flamenca, con Ramón Rodríguez y Raúl Martínez completando el fugaz y virtuoso Trío Barroco, con Mikel Plazaola poniendo música a memorables versos; son sus dos discos publicados “Secretos de mi Guitarra” y “Mi Güegüense”, los que nos revelan a un artista maduro y creativo, sensible y tenaz.
Singular es el caso de Eduardo Araica que partió de una formación cosmopolita en Moscú o París, que se nutrió de experiencias sonoras universales, para llegar finalmente a la sencilla y cristalina riqueza de nuestra música vernácula.
Trabajos como el suyo; el de Camerata Bach y otros destacados artistas nicaragüenses, irán sacando a nuestra música del ámbito del folclorismo, la Etnomusicología y la Antropología Cultural, para irla estableciendo en su real dimensión de Arte, para el deleite del espíritu humano dentro y más allá de nuestras fronteras.
Creo, sin menoscabo de sus evidentes logros, que para nuestra suerte, el mejor Araica está aún por venir. Me parece que él está cumpliendo con su parte. Cabe aquí solamente preguntarnos si los demás estamos cumpliendo con la nuestra... Instituciones del Estado, Empresa privada, Entes autónomos, Fundaciones, Organismos no Gubernamentales.... ¿Estamos haciendo algo por apoyar iniciativas como la de Eduardo? ¿O es que no nos gustaría a todos, ver el arte nicaragüense pasearse con garbo y señorío por los escenarios del mundo? Tenemos la música, tenemos los artistas. Ese es el reto.
... Ahora dejemos la palabra a la guitarra.
El autor es músico 
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