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MARTES 18 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22495 / ACTUALIZADA 4:00 am

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“Ni la superpotencia puede actuar sola”

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.La idea de que la eliminación de Ossama Bin Laden frenará el terrorismo es tan descabellada como la esperanza de que la eliminación de Pablo Escobar acabaría con el narcotráfico. El ataque de hace una semana hizo trizas varias ideas sobre la seguridad

“Conduciremos al mundo a la victoria contra el terrorismo” ha dicho George Bush. Aquí, en uno de sus mejores momentos cuando visitaba Nueva York el viernes pasado.

 

Moisés Naim (*)

Los ataques terroristas de esta semana no sólo mataron personas: también mataron ideas. Muchas de las certezas y las presunciones que guiaban documentos de análisis, políticas y presupuestos, no sobrevivirán a la embestida deliberada de los aviones contra el World Trade Center y el Pentágono.

Algunas de las ideas que fallecieron el martes pasado habían estado con nosotros durante décadas; otras eran tan nuevas como la administración Bush. Pero, asimismo, los ataques han generado otras posturas, algunas de las cuales, pasado un tiempo, podrán resultar tan descabelladas como aquellas que ahora han sido descartadas.

Lo cierto es que a los proponentes de la Defensa Nacional Antimisiles les costará ahora mucho más trabajo convencer a los americanos de que éste es el mejor destino para los dólares que han pagado en impuestos. Los terroristas hicieron que todos estén total y dolorosamente conscientes del significado concreto de lo que es la “guerra asimétrica”: enemigos que responden a las armas de alta tecnología con herramientas rudimentarias.

La idea de que, en algunos casos, la brillantez de científicos e ingenieros no es rival suficiente contra la motivación suicida de fanáticos ya no es una predicción de otro comité que evalúa las amenazas contra Estados Unidos. Ahora es una convicción grabada con fuego en las mentes de todos los que vieron las desgarradoras escenas de los aviones que chocaron contra las torres gemelas.

SUPERIORIDAD MILITAR NO BASTA

Estas escenas también destruyeron la idea según la cual la superioridad militar hace inviolable la seguridad nacional. El poderío militar puede ser necesario, pero contrariamente a lo que solía estar implícito en la disputa sobre los presupuestos militares, no es suficiente para garantizar la seguridad de una nación.

Los ataques terroristas también han generado nuevas ideas que alimentarán debates y moldearán políticas. La principal, por supuesto, es la necesidad de emprender una guerra “mundial contra el terrorismo”. Si bien no es una idea nueva, ahora está muy arriba en las mentes y agendas de políticos, de quienes fijan posiciones, y del público. Darle más atención, dinero y prioridad a los esfuerzos para prevenir y luchar contra el terrorismo está en mora y es absolutamente necesario. Pero esta idea podría conducir a otras dos, y más problemáticas. La primera es que la lucha contra el terrorismo es una “guerra” y que por lo tanto puede “ganarse”. La segunda es que otros problemas de política exterior que enfrentaba Estados Unidos antes de los ataques terroristas del martes pasado pueden dejarse a fuego lento mientras se adelanta la guerra contra el terrorismo.

TERRORISMO NO DESAPARECERÁ

El terrorismo siempre ha existido y no se erradicará. De hecho, al estimular la movilidad de los terroristas, su agilidad y su alcance, la globalización los ha convertido en adversarios mucho más duros. Además, al mundo no le hacen falta tierras fértiles para criar futuros terroristas.

Desde campamentos de refugiados que albergan millones de desplazados por las guerras, disputas étnicas o estados fallidos, hasta barrios tan grandes como ciudades enteras donde la única salida a la desesperación y desesperanza es la ilusión de convertirse en mártires de una causa, las fuentes de suministro de terroristas continuarán siendo constantes, diversificadas y abundantes.

La idea de que la eliminación de Ossama Bin Laden y su red frenará sustancialmente la amenaza terrorista puede ser tan descabellada como la esperanza de que la eliminación de Pablo Escobar, el otrora líder del cartel de las drogas más poderoso y violento de Colombia, acabaría con el narcotráfico.

Después de que la Policía colombiana lo dio de baja, Escobar fue reemplazado rápidamente por otros barones de la droga tan astutos y violentos como él lo fue. Otros carteles colombianos, mexicanos e incluso rusos pronto llenaron el vacío dejado por un cartel de Medellín debilitado. Hoy la guerra contra las drogas no da seña alguna de relajarse y es de hecho más feroz que nunca. no hay razones para creer que la guerra al terrorismo será diferente: será permanente, con enemigos huidizos y cambiantes, y en la cual ni siquiera las grandes victorias podrán asegurar que el enemigo ha sido derrotado. Llamar guerra a este conflicto puede parecer lo correcto, pero lo que se está disputando es muy diferente que lo que solíamos llamar una guerra.

COOPERACIÓN INTERNACIONAL ES INDISPENSABLE

La otra idea engendrada por los recientes eventos es que en el futuro cercano no habrá prioridad de política exterior más importante para los Estados Unidos que derrotar a los terroristas. Sin embargo, antes del martes los Estados Unidos estaban enfrentando, además de las amenazas terroristas, miríadas de retos de política exterior para los que no tenía ninguna respuesta. Todavía lo está.

Mientras los ataques terroristas pueden y deben usarse como una oportunidad para mejorar la relación de los Estados Unidos con Rusia y China, sigue siendo un hecho que la administración Bush aún está en proceso de definir los términos de su estrategia de largo plazo con esos dos países.

UNA BUENA NOTICIA

La buena noticia es que otra idea que surge de las cenizas de la tragedia del martes es que ni siquiera una superpotencia puede permitirse el lujo de estar sola. Muchos de los instintos unilateralistas que eran tan evidentes al principio de la administración Bush afortunadamente se atemperarán ahora al ser claro que la lucha a largo plazo contra el terrorismo requiere la cooperación íntima de otros países.

Esa lección será útil cuando surja la necesidad de tratar otros desafíos de política exterior que enfrenta Estados Unidos. Muy pocos —tal vez ninguno— de los problemas enumerados antes pueden ser confrontados eficazmente por la potencia del norte actuando en solitario. Todos necesitamos amigos y aliados. Incluso un poder hegemónico.

* Moisés Naim es Editor de la revista Foreign Policy.
Tomado del sitio de la Fundación CIDOB de Barcelona, y de la revista Cambio.com.

(www.foreignpolicy.com)  
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