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LUNES 17 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22494 / ACTUALIZADA 12:36 am

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Contra toda forma de terrorismo

La lucha actual contra el terrorismo en sus múltiples manifestaciones y en todas partes del mundo, hasta —si fuese posible— extirparlo por completo, ncomienza con la implacable persecución y el castigo ejemplar contra quienes ejecutaron, organizaron y planificaron los monstruosos atentados del 11 de septiembre en Nueva York y Washington D.C., y las acciones apropiadas contra quienes simpatizan con los terroristas, los acogen y los apoyan.

Las voces más representativas del mundo, inclusive musulmanas, han dicho que esa espantosa acción terrorista no fue un ataque sólo contra el pueblo y gobierno de Estados Unidos de Norteamérica. Tienen razón. Fue un ataque contra la humanidad, contra la vida, la razón, la civilización, la paz, la democracia y la libertad.

En este contexto cobra una especial significación la celebración en Nicaragua —que antes de la tragedia del martes 11 de septiembre ya era importante— de la III Reunión de los Estados Parte en la Convención de Ottawa sobre la Prohibición del Empleo, Almacenamiento, Producción y Transferencia de Minas Antipersonales y Sobre su Destrucción, que tendrá lugar a partir de hoy en Managua.

La celebración aquí de esta importante conferencia que es promovida por la Organización de Naciones Unidas (ONU), estuvo a punto de naufragar como consecuencia del horrendo atentado terrorista del martes pasado que no sólo conmovió profundamente a la gente de Estados Unidos y de todo el mundo, sino que también obligó a suspender una serie de eventos de toda clase que debían celebrarse en los días subsiguientes tanto en el territorio norteamericano como a nivel internacional. Pero la Cancillería y el Ministerio de Defensa nicaragüenses insistieron en que, a pesar de todo, la conferencia mundial contra las minas antipersonales tenía que celebrarse en Nicaragua y en la fecha previamente acordada, y es obvio que su empeño ha sido exitoso.

En realidad, si en este momento la tarea más importante de todos los gobiernos del mundo es la lucha a fondo contra el terrorismo en absolutamente todas sus causas y manifestaciones, no tendría sentido suspender esta conferencia contra las minas antipersonales. Pues las minas que son sembradas por los bandos en guerra para matar a quien sea, también son artefactos de terrorismo y producen el terror igual que cualquier otra acción terrorista, aunque no sea en las dimensiones gigantescas que causan los aviones comerciales de pasajeros convertidos por los asesinos en misiles para demoler edificios y matar multitudes.

Según las informaciones oficiales, al terminar la guerra civil de los años 80 en Nicaragua quedaron sembrados más de 135 mil artefactos terroristas llamados con el eufemismo de “minas antipersonales”, los que fueron colocados por los ejércitos sandinista y contra. Más o menos la mitad de dicha cantidad de minas sembradas ya fue destruida por el Ejército, que ha limpiado de esos infernales instrumentos de terror más de 2 millones de metros cuadrados del territorio nacional. Según datos de la Cruz Roja, las minas enterradas provocan unos 50 “accidentes” cada año, cuyas víctimas son 90% civiles, de los cuales 65% niños y adolescentes. Informaciones oficiales indican, además, que más de 200 personas han muerto por los “accidentes” que provocan las minas antipersonales.

Por otro lado, en los arsenales del Ejército quedaron más de 136 mil minas. Hasta ahora unos 70 mil de esos artefactos terroristas fueron destruidos y hoy, con motivo de la conferencia, serán destruidas otros 20 mil. Se espera que para 2004 no habrá ya ni una sola mina en los arsenales del Ejército.

Este terrible problema no sólo es de Nicaragua. Se conoce que un millón de minas están sembradas en once países de América Latina, 110 millones en todo el planeta, y sus estallidos inesperados matan o mutilan diariamente a unas 70 personas.

La conferencia de Managua contra las minas antipersonales es, pues, muy importante. Pero no sólo se deben aprobar medidas y recursos para extirpar las minas que están enterradas, destruir las que hay en los arsenales y prohibir su fabricación. También hay que resolver sanciones contra quienes siguen usando las minas, sean gobiernos, ejércitos institucionales o fuerzas armadas irregulares. La lucha debe ser coherente e integral, contra toda forma de terrorismo.  
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