Obispo Hombach: 40 años de sacerdocio
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 | Monseñor Bernardo Hombach arribó a cuatro décadas de ejercicio sacerdotal. Llegó a Nicaragua hace catorce años procedente de su tierra natal, Alemania. Como Obispo de la Diócesis de Chontales y Río San Juan se ha entregado de lleno a trabajar por los que sufren el desamparo |
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El obispo Bernardo Hombach, en uno de sus recorridos por comunidades campesinas de Chontales. |
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Mercedes Sequeira CORRESPONSAL/ JUIGALPA departamentos@laprensa.com.ni
“Como hijos de Dios, todos somos iguales”, quizás sea éste el principio que ha hecho práctico en su vida sacerdotal monseñor Bernardo Hombach y que, sin duda, le ha permitido ganarse el respeto, la confianza, el amor y la fe entre unos y otros, y que lo ha llevado a multiplicar más ovejas para su rebaño: la Casa de Dios.
De andar parsimonioso, casi pasa inadvertido donde asienta su esbelta figura a no ser por el bagaje espiritual que irradia su persona. “Nuestro obispo”, dicen con orgullo los chontaleños apegados a su máximo guía espiritual. Y es que allí ha estado cuando se trata de ayudar al necesitado, de mediar ante conflictos, de rescatar y enderezar por el camino del bien a los descarriados. Pero, ante todo, cuando se trata de política, asumir los fenómenos con imparcialidad, y ante quien corresponda, aflorar la verdad y la justicia.
A propósito de sus 40 años de sacerdocio, en Hombach viene el recuerdo desde que tenía doce años de edad. En ese entonces surgió el anhelo de ser sacerdote.
SUS ESTUDIOS ACADÉMICOS Y RELIGIOSOS
Refiere que al terminar sus estudios de secundaria en el Colegio Kreuzburg de Alemania, a la edad de veinte años comenzó sus estudios religiosos para hacer realidad su sueño. Hijo mayor de Hombach Lutkemcicr y Johames María, que en paz descansen.
En la Universidad de Lovaina, Bélgica, en el año 1957, se ordenó sacerdote, y el 28 de junio de 1971 ingresó a una congregación de sacerdotes denominada “Padre Blanco”, en Alemania.
Según Hombach, la congregación no era de su agrado, por lo que decidió viajar a América Latina para trabajar y apoyar a los más necesitados, esfuerzo que le fue muy duro por la situación en que se encontraba cada país, pero valioso por su misión. “Vi que la vida en la congregación no era para mí, entonces decidí por América Latina”, sostiene al tomar ese camino.
EN UNA PARROQUIA OBRERA POR LOS DESAMPARADOS
Previo a su viaje por los países latinos, monseñor Hombach trabajó en una parroquia obrera en su país de origen, argumentando que su deseo era ayudar a los desamparados, por lo que se dirigió a Argentina, donde laboró en los barrios más humildes, entre ellos menciona a “Villa Miseria”.
“Soy de la idea que como hijos de Dios, todos somos iguales. Miré cosas negativas en cada país, otro tipo de división en la sociedad que es entre pobres y ricos. Yo me percaté de esto, y por eso me dediqué de una forma especial a los que más han sufrido”, expresó el líder religioso.
Relata que fue capellán por cuatro años en una de las cárceles más grandes de América Latina, “El Lurigancho”, ubicado en el Perú, donde miles y miles de reos que estaban en el abandono necesitaban apoyo moral, espiritual y material. Y fue a través de Hombach que los presidiarios tenían ropa y alimento para subsistir.
UN ÁNGEL DE LOS POBRES
Ni los conflictos que hubo en Nicaragua en la década de los ochenta, ni las amenazas que recibió de los grupos paramilitares radicados en Argentina, hicieron que el “ángel” de los pobres desistiera de su misión que era anunciar el Evangelio, el amor a Cristo, que para él “es un mensaje de amor, de comprensión, de respetarse mutuamente los ciudadanos”, insistió el Obispo.
Cuenta que en Argentina, justamente por atender a la gente más sencilla, hubo grupos de militares que “me tenían en la lista. Incluso algunos de ellos me avisaron que estaba en la lista, por lo que el propio vicario general y el obispo de ese entonces me aconsejaron que me saliera del país”, recuerda.
A su criterio, esto es otra clase de divisionismo entre la gente, y que en ese sentido siempre “trato de luchar en contra de esta división a causa de los bienes que uno tiene o no tiene. Como dice Santiago, tenemos que respetarnos. Muchas veces le damos preferencias al rico, y ante Dios no debe ser así”, recalcó Hombach.
Bernardo trabajó en Colombia, Nigeria y Venezuela. “Cada ser humano merece que uno trabaje para él, que uno se ponga de lleno”, advierte.
Desde 1987 monseñor Hombach llegó a Nicaragua por petición del cardenal Miguel Obando y Bravo, y cuatro años más tarde fue nombrado director de Cáritas de Nicaragua.
SU LLEGADA A JUIGALPA
Según él, en Juigalpa la Diócesis tenía una gran necesidad, ya que el obispo de esa época estaba en el exilio. Se trataba de monseñor Pablo Antonio Vega, y había varios sacerdotes expulsados, por lo que fue nombrado obispo de Chontales y Río San Juan.
Recuerda el religioso que en el tiempo del sandinismo la situación era muy crítica. Había choques continuos entre el Ejército y la Contra. “Yo vivía otra clase de miseria. Primeramente, una división profunda entre el pueblo con odio mutuo. En aquel tiempo lo que más me impresionó fue que llevaban jóvenes muertos a la iglesia, y recuerdo que una vez me dijo una mamá feliz: ‘Bueno, padre, en quince días va a estar mi hijo en casa’, y... llegó antes de los ocho días a casa, la madre me lo llevó a la catedral... ¡muerto!”
“Era un tiempo realmente duro, donde traté de compartir este sufrimiento con el pueblo. Claro, pero mi misión principal era anunciar el Evangelio”, afirmó.
A pesar de que recientemente fue operado del corazón, monseñor Hombach asegura que se siente como un “gran roble”, y que seguirá al servicio de los pobres.
SUS OBRAS EN LA DIÓCESIS
Concluyó la construcción de la Catedral de Juigalpa. Según el Obispo, la iglesia estaba en una situación lastimosa.
Fundó la Casa de Hogar para Niños de la Calle, gestionó a través de organismos nacionales e internacionales créditos para los campesinos; asimismo, ha conseguido semilla para la producción de granos básicos.
La Iglesia ejecutó caminos de penetración conjuntamente con el Instituto Nacional de Desarrollo (IDR). “Yo creo que la Iglesia tiene algo que vale más que plata, es la gran confianza en el pueblo, porque la gran mayoría de nuestra gente sabe que cuando el dinero llega a la Iglesia no es para hacer un negocio, sino que para ayudarles, por lo que colaboran”, expresó Hombach.
En ese sentido, refiere que han impulsado proyectos agrícolas en distintas comarcas de Chontales y Río San Juan, donde se han beneficiado miles y miles de familias pobres.
El director del Sistema Penitenciario de Cuisalá, licenciado Darwin Centeno Mayorga, reconoció el apoyo incondicional de monseñor Hombach en el programa de alfabetización y posalfabetización de los reos, a los quwe ha garantizado cuadernos, lápices y libros para la reeducación.
También por gestiones del Obispo, el Ministerio de Educación Cultura y Deportes (Mecd) organiza la visita de colegios al penal, asigna a maestros normalistas. La biblioteca que lleva su nombre cuenta con libros donados por Hombach.
Al penal donó tres máquinas [de costura y de escribir], otorgó financiamiento para el impulso de la producción agrícola. Los reclusos reciben atención médica por parte de una brigada odontológica “Dentistas sin frontera”.
De igual forma, el Obispo apoya al Hospital Asunción de Juigalpa, a la Clínica Materno Infantil, a la Cruz Roja con ambulancia, donación de medicamentos y materiales de reposición periódica.
Parte de los donaciones hechas por monseñor Hombach son producto de su gestión ante el organismo internacional “Viva la vida”, que desde Alemania envía contenedores.

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