Duras imágenes en “zona de guerra”
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 | Rescatista narra horror entre los escombros del World Trade Center |
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Aves depredadoras vuelan sobre la zona de desastre en el bajo Manhattan, donde miles de voluntarios luchan por rescatar a posibles sobrevivientes. |
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Laura Bonilla AFP
NUEVA YORK.- “Ví miembros sueltos, troncos sueltos, y muchos, muchos cuerpos calcinados, reducidos... El olor era a pura carne asada”, contó a la AFP el experto en rescates colombiano Luis Eduardo Marulanda, que trabajó 40 horas sin parar en la “zona de guerra”, y al igual que sus compañeros, fue recibido con aplausos por cientos de personas al salir del perímetro de seguridad instalado alrededor del World Trade Center.
Marulanda, un bombero, técnico en emergencias médicas y experto en estructuras colapsadas, de 37 años, se encontraba por casualidad en Nueva York, negociando la compra de ambulancias para montar un servicio a la comunidad en su ciudad, Pereira, cuando ocurrió el atentado.
Inmediatamente se trasladó al sur de Manhattan, donde se ofreció como voluntario, y fue asignado a una ambulancia. Horas más tarde, al verificar que no había mucho que los médicos pudieran hacer, ya que “casi todos estaban muertos”, fue trasladado al grupo de estructuras colapsadas, donde retira escombros y abre el concreto para permitir el paso de los bomberos en busca de sobrevivientes y cuerpos.
Caminando sobre la montaña de escombros a la cual se redujo el WTC, “vi muchos, muchos cuerpos calcinados, que quedaron muy pequeños, reducidos, imposibles de identificar”, en medio de un “olor a pura carne asada”, dijo.
“Bajo los escombros hay cadáveres en todas las posiciones, de decúbito, de prono, de lado, atrapados por toda clase de objetos. Hay miembros y troncos sueltos, hay de todo, hierros retorcidos, cartón, vidrios, papel, en un área muy amplia”, como de dos estadios de fútbol.
Estas escenas recordaron a Marulanda imágenes de las tragedias que han sacudido a su país, como el terremoto que en 1998 destruyó la ciudad de Armenia (250 mil habitantes), en la zona cafetalera del centro oeste de Colombia, donde trabajó como rescatista de la Cruz Roja, y el deshielo en 1985 del volcán del Ruiz, que arrasó el pueblo de Armero (departamento de Tolima, centro) dejando 25.000 muertos.
“Tremendas cosas vi en Armenia, pero lo que estoy viendo aquí, con tanta fuerza con que cayeron los edificios, es desastroso (...) Yo no soy de Estados Unidos, pero sentí mucho desconsuelo, mucha rabia, y eso fue lo que más me armó de ganas para venir a trabajar”, explicó, todavía con el casco puesto.
“Yo estuve en el desierto, en Arabia Saudita, en el 95”, cuando un atentado con coche bomba dejó cinco estadounidenses heridos. “Esto es 1.000 veces más grande, no te lo imaginas”, dijo por su lado Walter Hernández, otro colombiano de 30 años que trabaja en la Fuerza Aérea de Estados Unidos y también fue asignado a estructuras colapsadas.
“Abrimos el paso para que los bomberos puedan entrar a un área mayor.
Recogemos partes de cuerpos y las metemos en bolsas, para luego entregarlas a la Policía.
Hay demoledores, constructores, trabajadores de hierro, cortavallas de acero.
Pero los bomberos son los que más arriesgan”, estimó.
Con los tobillos enterrados en el polvo, una máscara protectora y un trapo mojado cubriéndole parte del rostro, Marulanda rescató el martes a varios bomberos atrapados en el derrumbe del edificio 7 del WTC, de 47 pisos, que colapsó unas siete horas después que las Torres Gemelas.
“Estaba a unos 30 metros dando soporte a los bomberos que intentaban controlar el fuego, cuando la radiación, el calor de las Torres Gemelas, perjudicó a este tercer edificio, y a otros, y se vino abajo”, relató. En medio del sofoco, el calor y el polvo, “corrí a ayudarlos, lavé sus ojos, les di oxígeno, les coloqué líquidos intravenosos”, agregó.
“Vi niños, mujeres, hombres. Todos muertos. Los estaban sacando en ferry por el río Hudson hacia Nueva Jersey”, dijo.
“Mi país hizo que yo me volviera muy experto en dos cosas: en estructuras colapsadas, y también en el área médica”. “Vengo de un país que está en guerra, y esto es una zona de guerra”, señaló.
Marulanda está seguro de que hay varios sobrevivientes bajo los escombros.
“Puedo decir sin temor a equivocarme que hay personas atrapadas con vida aún”.
Si bien no ha escuchado voces desde abajo de la montaña de desechos, indicó que “algunas personas se han reportado por sus teléfonos celulares, y son las que pueden escapar”.
Las autoridades neoyorquinas estiman en más de 4.700 las personas desaparecidas tras los atentados perpetrados con aviones de línea secuestrados que fueron impactados contra las Torres Gemelas. 
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