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VIERNES 14 DE SEPTIEMBRE DEL 2001 / EDICION No. 22491 / ACTUALIZADA 2:00 am

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Efeméride de la libertad

El 14 de septiembre de 1856 , aniversario de la histórica Batalla de San Jacinto en la que un grupo de patriotas nicaragüenses venció a los invasores filibusteros e hizo cambiar definitivamente el curso de la Guerra Nacional, es por excelencia una efeméride de la libertad.

Sin embargo, el 14 de septiembre no es —o más bien, no debería ser— sólo un motivo de celebración oficial, sino también y sobre todo una convocatoria permanente a la defensa y fortalecimiento de la libertad; la cual, desde la Batalla de San Jacinto hasta ahora ha sido conculcada en diversas ocasiones por filibusteros nativos autoritarios, dictatoriales y corruptos.

La situación de Nicaragua, América Central y el mundo entero es en la actualidad, sin dudas de ninguna clase, completamente diferente a la que había cuando se libró la Batalla de San Jacinto. Pero la libertad, igual que hace 145 años, sigue siendo una condición de vida y una forma de gobierno que se debe defender y fortalecer todos los días.

A mediados del siglo XIX las naciones no existían tal como se les conoce ahora, o no estaban todavía plenamente definidas ni consolidadas. En aquella época los Estados más fuertes podían absorber fácil e impunemente a los pueblos pequeños y débiles. No existía o no se respetaba en absoluto el derecho internacional y era posible entonces que grupos de aventureros armados se apoderaran de un territorio, inventaran un país y crearan un nuevo Estado.

Ahora es prácticamente imposible que un grupo de mercenarios extranjeros se apoderen de un país, como William Walker y sus filibusteros lo hicieron con Nicaragua a mediados del siglo XIX. Sin embargo, hay los filibusteros nacionales que por concepciones ideológicas, codicia política y económica, o por lo que sea, imponen y tratan de imponer sistemas de vida y de gobierno basados en la supresión de la libertad y en la subordinación del individuo al Estado, al partido o al cacique o caudillo político.

Por eso es necesaria una permanente vigilia en defensa de la libertad, para la cual lo primero y fundamental es educar a los ciudadanos en la cultura libertaria; pues, como dice el filósofo español, Julián Marías, “no tener libertad es malo, pero es mucho más grave no ser libre”. O sea que peor que el cautiverio es no sentir amor por la libertad y no comprender la necesidad y la gran importancia de ser libre.

Precisamente por eso es que se asegura, con toda razón, que la libertad sufre la mayor amenaza cuando los mismos ciudadanos no se sienten orgullosos de ser libres, cuando las personas carecen de ideales y de valor cívico para defender su dignidad. Y por lo tanto, lo peor que le puede pasar a la libertad es que la gente se deje persuadir por los cantos de sirena de la demagogia y por las falsas promesas de igualdad económica y social a condición de dejar de ser libres.

145 años después de la Batalla de San Jacinto por la libertad, Nicaragua sigue siendo un país atrasado y su pueblo está sumido en la pobreza, dominado por la injusticia y envilecido por la corrupción. Pero esto no es por culpa de la libertad sino por falta de suficiente libertad, pues durante los últimos 145 años se impusieron contra el pueblo regímenes que menoscabaron o suprimieron la libertad.

La historia universal demuestra de manera irrefutable que sólo cuando se vive en condiciones de plena libertad es que los individuos, los pueblos y los Estados se desarrollan, progresan, alcanzan el bienestar y la prosperidad. Y al revés, los pueblos cautivos de cualquier forma de opresión, los que creyeron en una falsa tierra prometida de igualdad y justicia social a cambio de la libertad, perdieron ésta, pero siguieron siendo pobres y retrocedieron decenas de años con relación a las naciones libres. El pueblo nicaragüense, en su mayoría, puede dar testimonio de esto por la amarga experiencia que sufrió en la década ochenta del siglo XX.

Por eso, cuidar y defender la libertad es el mejor homenaje que se debe hacer a la efeméride libertaria de la Batalla de San Jacinto del 14 de septiembre de 1856.  
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