Entre el temor y la desconfianza
María Elena Salinas
Es difícil descifrar qué es más fuerte, el amor por su candidato o el odio por su rival. Así parecen estar las cosas para los votantes en las elecciones presidenciales a efectuarse este domingo 4 de noviembre en Nicaragua.
Estuve en el país centroamericano hace unas semanas, y entrevisté a los dos candidatos a la Presidencia con posibilidades reales de ganar. Enrique Bolaños, empresario y ex vice-presidente del gobierno actual, y Daniel Ortega, líder del Frente Sandinista y ex Presidente de Nicaragua. Me pasé mediodía con cada uno y asistí a sus actos de campaña. Tenía mucha curiosidad por ver cómo había cambiado el país, y qué tanto había cambiado Daniel Ortega. La última vez que lo entrevisté fue en 1989, en el décimo aniversario de la Revolución Sandinista.
A Managua la vi cambiada, con más comercios, restaurantes y hoteles de lujo. A Ortega también, cambió su traje de guerrillero por camisas de diseñador en colores pastel, se quito las gafas y la pañoleta roja y negra. Maneja un Mercedes-Benz, y tiene un reloj de la marca Rolex. Pero cuando nos sentamos a conversar me di cuenta que hay aspectos de este guerrillero que no han cambiado.
Dice haber renunciado a las armas. Habla de globalización y economía de mercado. Asegura que quiere democratizar a la revolución. Promete que nunca jamás habrá confiscaciones, expropiaciones y Servicio Militar obligatorio. Reconoce que las circunstancias no son las mismas, que Nicaragua ha cambiado y que el sandinismo ha tenido que cambiar.
¿Pero qué tanto ha cambiado Daniel Ortega? Sigue siendo revolucionario. Dice que el hecho de ser revolucionario le da la capacidad de ver más allá. ¿Sigue siendo socialista?, le pregunté: “Sigo siendo socialista, claro. Creo que los ideales no se pueden perder. Mis raíces son cristianas. Después de Cristo conocí a Sandino. Después de Sandino conocí a Marx y esos elementos están allí presentes”. Y no está dispuesto por ahora a abandonar esos ideales. Y son esos ideales precisamente los que tienen atemorizados a muchos nicaragüenses, empezando por Enrique Bolaños.
El candidato liberal no puede separar los ideales socialistas de Daniel Ortega con los excesos de la revolución que él vivió en carne propia. Según Bolaños, los sandinistas le quitaron sus negocios y sus fincas con valor de 9 millones de dólares. Pero eso no es lo único que recuerda de la década de los 80. Recuerda las violaciones a los derechos humanos, las ejecuciones, la falta de libertad de prensa, la inestabilidad y la intranquilidad.
Si las cosas estaban tan malas bajo el régimen sandinista, entonces ¿cómo es posible que las últimas encuestas muestren un empate técnico entre Ortega y Bolaños? ¿Será que el país tiene amnesia? Desafortunadamente encontrar la respuesta no es tan fácil, pero sí hay ciertos elementos que se pueden considerar.
Un 80% de los nicaragüenses vive en la pobreza. El nivel de desempleo es de un 20 por ciento. Hay quienes tienen que sobrevivir con tan sólo un dólar al día. Once años de gobiernos democráticos no le han resuelto el problema al nicaragüense común, que sigue viendo a Daniel Ortega como el salvador de los pobres. Y para colmo de males, el presidente Arnoldo Alemán es percibido como uno de los mandatarios más corruptos en la historia del país. Se le acusa de nepotismo, de tener cuentas millonarias, de adueñarse de más de 50 propiedades, y de permitir el enriquecimiento ilícito de sus allegados. Aunque Bolaños es considerado un hombre honesto, es vinculado con los excesos de Alemán. No sólo fue su vice-presidente y pertenece a su partido, sino que encabezó la comisión de integridad encargada de evitar y castigar actos de corrupción.
De tal manera que a la hora de elegir su candidato, hay quienes votarán en contra de Bolaños por sus vínculos con Alemán, y por ser percibido como el candidato de los ricos en un país de pobres. Pero de la misma manera, hay quienes votarán en contra de Ortega por la amistad que aún mantiene con Gadafi, Castro, Hugo Chávez y Saddam Hussein. Porque creen en las acusaciones de su hijastra Zoilamérica Narváez de que abusó sexualmente de ella por años y porque no creen que sus camisas rosadas hayan cambiado su oscuro pasado.
Nicaragua sigue siendo un país políticamente polarizado, y los nicaragüenses tendrán que decidir si le dan una segunda oportunidad a Daniel Ortega o un voto de confianza a Enrique Bolaños. Los nicaragüenses tendrán que elegir este fin de semana entre el temor y la desconfianza. Una decisión muy importante para un país que no se puede dar el lujo de volverse a equivocar.
La autora es periodista de Univisión 
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