Posoltega recuerda a sus muertos
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 | Damnificados de El Casita realizan concentración en el parque para rememorar el tercer aniversario de la catástrofe |
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Dolor y lágrimas invadieron a los familiares de los fallecidos en la tragedia de El Casita. Los visitantes al lugar se concentraron en el Parque Memorial para recordar a sus deudos. |
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Carol Munguía CORRESPONSAL / CHINANDEGA nacionales@laprensa.com.ni
Posoltega cambió la efemérides del Día Nacional de los Difuntos. Ayer centenares de familiares se concentraron en el Parque Memorial para enflorar a sus muertos o simplemente buscar la sombra de los árboles que adornaban sus propiedades.
Los deudos rememoraron el tercer aniversario del derrumbe del Volcán Casita con cultos religiosos en la zona de la tragedia, y con una misa campal en la Iglesia “Jesús de Nazareno” del poblado, que aún recuerda con dolor el fenómeno que congeló sus sonrisas.
En el Parque Memorial están plantados dos mil quinientos árboles, que representan la misma cantidad de personas que desapareció el trágico 30 de octubre. Se han construido tres etapas —el costo de la obra es de 38 mil dólares— que llevan adelante organismos a la cabeza de Forestadores Asociados de Nicaragua (FORESTAN).
Sin embargo, se observan pequeños túmulos y cruces en diversos espacios. Son algunos de los pobladores de alguna de las tres comunidades devastadas que fueron enterrados en el mismo lugar donde se encontraron por su avanzado estado de descomposición.
TESTIMONIOS DESGARRADORES
Una historia trágica es la de Antolín Díaz Caballero, de 43 años, originario de la comunidad “Rolando Rodríguez”. Perdió a sus ocho hijos, su esposa, su madre, dos hermanos y 10 sobrinos en el deslave.
“Me quería morir. Yo tenía 25 manzanas de granos básicos, un camión, 25 vacas y mi vida tranquila. Yo me quedé con la ropa que andaba”, relató consternado.
Antolín recibió ayuda psicológica. Lo encontramos en el parque vendiendo con su nueva esposa y sus dos hijitos de su nuevo enlace. Yo estoy recuperado, pero este día es algo inolvidable y doloroso”, insistió.
Doña Cándida Canales también fue parte de la peregrinación de familiares que llegaron al lugar para apoyarse de los que quedaron vivos. Cada encuentro era llanto y dolor. Ella con la mirada puesta sobre el volcán recordó que perdió a 33 miembros de su familia. De su núcleo familiar únicamente quedaron seis sobrevivientes y todos debajo de la sombra de un guanacaste blanco se iban reuniendo poco a poco.
“No quisiera recordar y no puedo olvidar”, decía entre sollozos la anciana. 
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