Opinión económica
La economía y el momento electoral de Nicaragua
Néstor Avendaño*
Desde finales del primer trimestre del año pasado, la economía nacional comenzó a experimentar una continua contracción económica, que aún persiste y que probablemente se prolongará hasta mediados del año próximo.
En el 2001, sólo crecen las actividades de matanza de ganado vacuno, matanza de aves, las ramas industriales procesadoras de los bienes pecuarios y elaboradoras de bebidas, junto con un leve repunte del comercio importador y de la generación de energía eléctrica y agua potable. La agricultura se estanca y cae la producción pesquera, minera, construcción y servicios financieros. En este escenario recesivo, el Producto Interno Bruto Real tiende a crecer, con cierto optimismo, apenas 1% en el 2001.
Siempre en el 2001, la inversión pública cae por los menores flujos de ayuda internacional, y la inversión privada también cae por la incertidumbre política en un momento de elecciones nacionales. Así, la inversión fija total tiende a disminuir 4%. El volumen de exportaciones disminuye alrededor de 2% debido a la menor cosecha de café registrada en el ciclo agrícola 2000/2001. Las importaciones también disminuyen 7% porque ha caído la ayuda internacional en el último año de reconstrucción ante los daños provocados por el huracán Mitch. Por lo tanto, por el lado de la demanda, es el gasto de consumo de las familias que sustenta el crecimiento de 1% de la producción.
El costo económico de mantener una tasa de inflación baja, que podría oscilar en el rango de (6%, 7%) en este año, ha sido el desempleo. La tasa de desempleo abierto más la tasa de desempleo equivalente (asociada con el sub-empleo) se aproxima a 25%: en otras palabras, alrededor de 460,000 nicaragüenses no generan ingresos en 2001.
El programa interino acordado entre el gobierno y el Fondo Monetario Internacional para el segundo semestre de este año no podrá ser cumplido. Para el 30 de septiembre recientemente pasado se había programado:
q la obtención de US$115 millones por la privatización de Enitel y Enel, los cuales aún no han ingresado y posiblemente sólo se obtengan US$30 millones por la privatización de Enitel en el último bimestre;
q el ingreso de US$80 millones en concepto de préstamos del BID, pero se desembolsaron US$25 millones en septiembre y US$10 millones en octubre, esperándose, con ciertas dudas, que ese organismo internacional entregue los US$45 millones restantes en la primera semana de diciembre próximo;
q una disminución de reservas internacionales netas ajustadas, acumulada desde diciembre del 2000, del orden de US$43 millones, pero en la práctica se observó una disminución acumulada de US$131 millones, con la ayuda de un préstamo de cortísimo plazo de US$63 millones facilitado por la banca privada del país en la última semana de septiembre, el cual fue financiado con los recursos del encaje legal en moneda extranjera; y
q un saldo de financiamiento interno neto expansivo del Banco Central de Nicaragua al Gobierno Central de C$88 millones, pero se registró un crédito neto expansivo de C$1,806 millones.
Las reservas internacionales autónomas o propias del Banco Central de Nicaragua, calificadas como “ajustadas” por el Fondo Monetario Internacional, son negativas en el nivel de US$49 millones al 25 de octubre recientemente pasado. Ya se gastó totalmente el primer tramo de US$35 millones del préstamo de US$80 millones que prevé facilitar el BID en este segundo semestre, que es el único ingreso de divisas líquidas de libre disponibilidad para apoyo a balanza de pagos en este año. Pero, además, el Banco Central de Nicaragua ha comenzado a utilizar recursos del sector privado para pagar deuda externa pública y vender divisas al mismo sector privado.
La deuda de corto plazo del Banco Central de Nicaragua en concepto de emisión de CENI, BOMEX, TEI y TEL, excluyendo los CENI asociados con las quiebras bancarias fraudulentas, suma un monto equivalente a US$238 millones al 25 de octubre. Esta deuda mantiene una estrecha relación con el saldo de las reservas internacionales brutas oficiales que totalizan US$279 millones. Y este monto de reservas brutas incluye un remanente de US$67 millones provenientes de la privatización de las líneas de distribución de Enel, que fueron vendidas en US$115 millones a Unión Fenosa en octubre del año pasado.
Cabe recordar que, en diciembre del 2000, el Fondo Monetario Internacional exigía un monto de reservas internacionales brutas que no incluyera recursos de privatización de empresas públicas igual a 3.9 meses de importación CIF del 2001, pero al 25 de octubre de este año ese indicador era igual a 1.5 meses de importación.
Mientras el tipo de cambio oficial al 25 de octubre era C$13.6935 por US$1.00, cada dólar de las reservas internacionales netas del Banco Central de Nicaragua respalda a 24.4758 córdobas en el mercado. Pero si a esas reservas internacionales netas oficiales le restáramos la deuda de corto plazo por emisión de certificados emitidos por el mismo Banco Central, se perdería la noción de la paridad cambiaria en nuestra economía: su nivel, contradictoriamente, sería negativo. ¡Un absurdo económico, resultante de una errática administración de la política monetaria! Una política monetaria que ha cumplido a medias su objetivo principal, que es mantener una tasa de inflación baja y estable y contribuir al pleno empleo, pero que se ha desviado en los rescates de bancos quebrados fraudulentamente.
En conclusión, el actual gobierno no ha podido facilitar la transición ordenada de la política económica al próximo gobernante que elijamos el próximo 4 de noviembre, ni ha facilitado a las nuevas autoridades la elaboración del próximo programa económico trienal frente a la misión técnica del Fondo Monetario Internacional.
Gane quien gane las próximas elecciones, enfrentará este grave obstáculo económico. La incertidumbre económica, ya vigente a la fecha para los tres candidatos a Presidente de la República, comenzará a desaparecer tan pronto se logre un nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional.
Depende, pues, de la celeridad e importancia que las nuevas autoridades trabajen sobre este tema tan pronto asuman el poder. Y ojalá que el próximo gabinete económico presente una mejor capacidad de negociación comparada a la que existe en la actualidad: el nuevo programa económico debe ser pro-productivo y pro-pobre, por lo cual no sólo basta que el Producto Interno Bruto crezca, sino también adquieren gran importancia la composición sectorial y la distribución del futuro crecimiento económico del país. El reto es, pues, vincular el Programa “PRGF” del Fondo Monetario Internacional con la Estrategia Reforzada de Reducción de la Pobreza, supervisada por el Banco Mundial.
* Economista 
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