Entrevista - Agnes Saborío, directora del Centro de Investigaciones de Ecosistemas Acuáticos
En defensa de la camaronicultura
 |
|
 | Tras varias investigaciones practicadas han detectado tres grupos de personas que accionan alrededor del cultivo de camarón: los cooperados, los larveros y los mangleros. Un trinomio cuyas condiciones de vida no son las más privilegiadas, podría resurgir y salir de “las tierras salitrosas” si hubiesen planes gubernamentales que prestaran atención al desarrollo de un rubro que apunta hacia un fuerte crecimiento con amplios mercados y buenos precios. |
|
|
| |
María Antonia López Manzanares maria.lopez@laprensa.com.ni
Una mujer a quien se le nota mucha energía, tanto para hablar con entusiasmo y seguridad en el dominio del tema, como en el trabajo de dirección que desarrolla. Informada de cada uno de los trabajos de investigación que se practica y consultando al personal de laboratorio constantemente sobre el quehacer diario, Agnes Saborío transcurre más tiempo sumergida en la actividad científica, que en su propia casa, aunque eso no desdice de la atención que le debe brindar a su hogar.
— ¿Cuando la nombraron directora del centro midieron su capacidad profesional o también tomaron en cuenta el ser mujer?
Realmente me imagino que vieron el currículo y la experiencia en el campo. Los jesuitas no tienen inconvenientes en trabajar con mujeres, de hecho hubo un momento en que en las estructuras de la universidad hubo muchas mujeres. No fue un impedimento. Sí supe que se preguntaban por qué una mujer, porque es un trabajo donde hay que estar mucho en el campo, es una parte difícil para nosotras por las funciones que tenemos en los hogares.
— Aunque es bastante difícil encontrar en Nicaragua a una mujer jefa, haciendo trabajo científico...
Tal vez porque la mujer tradicionalmente, aunque las cosas han cambiado, se ha dedicado a las humanidades y los trabajos de campo se han asignado al sexo masculino, pero eso ha ido cambiando y curiosamente en este centro trabajan más hombres que mujeres, trabajan igual en el campo con resultados fantásticos.
— ¿Cómo ha enfrentado el hecho de ser mujer y conciliar ese tiempo entre estar en la oficina, el campo y la casa?
Primero, he tenido la suerte de darme la oportunidad de tener mi propio espacio, al contrario, en momentos cuando yo no he estado, mi marido asume, es un apoyo a mi trabajo, he tenido un compañero que me da apoyo para mi desarrollo. Por otra parte, mis hijas desde niñas se acostumbraron a tener una madre que trabaja, han asumido su propia individualidad y tienen respeto a mi trabajo o mi intimidad, eso les ha permitido ser más independientes. Ahora, si uno es organizado logra con facilidad estar presente. Siento que no les falta nada.
— ¿Todo ese conocimiento y esa pasión por el estudio de los camarones han sido transmitidos a los miembros de su familia?
A mi esposo sí, porque en algún momento de su vida tuvo que ver con la pesca, aunque es economista, pero es alguien que conoce bastante, mis hijas un poco menos, aparentemente no tienen pasión por las ciencias, o por el campo, son niñas más intelectuales en términos más tradicionales.
— Usted, es hija de Alberto Saborío, candidato a la Presidencia por el Partido Conservador, ¿le ha implicado contratiempos en estos días de campaña electoral que hayan afectado su trabajo?
En absoluto, tengo la suerte de trabajar en una Universidad donde no hay problemas y donde hay jóvenes de todas las tendencias, más bien me hacen preguntas, pero no he tenido inconvenientes. Si estuviera trabajando en un lugar más polarizado tal vez, al contrario, he recibido muchos gestos de solidaridad de estudiantes que me han expresado su apoyo a la personalidad que está llevando mi papá en su campaña.
— Tomando en cuenta esa relación familiar, ¿dentro de los programas de gobierno planteados por su padre han pensado en un proyecto de fortalecimiento al camarón?
Primero, tenemos una excelente relación familiar, pero no tenemos nexos de trabajo juntos, pero creo que no sólo el Partido Conservador, sino todo el que quiere que este país avance debe reconocer que es un área de producción que tiene un gran potencial, que realmente puede significar mucho ingreso para Nicaragua. Sólo el año pasado generó más de 40 millones de dólares, tenemos un mercado estable y que podemos hacerlo, además la actividad se desarrolla en una zona donde hay poco empleo, donde no se compite ni con la agricultura ni con la ganadería, tradicionalmente marginadas, donde creo que cualquier política de gobierno que dé empuje al cultivo o a la pesca está haciendo algo sabio.
— Hablando del potencial que posee el país, ¿qué han encontrado tras sus investigaciones?
Actualmente estamos trabajando con el camarón, aunque no se va a dedicar solamente a eso, lo hacemos porque es una industria que tiene mayor crecimiento en el país, hay poco apoyo gubernamental, no hay otras universidades trabajando dedicadamente a esta área. Pero, estamos pensando comenzar el próximo año investigaciones sobre especies de peces que pueden ser cultivadas de agua dulce y marina, con moluscos que tienen buenos precios, peces ornamentales que podrían significar una diferencia en Nicaragua con poca inversión.
En el país hay alrededor de 200 cooperativas camaroneras, y es uno de los pocos países que las tiene en manos de pequeños productores, generalmente es una actividad de grandes inversiones y de mucho poder económico. En Nicaragua empezó con las cooperativas y esto ha traído beneficios y costos, y la tarea nuestra ha sido capacitarlos porque no hay tradición en el cultivo marino, en el campo lo aprenden por los más viejos, pero el cultivo de camarón es algo nuevo y empezaron una actividad que tiene buen precio, rentabilidad pero sin conocer mucho que son organismos vivos, que se enferman, mueren, tienen estrés, que se puede perder mucho dinero si no se sabe manejar.
Queremos que mejoren sus índices de productividad, y hemos hecho investigación, validación para dar respuesta al productor nicaragüense, y somos el primer país en América que estamos haciendo una investigación de una nueva forma de producción del cultivo de camarón que cambiaría muchos paradigmas, es más amigable con el medio ambiente, con índices de producción más altos, es más tecnificado y con menos riesgos de enfermedades. Tenemos apoyo financiero de la AID que puede costar más de un millón de dólares y estamos trabajando con varias universidades para probarlo.
— ¿Cuál es la diferencia entre la práctica que se hace y este nuevo sistema?
El sistema cooperativo utiliza estanques que tienen tamaños de 20 a 80 hectáreas, entre más pequeña sea el área es más fácil su manejo. Las empresas grandes tienen estanques que varían entre 8 a 20 hectáreas, el nuevo sistema indica media hectárea. Por otro lado, la vieja práctica se mantiene con recambio de agua tras el uso de bombas puestas en los esteros que bombean agua dos veces al día durante horas para rellenar los estanques y salía agua constantemente hacia los esteros. Una de las cosas que se criticaba es que había alguna contaminación. Con la nueva forma se bombea una vez al año y el impacto del ambiente es diferente. El oxígeno para el camarón se establece mediante aireación dentro de los estanques.
— Ésa era la otra criticable, que con el avance de las áreas se dañaba el mangle, ¿qué ha cambiado en ese sentido?
El cultivo del camarón botó mucho mangle en otros países donde la zona salitral que es la tierra que no tiene vegetación que se inunda con las mareas se empieza a hacer el cultivo del camarón. Cuando se les acaban, empiezan a botar el mangle para hacer más camaroneras, y con el consecuente problema porque es uno de los lugares de protección para la larva del camarón. El hecho de que Nicaragua comenzara esa actividad más tarde que el resto del mundo, empezamos en los 90, la única ventaja fue darnos cuenta de los errores en los otros países.
Tenemos la ventaja que el país posee en áreas salitrales más de 30 mil hectáreas y que no hemos tenido necesidad de quitar mangle para instalar camaroneras. Que sí ha habido corte de mangle para poner las casetas de bombeo seguro hay, pero es una relación mínima. El corte de mangle en la zona del Estero Real (Chinandega) se da a raíz de la pobreza de la zona. Soy testigo del corte diario de mangle para leña, es una forma de subsistencia de la zona, no se les puede culpar porque no tienen otra forma de sobrevivencia.
— ¿Quiere decir que ustedes se han encontrado con dos situaciones, la falta de atención a los que cultivan camarón y luego los que cortan mangle por necesidad?
Y una tercera población, que dependen también de esto, que son los larveros, casi nadie sabe que existen, hay alrededor de 8 mil personas que viven de eso para vendérselas a las camaroneras, no son pescadores natos, sino gente que se han quedado en el desempleo, y se han metido en el negocio para defenderse. Es un área totalmente olvidada y eso puede traer otra carga de problemas tanto para los productores por no ser bien manejada.
— Como política gubernamental ¿han detectado alguna atención, o no existe totalmente?
Ha sido variable a través del tiempo, hubo épocas que se le dio atención, pero cada año es menor y en los últimos ha sido cero. La presencia de Adpesca ha sido limitada por factores de presupuesto, en lo absoluto no pueden atender la camaronicultura y el Mag-For, que tiene que ver en las plantas de proceso y exportación del camarón, pero que haya investigación, regulaciones, no hay. Debería dársele mayor énfasis a un rubro que llegó a ocupar el segundo lugar en exportaciones del país.
— ¿Eso puede interpretarse como una falta de visión del gobierno y luego presentar estadísticas bonitas?
Los que manejan las camaroneras se han sentido un poco desprotegidos por el gobierno, cuando el huracán Mitch afectó a la camaronicultura no hubo apoyo del gobierno. Se ha pedido ayuda para mejorar los caminos por donde se saca el producto. Todavía se mira como algo muy científico y no ha sido asumido como un campo de producción fuerte.
— ¿Cómo superaron los problemas después del Mitch?
Yo creo que eso ha afectado al pequeño productor más que a nadie. Se han ido rehabilitando poco a poco, a raíz que les afectara la mancha blanca el instituto ha colaborado con eso, ya contamos con equipos para hacerlo y les damos servicios a los camaroneros en calidad de agua, trato de enfermedades, recomendaciones, mucho del equipo que tenemos fue donado por Japón, así como financian algunas investigaciones.
— ¿Las dificultades que enfrentan los pequeños y grandes productores son similares?
En enfermedades del camarón, tal vez, pero a nivel de infraestructura no. Los pequeños no tienen financiamiento, se les dificulta porque las tierras son estatales y no pueden pignorar cosechas los bancos no las toman como garantías. Eso hace más complejo el crédito. Han caído en manos de privados que prestan muy alto. Otra alternativa es a través de un microcrédito de los cuales obtuvimos fondos para que los intermediaran o bien con las empresas grandes que les prestan contra entrega. Aunque ellos necesitan de capacitación para que puedan manejar bien su dinero.
— ¿Las condiciones de vida han mejorado?
Alguien que no ha ido muy seguido a la zona puede ver cierta mejoría pero todavía dista de ser algo que se palpe, creo que hay un mal uso en la reinversión del dinero. Aunque se siente que hay actividad económica en un lugar donde no había nada.
UNA VIDA DE ESTUDIOS
Agnes Saborío estudió una licenciatura en Biología y Administración de Recursos
Posteriormente realizó una maestría en Acuicultura en Estados Unidos.
Después empezó a trabajar en Nicaragua en dicha especialidad tanto en estructuras oficiales como en organizaciones internacionales.
Va a cumplir tres años de estar a cargo de la dirección del Centro de Investigaciones de Acuicultura de la Universidad Centroamericana.
Es catedrática de la misma Alma Máter. 
|