Espacio gerencial
El papel de la capacitación
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José Leñero. |
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José Leñero G.
En el Congreso de Sistemas Integrados de Gestión celebrado en Santiago en agosto último, tuvo especial acogida del público una conferencia del Gerente de Capacitación de las Curtiembres Branaá de Montevideo, quien explicó la gran trayectoria de la compañía fundada en 1890 por el abuelo del actual Gerente General y que hoy tiene seis plantas industriales a lo largo del país, certificadas en varias normas internacionales, incluidas ISO 9000 y 14000, lo que atribuyó a la aplicación de la visión de la empresa, que incluye “Capacitar y facultar a nuestro personal apuntando a su desarrollo, para consolidar, junto a clientes y proveedores, un gran equipo capaz de obtener resultados que satisfagan a todos”.
Además de los detalles de los programas de capacitación que llevan a cabo, al auditorio le interesó el intenso apoyo que ellos reciben de todo el cuadro gerencial.
Esta conferencia me hizo reflexionar que en nuestro medio es frecuente hablar de la importancia de la capacitación, pero que cuando se trata de medir su eficacia, usualmente los indicadores tienden más a mostrar número de horas de aula, personal asistente, temarios tratados... que indicadores que se refieran al impacto que ha provocado en el desempeño real de la empresa, en áreas tales como calidad, productividad, mejoramiento de productos y procesos, satisfacción del cliente, oportunidad con que se responde a los clientes, posicionamiento competitivo...
Es importante destacar que las empresas líderes de hoy no sienten la capacitación sólo como una herramienta insustituible para mejorar la cultura general y profesional de sus integrantes, sino también como forma de cubrir otras dos nuevas funciones básicas para abordar la turbulencia del entorno: 1.- crear en todos una necesidad permanente de “aprender a aprender” y 2.- enseñarles con la mayor premura, los últimos conocimientos científicos y tecnológicos aplicables a sus funciones.
La velocidad del avance del conocimiento y la rapidez con que se transforman sus descubrimientos en nuevos bienes y servicios, hace que la mayor amenaza para las empresas de hoy sean la rutina y el conformismo. Esta amenaza es especialmente grave para la gran cantidad de empresas de nuestra región que viven apegadas a la tradición, amparadas por la protección a la competencia del exterior.
La educación continua, incluida la experimentación sistemática, es la mejor herramienta para concientizar a los seres humanos de que nunca se sabe todo lo que se necesita en su actividad —y en cualquiera otra— y, por ende, es la mejor forma de crear un ambiente abierto a la creatividad y a la innovación, condición indispensable para la supervivencia en los años que se avecinan.
La segunda función, de enseñar con la mayor premura, los últimos conocimientos científicos y tecnológicos aplicables a sus funciones, ha llevado a que la capacitación no sólo debe ser “just in case”, esto es, debidamente adaptada al uso que le da la empresa, sino además “just in time”, es decir, entregada en el momento exacto en que se la necesita. 
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