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MARTES 30 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22537 / ACTUALIZADA 07:34 am
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En memoria de un santo que vivió en Nicaragua…

A Don Bernardo

Lo conocí allá por 1988 cuando llegó de administrador parroquial a El Crucero, después del fallecimiento de Monseñor Félix Andino. Tuve la dicha de estar cerca de él porque mientras estuvo en El Crucero llegaba a almorzar y/o cenar a casa de mis suegros y ahí junto a mi esposa y su familia fuimos cultivando una gran amistad que nunca murió.

Tuvo muchos problemas que para nadie es un secreto, pero siempre tuvo la mano amiga de S.E. Monseñor Bosco Vivas, quien se hizo siempre cargo de él, incluso hasta en sus últimos momentos. Don Bernardo (nunca me acostumbré a decirle Padre) siempre contaba que Monseñor Bosco era su guía espiritual y su amigo incondicional.

Padeció mucho y siempre buscaba ayuda para los lugares donde estuvo después de su Ordenación, incluso yo fui intermediario ante un funcionario público de este gobierno para que le ayudaran a poner un comedor infantil en El Viejo, Chinandega.

Siempre recibíamos evasivas de ese funcionario, que hasta el proyecto se había perdido, pero tú seguías adelante a pesar de todos los problemas, claro eres un Santo y debías tener muchos sufrimiento, aunque ahora todo eso quedó atrás, ya que gozas de la dicha divina de estar al servicio de Nuestra Señora a quien siempre has querido.

Mi esposa y yo estuvimos contigo en tus últimos momentos en esta Tierra y supimos de todo lo que sufrías por lo que pasaba a tu alrededor; aunque haya personas que se sortearon tus ropas a como lo hicieron con Nuestro Señor, tú ahora gozas de la dicha eterna y eso es lo que vale...

Gracias Dios, gracias Virgen Santísima, gracias amigo Don Bernardo por habernos dado la oportunidad de tener su amistad.

Hace un año te fuiste y parece que fue ayer, cómo pasa el tiempo, pero menos mal que los nicaragüenses tenemos un Santo a quien debemos pedir por la paz de este país.

Gracias a S.E. Monseñor Bosco Vivas, al Padre Goyito de Cuapa (que han querido levantar ahora algunos falsos contra él), gracias a Arsenio Suazo —tu chofer, secretario y amigo hasta en el último momento—, a pesar de haberlo querido hacer a un lado para que no te sirviera y gracias al muchacho que Arsenio llevó y del cual no sé su nombre. Muchas gracias a estos buenos amigos verdaderos de Don Bernardo, el Santo de los nicaragüenses.

Martín Maltez Rivas  
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