Mi punto de vista
Transparencia electoral
Freddy Potoy freddy.potoy@laprensa.com.ni
Casi hemos llegado al punto neurálgico de las elecciones nacionales. Una preocupación que he escuchado y que comparto con distintos sectores sociales —estudiantes universitarios, comerciantes, empresarios, profesionales, empleados estatales, transportistas, productores y gente campesina, entre otros— son los resultados electorales.
Los programas de gobierno de los candidatos del PLC y del FSLN, al parecer bastante agotados en estas últimas dos semanas, ya no serán tan importantes para los votantes como las expectativas de unos resultados electorales legítimos, transparentes y sin ninguna triquiñuela política a espaldas del pueblo.
Se espera que el papel de los organismos observadores internacionales y nacionales sea decoroso, sincero, franco, honesto, cristalino y directo con el pueblo de Nicaragua, y que no se juegue con la inteligencia de los votantes.
Si a la medianoche del 4 de noviembre ya existe un porcentaje alto de los resultados electorales, en teoría se espera que alguien informe a Nicaragua y el mundo de esas cifras. Los resultados deben ser claros.
Si la opinión pública se entera antes de las 12 de la noche del 4 de noviembre de que existen resultados preliminares y no se dan a conocer, el prestigio de los observadores internacionales y nacionales quedará al descubierto ante Nicaragua y el resto del mundo.
La tardanza de los resultados electorales puede generar serios problemas en el país y, sobre todo, una desconfianza que después puede costar mucho revertirla con un pueblo que sabe bastante de política. La política ha sido gran parte de su vida para este pueblo.
Lo más triste de esta historia sería que haya un bozal a las instituciones que puedan dar a conocer los resultados del conteo rápido en cuanto estén listos. Pero más grave sería que la naturaleza de ese bozal sea una triquiñuela encaminada a negociar los votos de los nicaragüenses, y que los políticos del PLC y el FSLN se repartan el Ejecutivo y el Legislativo como si fueran trapos viejos. Con la voluntad del pueblo no se debe jugar, y, por supuesto, se espera que semejante barbarie no ocurra, y si ocurre, que no sea avalada políticamente por los observadores.
En lo personal, espero que haya mucha sensatez por parte de los observadores internacionales y nacionales. Debe haber madurez y sobre todo respeto por quienes consideran que Nicaragua debe avanzar por los senderos del desarrollo y la democracia, pero no a costa de sinvergüenzas.
Ética y Transparencia como organismo observador electoral nacional tiene una seria responsabilidad con el pueblo de Nicaragua, quien es el que finalmente depositó su voto y tiene todo el derecho que le asiste para exigir resultados. Ética y Transparencia debe dar a conocer los resultados le gusten o no le gusten a quien sea, cueste lo que cueste.
No debe haber espacio para el fraude, y menos aún que ese fraude sea ocultado, pues si eso ocurriera estaríamos ante un grupo de cómplices que nos darían a conocer resultados electorales no ajustados a la verdad y legitimarían una alteración de hechos históricos en Nicaragua.
El autor es periodista 
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