El valor de la honradez
Alejandro González
Todos deseamos mejorar sostenidamente. Así deberíamos actuar al votar. Un gobierno debería ser mejor que el anterior. Así ha sucedido por años en los países desarrollados. ¿Por qué en Nicaragua ha ocurrido y puede ocurrir lo contrario?
Después de Somoza, el sandinismo ofreció mejorar, pero hizo lo contrario: la economía de todos disminuyó, generaciones de jóvenes perdieron la educación y se perdieron también muchos valores. Sólo la población creció en una economía menor: empobrecimos todos. Una lástima, pues como todo se paga en la vida, ya estamos pagando la década perdida. El progreso es como el ahorro: o se guarda y cuida o se pierde y disminuye. No hay más.
En 1990 se votó para salir de una desesperanza económica con libertad, no se votó por doña Violeta, se votó por los valores democráticos y honradez que ella y Pedro habían mostrado durante una vida, valores pulidos con los años. Votamos por mejorar. Terminó su mandato honradamente. Hoy, es la personalidad política más admirada de la historia reciente de Nicaragua.
En 1996, don Arnoldo prometió continuar con la sencilla honradez de su antecesora, de nuevo la mayoría votó, no por don Arnoldo, pero sí por los valores de honradez que dijo implementaría para continuar progresando.
¿Por qué puede ser que parte de los ciudadanos voten por don Daniel, quien durante su gestión sólo hizo crecer el número de exiliados, la dispersión familiar, la pobreza, las confiscaciones, la guerra y despreció la democracia y a todas sus instituciones? No era necesario perjudicar para gobernar.
Pues bien, don Daniel es opción por la sencilla razón de que don Arnoldo no llenó las expectativas, a pesar que durante su gobierno los empresarios —quienes apenas se recuperan de las pérdidas de patrimonio que les confiscó el sandinismo— desarrollaron significativamente la economía.
La poca imagen de honradez con que terminó, lograda por tantos casos de deshonestidad de algunos de sus subalternos —quienes actuaron con total impunidad—, ha hecho que los desaciertos sean mayores que los logros.
Pareciera ser que lo que hace posible que don Daniel gane, no es más que la imagen de deshonestidad del gobierno saliente. Esto posibilita que una buena parte de los ciudadanos piense —y tenga la ilusa esperanza— que quien no fue capaz y honrado en el pasado pueda serlo en el futuro.
El valor que hace falta para un gobierno excelente es la sencilla honradez. Sí, sencillamente ésta se implementa como la practicó Abraham Lincoln, quien cuando asumió la Presidencia, dijo: “Espero tener la suficiente fuerza, firmeza y virtud para conservar lo que considero es lo más envidiable de todos los títulos, el carácter de hombre honrado”. Ganó el título, por eso es tan admirado como lo es hoy doña Violeta.
El bienestar económico sostenido sólo puede lograrse con honradez. Es el valor ausente entre los países que ostentan el título de desarrollados y subdesarrollados. Es lo que permite establecer la diferencia entre servir y no servirse.
Votaré por los valores de honradez que don Enrique ha demostrado tener en su vida empresarial, seguro estoy de que los mantendrá como su mejor título cuando esté en la Presidencia, así con su sencilla y honrada función ayudará a construir el bienestar sostenido y anhelado por todos. La honradez y sencillez a todos nos conviene, la necesitamos urgentemente para progresar sostenidamente.
El autor es empresario. 
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