Investigación de atentados obstaculizada
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 | Sospechosos se niegan a “cantar” ante un FBI imposibilitado de torturarlos |
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Un residente de origen árabe, Khaled Salah Nassr, de 25 años, habla a la prensa sobre su detención temporal la semana pasada. El y otros siete empleados de un restaurante en Indiana fueron detenidos como testigos materiales, pero solamente uno permanece detenido. |
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Patrick Anidjar AFP
WASHINGTON.- El FBI está confrontado a un dilema: los investigadores no logran extraer informaciones a los principales sospechosos detenidos tras los atentados del 11 de septiembre, y la ley limita estrictamente sus métodos de interrogatorio.
Es el núcleo duro de cuatro sospechosos —entre unas 150 personas actualmente detenidas en el marco de las investigaciones por los atentados—, el que se rehúsa a cooperar con las autoridades.
La legislación estadounidense anula ante un tribunal toda información obtenida mediante presiones físicas a un sospechoso interrogado.
Un agente que utilice métodos rudos para realizar su trabajo puede ser demandado por la víctima o por las autoridades.
“Es cierto que esto causa una cierta frustración en los investigadores”, admitió Peter Crooks, ex agente del FBI (policía federal estadounidense) especializado en la lucha antiterrorista.
IMPEDIMENTO DE USAR LA VIOLENCIA
Pero, en ningún caso, agregó, eso debe incitar a los agentes del FBI a recurrir a la violencia para obtener información durante un interrogatorio.
“El dilema existe: los derechos individuales y los intereses de la seguridad nacional. Pero sabemos la respuesta: los derechos individuales son más importantes que la seguridad nacional”, consideró.
Según este especialista, recurrir a la violencia con sospechosos podría dañar para siempre la confianza que la población tiene en el FBI y llevar a que las personas no colaboren con los agentes.
De hecho, los investigadores disponen de pocos medios para “hacer hablar a los sospechosos”.
“Un interrogatorio con preguntas cuidadosamente elegidas, en calma, durante un período prolongado, dará muchos mejores resultados” que ejercer presión sobre un detenido, explica Anthony Cordesman, especialista del FBI y del Centro para Estudios Internacionales y Estratégicos (CSIS por sus siglas en inglés).
NI EL “SUERO DE LA VERDAD” FUNCIONA
El uso de “suero de la verdad”, el sodio Pentotal, también está severamente reglamentado y es “ineficaz” en la mayoría de los casos, según los expertos.
“En el caso de los sospechosos mudos por una ideología, eso se convierte en una pesadilla, pues no se puede separar el delirio verbal causado por el suero, y la verdad”, señala Cordesman.
Según el experto, el FBI estudia ampliar sus métodos de vigilancia, aumentando sus posibilidades de poner bajo escucha a sospechosos, tal como prevé la nueva legislación antiterrorista que será adoptada por el Congreso.
El profesor Robert Jervis, especialista en lucha antiterrorista de la Universidad de Columbia, en Nueva York, considera sin embargo que la presión sobre los sospechosos podría justificarse en un escenario de guerra, como ocurrió en Francia durante la guerra de Argelia, o en Israel, contra los palestinos.
“Hay que tener buenas razones para creer que el sospechoso sabe dónde será puesta la próxima bomba”, afirmó.
Sin embargo, agrega, “la opinión pública estadounidense no permitirá nunca que los agentes utilicen tales métodos y eso sería un desastre para el FBI”.
LOS CUATRO "DUROS"
Según el diario The Washington Post, los principales sospechosos de haber participado en los atentados y que se niegan a hablar son Zacarias Moussaoui, Ayoub Ali Khan, Nabil Marabh y Mohammed Jawid Azmath.
Moussaoui, francés de origen marroquí, fue interrogado el 17 de agosto por las autoridades estadounidenses en Minnesota (norte). Registrado desde 1999 por el contraespionaje francés (DST), podría ser uno de los responsables de los ataques que causaron (oficialmente) unos 5,250 muertos y desaparecidos en Estados Unidos en septiembre pasado.
Khan y Azmath fueron arrestados el 12 de septiembre en un tren que se dirigía a San Antonio (Texas, sur). Tenían en su poder armas cortantes idénticas a las utilizadas por los terroristas que secuestraron los aviones con los que se perpetraron los ataques.
Marabh, un ex conductor de taxis de Boston (este), es considerado sospechoso por el FBI de ser el nexo entre los terroristas y la red Al-Qaeda, la organización del fundamentalista islámico Ossama Bin Laden, a quien Estados Unidos señala como cerebro de los atentados. 
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