Alianza del Norte, una explosiva amalgama
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 | Los guerreros antitalibán también tienen un pasado polémico y brutal |
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AFP
JABAL SERAJ, AFGANISTÁN.- Al bombardear las líneas del frente Talibán, Estados Unidos colabora, al parecer, con la Alianza del Norte, un colaborador conocido por su falta de sentimentalismo en esta “guerra contra el terrorismo”.
En 1992, durante los combates que siguieron a la caída del régimen establecido por Moscú, los integrantes de la Alianza del Norte se forjaron una reputación de seres crueles, autores de masacres, violaciones, torturas y bombardeos indiscriminados contra civiles.
Implantado en el norte del país y dominado por las etnias tayika, uzbeka y hazara, esta unión es esencialmente una coalición heteróclita —sin orden o armonía— que no da muestras de excesiva solidaridad y confianza mutua, inclusive ahora cuando el enemigo común, los Talibán, están a punto de perder el poder, que ostentan desde 1996.
Objetivos diferentes y rivalidades internas sumadas a una débil implantación en las regiones del sur del país, donde la etnia pastún es mayoría, hacen dudar de su capacidad real de presentar una alternativa creíble al régimen de los Talibán.
Pakistán, aliado fundamental de Estados Unidos en su “guerra contra el terrorismo”, comunicó claramente a Wa- shington que se oponía a que la Alianza del Norte ocupara de nuevo el poder en Kabul.
Dicha Alianza, también denominado Frente Unido, se divide en por lo menos siete grupos, incluyendo entre ellos facciones disidentes.
En primer lugar, hay fuerzas leales al difunto comandante y líder carismático Ahmed Sha Massud, apodado “León del Valle de Panshir”, que murió en un atentado el pasado 9 de septiembre. Sus seguidores controlan el poder en la actual Alianza y están acusados de monopolizarlo, tal como hicieron en Kabul antes de verse obligados a abandonar el poder en 1996.
OTROS LÍDERES IMPORTANTES
Tras el asesinato del carismático Massud, una ‘troika’ de jefes tayikos procedentes del valle de Panshir sucedieron a su líder. Se trata de Abdul Qassim Fahim, Abdulá Abdulá y Yunus Qanuni. Sobre los tres pesan sospechas de masacres indiscriminadas y bombardeos contra civiles.
La entidad defensora de los Derechos Humanos, Amnistía Internacional (AI), acusó a los servicios secretos de Massud, en la época en que estaban dirigidos por el general Fahim, de haber aplastado con unas tenazas los testículos de un disidente.
Otro grupo importante dentro de la Alianza del Norte está dirigido por el presidente de Afganistán reconocido por la ONU, Burhanuddin Rabbani —derrocado en 1996—, que cuenta con el apoyo de la región de Badajstan (noreste) y cerca de la localidad norteña de Mazar-i-Sharif.
El tercer grupo es el partido Jamiat-i-Islami, que se agrupa en torno a Ismail Jan, antiguo gobernador de Herat (oeste), que fue expulsado del poder por los Talibán en 1995 y actualmente parece librar su propia guerra alrededor de Herat, con la ayuda de Irán.
Seguidamente vienen los grupos étnicos Hazara, así como la facción de los musulmanes chiítas del Partido Unificado (Hezb-i-Wahdat) y Movimiento Islámico (Harakat-i-Islami), que se encuentran ellos mismos divididos en pequeños bandos.
En las filas de la Alianza del Norte también se incluye el general de origen uzbeko, Abdul Rashid Dostum, un experto en guerra de gran movilidad y crueldad, cuya tortura favorita era aplastar vivo al supuesto culpable con un tanque. 
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