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MIéRCOLES 24 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22531 / ACTUALIZADA 01:45 am

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Opinión económica
Petróleo: oro negro y droga negra

Rómulo Sánchez Leytón*

Después de los sucesos del 11 de septiembre, Bush quiere inyectar más de 100 mil millones extra a la economía, un gran porcentaje del PIB para revertir el “efecto Bin Laden”. Los Estados Unidos de América, la madre patria del libre mercado, recurre al Estado keynesiano para reactivar la economía. Se recortaron los impuestos, Greenspan ha reducido por novena vez las tasas de interés en busca de reanimar el consumo, torpedear las inversiones y contrarrestar los efectos negativos de la recesión.

Sin embargo, a pesar de los auges, las crisis y las guerras, ha sido difícil superar el calvario de la dependencia del petróleo. El Occidente es adicto a la “droga negra”, y ésta se ha convertido en el elixir de la vida para los países industrializados. Con una proporción del 40 %, es el petróleo la principal fuente energética mundial. El carbón y el gas aportan cada uno cerca del 25 % de la energía restante.

Los precios del petróleo se han reducido desde los ataques al Pentágono y al World Trade Center. La presencia de Estados Unidos en Arabia Saudita y la colaboración con el régimen monárquico y totalitario, le permiten tener acceso a las más grandes reservas de “oro negro” del planeta. En este territorio se encuentran concentrada 35.8 mil millones de toneladas de petróleo; 1/4 de las reservas mundiales conocidas. Arabia Saudita satisface más del 12 por ciento del consumo mundial.

Expertos no dudan que en el futuro, Irak se pueda convertir en una potencia petrolera tan significativa como Arabia Saudita. De ahí que Irak no haya sido (esta vez) incluido en la guerra contra el terrorismo. Atacar a Irak significa pagar un precio de más de 30 dólares por barril. Los 2.2 millones de barriles diarios que Irak produce, desaparecerían del mercado. Mientras tanto, los países de la OPEP no están dispuestos a dejar caer los precios del petróleo y están preparados a reducir la oferta del crudo si es necesario.

Estados Unidos continúa siendo el tercer productor mundial del crudo, después de Arabia Saudita y la ex Unión Soviética. Sin embargo, EE.UU. debe importar más de la mitad de sus necesidades de petróleo. Esta parte proviene principalmente de vegas seguras y mercados cercanos: Canadá y Venezuela. Se calcula que los autos que circulan por las autopistas estadounidenses, desde mediados de los noventa, consumen más petróleo del que se extrae de sus fuentes internas.

Poco tranquilizadoras son las noticias, de que las reservas norteamericanas, con el volumen de extracción actual, estarán agotadas en 10.4 años. Por ello, las necesidades de satisfacer la demanda interna crecen y aumenta también la dependencia del petróleo “enemigo”. Solamente Arabia Saudita y otros pocos países, de la región en crisis, pueden compensar la caída de la producción del petróleo estadounidense. Por eso los acontecimientos en el Medio Oriente o en el Golfo Pérsico se reconocen como “una amenaza a la seguridad nacional”. Las interrupciones de envíos, de esas regiones, no son vistas con buenos ojos por Washington. Cierto es, que los países de la OECD tienen reservas estratégicas para compensar 90 días de interrupción de las importaciones, pero ésa no es la solución duradera.

La causa de otra eventual crisis del petróleo se fundamenta en que la demanda de consumo crece violentamente. Se supone que los países ricos en petróleo alcanzarán el máximo de sus extracciones entre el 2005 y el 2010, o quizás antes. Un factor que traerá mayores problemas lo constituye el creciente aumento de automotores en China. Del actual consumo de un millón de barriles diarios, pasará a 5 millones en el 2020. Eso sería tanto como lo que consumen los autos que circulan en Europa occidental. (China cuenta en la actualidad con una confortable situación financiera: más de US$190 mil millones en reservas).

Además, existe una guerra propagandística por las reservas entre los países que pertenecen a la OPEP y los no OPEP. Los primeros argumentan que inundarían con petróleo barato, si se buscaran otras alternativas energéticas. Mientras los segundos propagan que existen suficientes fuentes energéticas no convencionales, a las cuales se recurriría si los países de la OPEP abusan de su posición. Ésta ha sido una batalla verbal interminable que ha mantenido ocupados a los dos bloques.

Por otra parte, se percibe que nadie quiere los carros electrónicos, solares o de otro tipo. De los más de 211 millones de autos que circulan en los EE.UU., solamente 418,000 se mueven con energía alternativa. Las técnicas de convertir carbón en petróleo resultan hoy demasiado viejas, caras y altamente contaminantes. Un barril de petróleo obtenido del carbón, costaría hoy unos US$ 60 dólares. Además los autos movidos por hidrógeno, a causa de cuestiones técnicas aún sin resolver, no son una visión técnica del futuro.

Algunos dicen que desde los años 70 se está diciendo que las reservas se están agotando, sin embargo, el petróleo seguirá siendo importante por mucho tiempo.

Elevados precios obligarán a mejorar las capacidades tecnológicas de extracción y las posibilidades para descubrir nuevas reservas. Si las relaciones políticas se mantienen estables, si hay paz, el precio del petróleo podría quizá hasta bajar.

Casi 90 % de las reservas mundiales se encuentran en tierras islámicas —en el Golfo y los estados petroleros asiáticos como Kasachstán—esto preocupa seriamente a Occidente. Una solución inteligente en Afganistán, beneficiaría a EE.UU., y al resto de países. Por el momento la tarea es ahorrar petróleo, la guerra como siempre sólo trae desestabilización, ahuyenta los capitales, produce pérdidas humanas y materiales. Mientras tanto, el petróleo seguirá siendo “oro negro” para unos y “droga negra” para otros. “Ser o no ser, ésta es la cuestión”, escribía Shakespeare en Hamlet.

*Doctor en Economía  
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