Calles de la tortura en Masaya
Tomás Téllez Ruiz
Se ha criticado mucho al alcalde de Managua por el mal estado de las calles de la capital, pese a que la mayor parte del daño es reciente. Pero también se oye que don Herty ya tiene un plan, que está tratando de conseguir los fondos y que algunos trabajos ya se iniciaron en algunas calles. De hecho, un importante señor de la Asamblea Nacional que debería apoyar esta iniciativa, se ha opuesto rotundamente a la obtención de un préstamo para recarpetear las calles. ¡Qué paradoja!
Pero, ¿qué de las calles de Masaya? ¡Todas están convertidas en parajes lunares!
¡Ya no se halla cómo capear tantos hoyos! La céntrica Calle El Calvario le hace honor al nombre: ¡es un verdadero calvario transitarla! La única calle de acceso a los populosos barrios Villa San Jerónimo, Villa 10 de Mayo y Villa Bosco Monge está totalmente destruida. Cuando llueve se hace una segunda “Laguna de Masaya” que dura hasta 48 horas antes de ser achicada por la pasada de los vehículos. De “ipegüe”, hay hoyos a granel de hasta 8 pulgadas de profundidad en el fondo de “la laguna”, que hacen “el deleite” de los desafortunados conductores que se ven obligados a transitar por esa “calle de la tortura”, ¡quebradero de muñequillas, fricciones, dirección, y de cabezas! La última vez que se le dio mantenimiento a esta calle fue para las elecciones de 1990, ¡hace casi 12 años!
Esto para citar tan sólo 2 ejemplos del penoso, trágico y vergonzoso estado de las calles de la “Capital del Folclor Nacional”. ¿Por qué será que los alcaldes de Masaya han sido tan inoperantes en este importantísimo aspecto del mantenimiento de las calles de nuestra importante, pero infortunada ciudad? ¡Ni siquiera las elecciones del próximo mes hicieron que don Iván cumpliera sus obligaciones para con la ciudad!
Mientras tanto, las leyes me obligan a seguir pagando mis impuestos. De seguro no soy el único masayés que se pregunta: ¿Y para qué? Tal vez deberíamos mejor enviar nuestros impuestos a un fondo especial para mandar nosotros mismos, los ciudadanos, a reparar las calles, ¡o para reparar el quebradero de los vehículos! 
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