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MARTES 23 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22530 / ACTUALIZADA 12:30 am

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Injerencismo electoral

La elección de los gobernantes es uno de los principales actos de soberanía nacional, autogobierno y libre determinación en un país independiente. “El Estado soberano es una comunidad humana perfecta y permanente que se gobierna plenamente a sí misma”, dice el maestro internacional de derecho, Alfredo Verdross. Dicho con otras palabras, el autogobierno es la capacidad de la población de un Estado para elegir sus autoridades sin injerencias de ningún país ni persona extranjera, cualquiera que sea su tamaño, poder e investidura.

Pero la soberanía nacional es un concepto integral. Una nación no puede ser efectivamente independiente en lo político, si depende económicamente de países y organismos extranjeros. Y no es coherente considerar la intervención foránea como buena y necesaria, cuando se trata, por ejemplo, de financiar y equipar técnicamente la celebración de las elecciones, pero señalarla como mala y despreciable si se trata de opiniones políticas, aunque sean de los representantes de las mismas entidades extranjeras que aportan la cooperación financiera y material.

Decimos lo anterior a propósito de las reacciones que han provocado en algunos sectores las declaraciones sobre las próximas elecciones de Nicaragua —declaraciones que son obviamente desfavorables al FSLN y su candidato presidencial Daniel Ortega Saavedra—, por parte de funcionarios del gobierno norteamericano, incluyendo a su embajador en Managua señor Oliver Garza.

En realidad, las declaraciones de los funcionarios estadounidenses sobre el FSLN y su candidato presidencial Daniel Ortega, tienen que ver directamente con asuntos políticos internos de Nicaragua, como son las elecciones, y por lo tanto son injerencistas.De acuerdo con el segundo párrafo del artículo 27 de la Constitución Política de la República de Nicaragua, “Los extranjeros no pueden intervenir en los asuntos políticos del país”. Además, el artículo 41, inciso 1, de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, señala expresamente que: “Sin perjuicio de sus privilegios e inmunidades, todas las personas (agentes diplomáticos extranjeros) que gocen de esos privilegios e inmunidades deberán respetar las leyes y reglamentos del Estado receptor. También están obligadas a no inmiscuirse en los asuntos internos de ese Estado”.

Pero inmiscuirse en los asuntos internos de un Estado no es sólo opinar sobre los candidatos en una elección determinada, sino también contribuir con recursos financieros y técnicos para que se puedan celebrar los comicios, así como traer y aceptar a observadores extranjeros cuya misión es garantizar que las votaciones sean libres y limpias, y de esa manera legitimar el acto más elemental de autogobierno y soberanía de los nicaragüenses que es la elección de sus gobernantes y representantes.

Asimismo, tan intervencionista se puede considerar la declaración de los funcionarios norteamericanos desfavorable al FSLN y su candidato presidencial, como también el anuncio de televisión en el que un diputado chileno llama a votar por la convergencia sandinista, así como la actividad en Managua de representantes de una multinacional de partidos políticos (la Internacional Socialista), que vinieron a respaldar la campaña electoral del FSLN y a tratar de convencer a los nicaragüenses de que voten por la opción que según ellos es la mejor para Nicaragua.

Por otro lado, la exigencia del embajador Garza de que se devuelvan a sus verdaderos dueños las propiedades que el régimen sandinista confiscó a ciudadanos norteamericanos y que ahora están en poder de dirigentes, militantes y simpatizantes del FSLN, no es una ofensa a la dignidad nacional y al orgullo de todos los nicaragüenses. Lo que dice el embajador norteamericano es la misma opinión que tiene la mayoría de los nicaragüenses sobre el problema de la propiedad, según lo han demostrado las elecciones de 1990 y 1996 y lo están indicando ahora las encuestas. En todo caso, los ofendidos por esas declaraciones deben ser los que no quieren devolver las propiedades a sus antiguos y legítimos propietarios.

Los principios de soberanía y autogobierno se practican y respetan organizando las elecciones de los gobernantes con los propios recursos de los nicaragüenses, sin ayudas materiales que inevitablemente traen consigo la injerencia política. Y además, las elecciones se deben hacer en forma honesta y transparente, para que no tengan que venir observadores extranjeros a garantizar su honradez y legitimidad. Por allí es que se debería comenzar.  
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