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LUNES 22 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22529 / ACTUALIZADA 1:30 am

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“Yo amo a Nueva York”

Carlos Chamorro Coronel*

“Quisiera invitar a Joe Dimaggio a venir a pescar en mi bote conmigo, pues me dicen que su padre era pescador”. Santiago en “El viejo y el Mar”,
Ernest Henmingway.

Nada más conmovedor que ver por televisión a Liza Minnelli cantar “New York, New York”, inclusive para mí más que “Godk bless America” o “America the Beatiful”, canciones quizás más nobles, pero New York New York posee un brío y un ritmo tan propios de esa ciudad. Nueva York, no es la Jerusalén celestial como no lo es tampoco Roma o la misma Jerusalén terrenal, y tiene más quizás de Babel de hierro como dicen, pero a pesar de lo que solía decir de ella Thomas Merton, el monje místico, Nueva York es única, incomparable.

El gran músico Toscanini pasaba la mitad del año en Nueva York y la otra mitad en París, las únicas dos ciudades en que vale la pena vivir según decía, aunque tampoco hay que olvidar Roma, Viena, Praga, Florencia, Venecia... ¿cómo explicar, entonces, tanto odio contra esa ciudad? Precisamente por eso, por su dinamismo, energía “jie de vivre” que dicen los franceses. Porque Nueva York no es sólo Walt Street, aunque es muy importante y por ello atacaron las Torres Gemelas, sino también el Bronx, Queens, Brooklyn, y sobre todo, para mí, Broadway, sus teatros, restaurantes, cafeterías, bares, parques, museos y estadios, el Yankee Stadium, sobre todo. ¿Cómo explicar tanto odio? No lo sé.

Algo, ven, sin embargo, en esa ciudad, que los irrita y los molesta. Por otro lado, he oído decir o lo leí en alguna parte que un hombre como Saddam Hussein, que indudablemente se regocijó con el ataque, y no lo pudo ocultar, suponiendo que no tiene nada que ver con él, tiene por canción preferida “My Way” en la interpretación de Frank Sinatra. ¿Cómo explicar que un hombre que ame esa canción no ame asimismo lo que representa la misma? Realmente no lo entiendo. Por otro lado, a propósito de Sinatra, que nació en Hobokem, New Jersey, o sea enfrente, en la misma ciudad donde dicen que nació el béisbol, pasatiempo favorito de los norteamericanos, cómo explicar que otro notorio enemigo de todo lo americano, Fidel Castro, no comparte esos sentimientos que provoca el béisbol con el pueblo americano. Porque si algo tienen en común ambos pueblos, cubano y norteamericano, es su entusiasmo por el béisbol, la “pelota” como dicen los cubanos, que más que deporte es una religión, como cualquier santería... esa dicotomía es la que no entiendo, y menos en estos tiempos.

Nueva York es quizás una ciudad dura, “tough”, pero también llena de ternura y humanismo, que se desbordó con el increíble heroísmo de los bomberos y policías.

La ciudad del pecado, como París, pero también de la redención. Y ahora más que nunca en realidad, de verdad, la capital del mundo y no sólo por la ONU.

La ciudad de los irlandeses, bomberos, policías y curas; de italianos casi más que cualquier ciudad de Italia: Giuliani, La Guardia, Dimaggio, Joe Torre, Piazza, Sinatra; judíos en sus tiendas con sus extraños atuendos, toda clase de asiáticos, chinos, sobre todo, pero también coreanos, vietnamitas, y pakistaníes, la mayoría taxistas, que tuvieron que esconderse por miedo a represalias, pues todavía existe el prejuicio y la intolerancia, ¿quién lo duda?

Rusos en Brighton Beach, esclavos de toda clase, y multitudes innumerables de hispanos, latinos, portorriqueños, dominicanos, mexicanos, salvadoreños, colombianos, argentinos, brasileños y nicaragüenses, que han hecho de la Gran Manzana su segunda patria. Y hasta sikhs y afganos apesadumbrados por la horrenda tragedia que nos ha conmovido a todos los que amamos lo que esa gran ciudad representa. El golpe ha sido muy duro y nos ha dolido mucho, pero esa ciudad representa no sólo lo peor, sino, sobre todo, lo mejor que hay en el hombre, y se levantará más erguida y orgullosa que nunca porque su espíritu es indestructible.

* El autor es politólogo.  
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