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LUNES 22 DE OCTUBRE DEL 2001 / EDICION No. 22529 / ACTUALIZADA 1:30 am

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Nicaragua y Estados Unidos

Jorge Salaverry*

Hasta hace poco, Nicaragua brillaba por su ausencia en los medios de comunicación estadounidenses. Ya no es así. En los últimos días, nuestro país ha vuelto a ocupar espacio en diarios tan importantes e influyentes como el Washington Post, el Miami Herald y el Wall Street Journal. ¿La razón? El alto grado de desconfianza e incomodidad que genera en la Administración Bush la posibilidad de un triunfo de Daniel Ortega en las elecciones del 4 de noviembre próximo.

Esa desconfianza e incomodidad se puso de manifiesto desde junio de este año, cuando en un discurso pronunciado en Managua, el subsecretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Lino Gutiérrez, expusiera las condiciones que el futuro gobierno de Nicaragua tendría que cumplir para poder tener buenas relaciones con su país. En esa oportunidad, Gutiérrez insinuó que la Administración Bush no confía en que un gobierno sandinista las cumpliría. Unos meses más tarde, tras el brutal ataque terrorista que sufrió Estados Unidos el 11 de septiembre pasado, la desconfianza e incomodidad aumentaron significativamente.

Es evidente que la desconfianza que Estados Unidos le tiene a Ortega y al FSLN, tiene que ver con el comportamiento conflictivo de ese partido y de su líder en el pasado, y con las estrechas relaciones de amistad que mantienen en la actualidad con países, líderes y organizaciones que Estados Unidos considera que promueven el terrorismo. ¿Podría Estados Unidos ver con confianza y simpatía a Daniel Ortega, después de sus visitas a Moammar El Kadhaffi, a Fidel Castro y a Saddam Hussein, y después de escuchar sus emotivas muestras de admiración hacia algunos de esos individuos? ¿Podría esperar el Frente Sandinista que Estados Unidos le tuviera confianza después de que hace un par de años Daniel Ortega condecorara a Manuel “Tirofijo” Marulanda, líder máximo de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), una organización armada vinculada al narcotráfico y catalogada como terrorista por el Departamento de Estado? ¿Podría aspirar el FSLN a una relación de confianza con Estados Unidos cuando ese partido y su secretario general, Daniel Ortega, son parte de la Mathaba Mundial, una organización que se opone furibundamente al libre mercado y a los Estados Unidos? Muy difícilmente, ¿no es así?

Alguien podría decirme que el FSLN y Daniel Ortega tienen derecho a tener relaciones con quien les dé su regalada gana. Y lo acepto. Pero debemos también estar conscientes de que ese hecho tiene consecuencias; y que si el Frente Sandinista ganara las elecciones, se traduciría en un deterioro de las relaciones entre Estados Unidos y Nicaragua. Y si el desmejoramiento de esas relaciones no tuviera una trascendencia negativa para Nicaragua, pues no importaría que se diera. Pero no es así. A todos los nicaragüenses, sin excepción, nos interesa mucho que las relaciones con Estados Unidos sean amistosas y de confianza.

En la actualidad, el FSLN se encuentra en una búsqueda desesperada de credibilidad ante Estados Unidos y ante el electorado nicaragüense. No sería extraño ver a Daniel Ortega en cualquier momento anunciando oficialmente el gabinete de gobierno que lo acompañaría en caso de ganar las elecciones. Es de suponer que ese gabinete estaría compuesto por personas que calmarían las inquietudes de Estados Unidos y del electorado. Pero, ¿qué tan creíble pudiera ser eso, si ya vimos cómo en 1979, con ese mismo propósito, el Frente Sandinista nombró un gabinete compuesto por personas no sandinistas, que era tan de lujo que el que pudiera nombrar ahora no le llegaría ni a los tobillos al de aquel entonces? ¿Y qué fue lo que sucedió? Pues que antes de 6 meses, ese gabinete había desaparecido por completo, y en su lugar se nombró sólo a militantes del FSLN dispuestos a impulsar el proyecto socialista que ese partido elaboró a espaldas del pueblo. O sea, que lo que el FSLN haría con el anuncio de un gabinete sería sólo la repetición de una vieja película de final triste.

Dentro de 13 días los nicaragüenses elegiremos a nuestro futuro presidente y demás autoridades nacionales. Estados Unidos no votará, ni tampoco lo hará el diputado chileno Gutenberg Martínez, quien, en un anuncio televisivo pagado por el Frente Sandinista, dice que si él fuera nicaragüense votaría por Daniel Ortega. Lo que debemos hacer antes de votar es preguntarnos: ¿cuál de los dos candidatos con posibilidades de ganar le conviene más a Nicaragua? Cada uno de nosotros deberá responder a esa pregunta según los dictados de su propia conciencia y de nadie más.

* El autor es miembro del Consejo Editorial de La Prensa y catedrático de la UTM.
jorgesal@cablenet.com.ni  
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