Heron, el descubridor de Mariano Rivera
"Estoy orgulloso"
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 | También firmó a Ramiro Mendoza, el preparador de Mariano |
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Carlos “Chico” Heron, manager de la Selección Nacional de Panamá y buscatalentos de los Yanquis de Nueva York. |
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Edgard Rodríguez C. edgard.rodriguez@laprensa.com.ni
Carlos “Chico” Heron, habla de Mariano Rivera sólo si se le pregunta. No padece de esa funesta tendencia que tenemos, de convertirnos en los héroes del éxito, mientras nos ocultamos ante los fracasos. De hecho, habla sólo lo necesario, aunque sus ojos y su mente, lucen siempre agitados.
Desde hace más de una década, su nombre que ya era muy conocido por su notable carrera como pelotero y también como dirigente, cobró más brillo al convertirse en el descubridor de Mariano, el súper relevista de los Yanquis de Nueva York, y hoy día, el mayor orgullo de los panameños.
Heron nació en Bocas del Toro y llegó a ser un artillero de poder en el béisbol rentado de su país. No obstante, fue haber encontrado a Rivera lo marcó un antes y después en su vida. Hoy es una voz que se escucha en las oficinas de alto nivel en los Yanquis y goza de un enorme respeto.
Ahora ha vuelto a Nicaragua como timonel del equipo canalero que se prepara para el Mundial de Taiwan. Y a la par que se concentraba en el desempeño de sus pupilos, también estaba al tanto de cómo Mariano volvía a estrangular adversarios en esta excitante fase de postemporada.
ASÍ FUE
¿Cómo encontró a Mariano?
Dios lo puso en mi camino. Es bien curioso lo que pasó. Un amigo me lo trajo a la capital como shortstop y aunque sacaba bien el bate, no me gustó como corrió y le dije que lo vería después.
¿No le gustó?
No tenía para esa posición y le dije que lo vería después, aunque realmente creo que no volvería a verlo. Pero más adelante me hablaron de un pelao (chavalo) de Puerto Caimito, que tiraba duro. Le dije al amigo, ve y tráemelo ya. Y mi susto es que era el mismo Mariano, el short, de nuevo.
¿Y que pasó?
Me gustó. En ese momento no estaba propiamente para una firma, pero pensé que trabajando con él, se podía sacar algo. Y así fue. Le pedí que viajara todos los días a Ciudad Panamá, pero me dijo que en ese momento no podía porque estaba reparando un barco pescador con su padre, pero que una vez que lo hiciera vendría. Y lo hizo. Yo le daba el pasaje y vino cumplidamente.
¿Cómo fue el proceso de la firma?
Yo hablé con mi jefe Herb Raybourne y vino a Panamá para observarlo. Recuerdo que lo dejó hacer diez lanzamientos y le dijo: ‘Está bien, hazte a un lado’. Yo pensé que no le había gustado, pero cuando terminamos de ver a todos los pelaos, me dijo: ‘A Rivera me lo llevo’. Y así fue.
¿Después fue rápido el ascenso?
No, todo lo contrario. Mariano le entró de lleno al trabajo, pero se lastimó el brazo y requirió no de una, sino de tres operaciones que parecía que acabarían con su carrera. Recuerdo que una vez lo vi llorando porque él también pensó que todo había acabado. Aun después de las cirugías ahí estaba el dolor, pero justo ahí creció espiritualmente y su carrera comenzó a crecer.
HACIA EL ESTRELLATO
¿Cuándo usted se percata de que Rivera es algo grande?
Cada vez que uno firma a alguien, imagina cosas grandes. A nadie se le firma para que fracase. Pero una vez que veo a Mariano trabajar como preparador de John Wetteland en 1996, me dije, bendito Dios. Este muchacho la hizo. Y de ahí comenzó a cambiar su vida y la de los suyos.
Y ahora que es superestrella, ¿qué siente?
Un enorme orgullo, porque sé cuánto le ha costado llegar hasta donde está. Mariano es producto del talento que Dios le dio y de su esfuerzo. Ha trabajado duro y con determinación. Y en el caso mío, sé que Dios lo puso en mi camino. Yo le pido a Dios que él me seleccione a los jugadores.
¿Cómo es su relación con Mariano ahora?
Excelente. Él me ha regalado muchas cosas, pero por sobre todo yo valoro su amistad y el modo que tiene para tratar a mis hijos y mi esposa. En 1996, me llamó para que fuera con mi señora a la Serie Mundial, y yo le dije: ‘Te enviaré a Ricardo, mi hijo, porque esperaré la invitación de los Yanquis’. Pero me quedé en tierra. No vino tal invitación, mientras Ricardo la pasaba muy bien.
¿Hablan a menudo?
Sí, cómo no. La última vez que lo hizo fue el día que lanzó dos wild pitches contra Oakland. Me dijo que trataba de lanzar más fuerte y se desajustó. Mariano es una excelente persona. Tiene un programa de ayuda para niños en su pueblo con computadoras y todo. Ha ayudado a pescadores en Puerto Caimito, y a inicios de este año, los Yanquis lo respaldaron con 100 mil dólares.
RAMIRO Y MARIANO
“A Ramiro lo firmé del equipo nacional. Un jugador que tenía en el club me dijo: ‘En mi pueblo hay un pelao que lanza mejor que éstos’, y me lo trajo. Lo llevé a un torneo a Guatemala y no lo puse sino hasta que los scouts se habían ido y me gustó”.
“Mendoza lanzó siempre bajito y con control. Aunque ahora cuando lo veo en la TV, observo que la bola se le mueve como a Greg Maddux, y sé que eso lo aprendió en EE.UU. Le pregunto cómo lanza eso y me dice que sólo la tira y se mueve. Bromea mucho, pero es muy humilde”.
“Mi orgullo es doble cuando veo a Mendoza en el octavo y a Mariano en el noveno. Son dos grandes muchachos. Sin ellos, no sé por dónde estarían los Yanques en este momento. Pero yo sólo los ayudé un poquito al inicio, lo demás lo aprendieron ellos en Estados Unidos”.
“También firmé a Rubén Rivera, Fernando Seguignol, Rafael Medina y otros que van hacia arriba. A Olmedo Sáenz lo envié a Dominicana y se me vino, lo que no le gustó a mi jefe y lo dejamos libre. Luego lo firmó Chicago y de ahí pasó a Oakland”. 
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